Clarissa, la vaca azul

Clarissa, la vaca azul
paseando por el campo

miércoles, 19 de mayo de 2010

La narración oral y la educación


Imagen tomada del blog de Anuska Allepuz

Lectura múltiple, lectura activa, la de quien escucha narrar un cuento. Le interesa lo que ha podido escuchar pero, quizás mucho más, lo que ha querido escuchar: todo lo que le evoca, le sugiere, le exenta, le implica, de manera clara o vaga. Y está seguro que el narrador, al mirarle, ha descubierto cuál es su verdadera relación con el cuento. Y que le comprende y le acompaña. Por ello, de alguna manera, es su cómplice.
Los cuentos, sobre todo los mejor logrados para la oralidad, son formas sencillas que reposan en estructuras narrativas unidimensionales. Un cuento va en un sentido: rara vez se subdivide en varios relatos. No es que sea monosémico y que sólo sea posible la interpretación “lineal”. Todo cuento propone interpretaciones globales. Eso lo saben a total conciencia o no – el cuentista que lo ha creado, el narrador oral que lo recrea y el público que coparticipa en el acto artístico. Como saben que el cuento cuenta. Y cuenta.
Con los cuentos se poetiza y se juega. Se crean y recrean a partir de una intuición concreta. Las acciones del cuento se vuelven posibles con, por y entre los otros. Por ello el narrador poetiza, crea y cree con el público: elige las palabras, teje el cuento, arma trampas, vigila para hacerlo caer sorprendido. Y el público poetiza, crea y cree con el narrador.
Por ello, el narrador juega con el público: sabe que el público le sigue pero, también, se le escapa y quiere escuchar rápidamente: sabe que el público será coautor de la historia que narra, la interpretará a su manera. Y el público juega con él. Y lo saben ambos.
Como saben que, tanto él como narrador oral como su público como escucha, son seres que tienen tiempo y aprenden a usarlo. Incluso gozando de la calidad del silencio que les rodea. Gozando de esa invisible y silente campana que generan, en el acto de ser narradores-escuchas y escuchas-narradores, con todo su hacer, con todo su ser. Gozando de ese silencio al que provocan, porque es un silencio poblado de imaginación, un silencio colectivo, un silencio compartido, donde las palabras, como las del poeta, lo rompen para recrearlo. Gozando porque el trabajo creativo de un cuento, implica un “esquema dinámico de sentido” con una doble función fecundante: la de narradores y la de escuchas, interrelacionadas permanentemente en un acto de amor: una comunicación abierta y solidaria, donde ambos comparten la confianza. ¿Pretendemos algo más para una pedagogía verdaderamente activa?
Pero con un detalle importante: nuestra misión principal es divertir, sólo eso.
Fue a partir de una conferencia que dictó Rubén Yánez, el director de la agrupación teatral uruguaya “El Galpón” –allá por mediados de los años ochenta, en la ciudad de Valencia (Venezuela)- que aprendí a utilizar la etimología de la palabra divertir en mis talleres de narración oral. Hacía muchos años que la conocía e, intelectualmente, la utilicé mucho en mis clases de literatura. Recuerdo que la apliqué por primera vez en una clase magistral, que expuse ante un tribunal de Práctica Docente en mis estudios como Profesor en Literatura, y era sobre el soneto “Los bufones” de Rubén Darío. Pero volvamos a la conferencia de Yánez. El tema central que se estaba exponiendo en ella, era sobre la importancia del humor en el teatro. En medio de varios aspectos muy importantes que se venían desarrollando, de pronto, se nos preguntó a los asistentes sobre qué era divertirse, cuándo era que uno se divertía, cómo era que se sentía quien estaba divertido. Desde la extrañeza inicial surgieron múltiples respuestas, válidas todas, ninguna descartable, más bien, sorprendentes. Al comenzar a crearse el silencio inmediato a tanta descarga, el expositor preguntó sí alguno conocía el significado inicial de la palabra, de dónde venía, su etimología. De inmediato aseveró que, en el antiguo latín, la palabra “divertir” era una palabra compuesta, formada por los vocablos “di”, dos, y por “vertir”, verter: volcar un líquido de un recipiente a otro. “Dos veces volcar” sería su significado inmediato. Señaló, además, que es eso lo que se pone de manifiesto cuando uno se divierte: uno recibe algo de alguien o algo, y lo vuelca de nuevo hacia los otros, o lo otro. Es decir, “saca hacia fuera lo que tiene dentro” Y agregó que, si ese era el verdadero significado de la palabra, se podía, concluir, con mucho humor: “Por supuesto, nadie nos va a mostrarnos lo peor de él, nos va a sacar siempre lo mejor”.
Es obvio, pero no por obvio, innecesario, señalar que, con esa intención nos disponemos siempre a asumir cada uno de los pasos, cada uno de los ejercicios, cada uno de los momentos que nos correspondan en las actividades de todos nuestros talleres de Narración Oral. La tarea es común, participativa, incluyente y nunca -en lo posible e imposible- excluyente: aprender jugando, divirtiéndonos de lo mejor, en lo mejor.

Fragmento de la ponencia de Armando Quintero presentada en el Festival Cuento Palabra 10 Córdoba, Argentina, septiembre de 2009.

sábado, 15 de mayo de 2010

“Había una vez un hombre que se alimentaba de jardines…” (*)



Entrevista de Silvia Finder Gam en el blog de Fernando de Vedia.

¿Cómo aparecen en vos las ganas de ser narrador?

Desde el vientre de mi mamá. Puedo asegurarte que no es una fantasía. En algún rincón de mi memoria ese recuerdo se encuentra muy vivo. Y no escondido. Mi madre gustaba mucho de los contadores de cuentos campesinos. Algunos de ellos eran peones en la estancia donde vivíamos. Y yo, aún en el vientre materno, apoyaba mi oído hacía afuera. Y atendía a las vibraciones que los sonidos de esas voces provocaban. Desde ahí, aprendí a reconocer el amor a las palabras que se dicen. Y a valorarlas como tales. Desde el propio instante que comencé a asomarme a la vida. ¡Y lo recuerdo tan bien! A partir de ello, tengo muy presente que nací entre cuentos y entre narradores de cuentos. Me acunaron, me amamantaron, me mecieron, me criaron y jugué con cuentos. Y no es por parodiar al poeta León Felipe. Fue así. También aprendí a compartirlos, como compartía ese vientre. Porque allí no estaba solo. Estaba con la única hermana que tengo.

¿Desde cuándo escribís?

Desde la edad que muchos lo hacemos, los doce o trece años. Desde los adolescentes poemas de amor. Sublimes para uno. Y, a veces, para la muchachita a la que estaban dedicados. Olvidables para todos los otros. Y que, para la sanidad de sus espíritus, poco muestras. Luego, escribí motivado por algunos amigos y por los docentes de Literatura que vieron en uno “un no sé, que no sé cómo”. Y ante los encuentros con muchas buenas lecturas orientadoras comencé a hacer poemas, canciones e ilustraciones. Uno de los compañeros de esos años, que era compositor, les puso música a varios de esos textos. Los fuertes vientos de los finales de los años 70 aventaron todas esas hojas primeras. Y, en lo personal y por años, silenciaron mis escritos. También, nos aventaron desde la tierra de nuestras raíces a distancias de ella. Con penas. Pero sin olvidos ni resentimientos. Eso sí.

Contanos tu historia (desde la panza de mamá hasta ahora.

Nací a las orillas del Olimar, un pequeño río de Uruguay. Ese paisito de la otra orilla del Río de la Plata. Que tiene la forma de un corazón patitas para arriba, o parado de cabeza. Eso fue hace un montón de años. A finales de 1944. Son varios años. Les cuento que hace un par de ellos, una niñita me preguntó la edad. Al responder, me dijo: “¡Tantos! ¿Y no te has muerto todavía?” Claro que no me iba a quedar callado. Le respondí que no, porque me sostienen vivos los poemas y los cuentos. Después me enteré que la niñita le pasa pidiendo a su mamá que le lea cuentos y poemas. Luego va a contárselos o recitárselos a su propio abuelo. Sigo. La ciudad donde nací tiene el nombre de un número, se llama Treinta y Tres. Pero eso es para otro cuento que no les voy a narrar ahora. Eso sí, si alguno de ustedes cree que esto es un invento, les pido que vea en un planisferio o mapamundi y ubiquen a Uruguay. Es seguro que, al este, en la frontera con Brasil, encontrarán a mi ciudad. Al menos, a ese puntito que la representa. Y al departamento de la cual ella es su capital. Tuve la suerte de asistir, en mi primer año, a una escuela rural y tener a dos maestras que atendían los alumnos de primero a tercero y que nos enseñaron a leer y a escribir en los poemas de Federico García Lorca, Rafael Alberti, Miguel Hernández, Pablo Neruda. A los ocho años pasamos a vivir en la ciudad, frente a la casa de dos ancianos que fueron nuestros abuelos del corazón. Ellos nos contaban cuentos y nos leían mucho. Al crecer, como me gustaban tanto los poemas y los cuentos y como algunos adultos creen que eso no da para vivir, tuve que negociar con mi padre sobre qué hacer con mi vida. Él me quería médico o militar. Sobre lo primero, como estaba seguro de que no me veía de bata blanca, estetoscopio al cuello y escalpelo en mano, dije que no. Y, a lo segundo, menos. Los conocí por dentro cuando hice el Liceo Militar. Lo hice casi obligado por mi padre. Él estaba nervioso de mis gustos por la poesía y los cuentos. Para la época, en nuestro pueblo, leer, recitar y escribir era algo calificado como “para mujeres”. Doña Naturaleza fue amable conmigo y una incipiente miopía no me permitió seguir la carrera militar. Quería ser marino. Por amor al mar, por viajar en él. Motivado con las novelas de Emilio Salgari y Julio Verne. Treinta y Tres está lejos del mar y lo conocí con ocho años. Y lo he querido por siempre. Así que no era una elección por vocación. De nuevo de civil, y ante la insistencia paterna de hacer “una carrera de porvenir”, me entero por su boca que la contaduría pública lo era. Eso sí, le respondí, quiero ser contador público. Mi padre ya me veía con mi título y mi oficina. De verdad, verdad, no le mentí. Ni lo engañé. Sólo me apoyé en sus palabras. Soy un contador público: soy un contador oral de cuentos. Hice los estudios en el Instituto Normal, Magisterio, que abandoné en cuarto año, luego de cursarlo. No quise dar los exámenes. Había comenzado a dar clases de Literatura, y me apasioné con ello. Me gradué como Profesor en Literatura en Uruguay. En el Instituto de Profesores Artigas en 1977. En 1978, emigramos a Caracas, Venezuela, con la familia. Tengo estudios, entre otros, en el postgrado de Literatura Venezolana en la UCV y especializaciones en Narración Oral y Teatro en el CELCIT. Y en otras instituciones de Artes Escénicas. Actualmente, he finalizado una especialización en Periodismo. En un Avanzado realizado por la UCAB - El Nacional. La Universidad dónde trabajo, desde 1989, y un importante periódico venezolano. En esos estudios, entre las importantes cosas que aprendí, la mejor, fue realizar mi propio blogs. Y lo disfruto. Mucho.

¿Cuáles son tus libros?

Nota: En este blog , abajo, está la lista completa de los mismos. Con una pequeña reseña de cada uno realizada por la Dra. Sylvia Puentes de Oyenard, la Directora de A. U. L. I. Por eso no copiamos este fragmento de la entrevista.

¿Tenés predilección por alguno?

Por todos y, en especial, por dos. El que está por nacer, ya ilustrado, a punto de imprimirse, por la aceptación que pueda tener entre los lectores. Y el que aún estoy creando, por el enorme trabajo que, como los anteriores, me está dando.

¿Qué les dirías a l@s niñ@s para que lean?

Tres cosas: La primera, los libros no muerden. Y, si lo hacen, es como cuando te agreden los perros. Porque les has asustado, porque les demostraste que no los quieres, que los rechazas, que no los atiendes o que, simplemente, les tienes miedo. La segunda, los libros, como los cuentos y poemas abren puertas y ventanas a los sueños, a la solidaridad, a la imaginación, a la maravillosa posibilidad de ser mejores seres humanos. La tercera, la ya dicha, te mantienen vivo. Y se los muestro y demuestro.

¡Muchas gracias, Armando!

(*) El título corresponde al inicio de un texto de Jairo Aníbal Niño y es todo un comentario sobre el entrevistado. Fue tomado por Sylvia Puentes de Oyenard en la reseña. Aparece completa en la entrevista.

Para ver la entrevista, tal como aparece en el blog de Fernando de Vedia, haga clic en el siguiente enlace:

Blog de Fernando de Vedia, autor de Paco del Tomate, Marvin Marbles, Morton Fosa, y muchos libros más!

Minicuentos para narrar: Los otros cuentos de los cuentos, versiones renovadas


Imagen en acuarela tomada del facebook de Stella Artemis.

Y pasaron cien años…
– ¡¿Qué una revolución nos condena a la guillotina?! – preguntó Bella Durmiente recién despertada. Quiero que ellos sepan que estaba dormida: ¡No vi, no oí y, menos, hablaré de nada!

Descargando responsabilidades
– ¡No soy culpable! –aseveró la reina ante el Tribunal que la juzgaba por el crimen de Blancanieves – ¡Fueron los enanitos!: Fumigaron los manzanos y no le avisaron a nadie.

Aviso urgente
– Cenicienta, ¡escóndete! –avisó el Hada Madrina – El alucinógeno perdió efecto y te verán como eres!

Luego, lejos de Hamelín
– ¡Vaya! –exclamó el flautista al contar todos los niños que embelezó con su flauta - ¿Ahora, cómo alimento a tantos muchachitos?

Las dos veces que se equivocó el Ogro
Entre índice y pulgar aplastó a Pulgarcito.
Arrepentido, hizo circular el otro cuento.

El Emperador tiene un traje nuevísimo
– ¡Cállate, hijo! ¡Eso no es así! –corrigió el padre al muchachito que gritaba – No está desnudo: viste una lycra color carne.
Como lo sabemos, el niño no obedeció.

Gato con botas de siete leguas
– Ese molinero-rey nunca sospechará lo hecho: lo ayudé para ser su Primer Ministro…

Para tan larga cabellera
– Al menos, logré ocultar las crines de varios caballos –se dijo Rapunzel, al lanzar su larga trenza desde la torre del palacio..

Lamento
– ¿Mi mundo?: ¡Al revés! – aullaba el lobo perseguido – Ahora todos dicen que soy malo: ¡Todo por protagonizar Cuentos de Hadas!

La confesión de Gepeto moribundo– La carpintería estaba quebraba e inventé lo de Pinocho… Nunca crece una nariz por mentir pero todos se lo creyeron: ¡Gracias a Dios podré criar a ese muchachito que encontré por ahí!

En el País de las Maravillas– ¡Qué sueño, ni nada! –me contaba en secreto Alicia, extrañamente sonreída. ¡Cuánto aprendí con el Señor Conejo! -me agregaba.

Teoría del personaje
– Soy enano, pero bien proporcionado – lamentaba Peter Pan - Los freudianos necesitaban el complejo: ¡Saberlo antes y cuánto dinero me hubiera ganado!

Selección de doce cuentos breves del libro Sucedidos de Armando Quintero Laplume.

martes, 6 de abril de 2010

Video del Día Internacional del Narrador Oral en Parque Caballito de Caracas



Estimados amigos asiduos a nuestro blog y amigos que se asoman a verlo:
Ante las múltiples actividades que tenemos pautadas para este mes de abril, mes de la palabra, mes del idioma, hemos adelantado todos los materiales a compartir con ustedes. No hacerlo en estos días de la Semana Mayor, era saltarnos la continuidad del mismo. A partir de la segunda semana y hasta culminar el mes tendremos numerosas presentaciones, talleres, seminarios y conferencias.
Como un modesto homenaje a las palabras que se dicen, les brindamos este video de nuestra presentación el sábado 20 de marzo de 2010. Está elaborado con algunas de las fotos tomadas por Gonzalo De Jesús García durante dicho evento. Y con el apoyo de las voces de Tiago y Armando narrando cuatro minicuentos de sus autorías respectivas.
Un abrazo cargado de cuentos a cada uno de ustedes.
Y los mejores deseos para que los compartan con sus amigos, familiares y vecinos. Es una hermosa manera de unirnos a los otros y de no darnos tiempos para las divisiones, las segregaciones, las confrontaciones. Que, aunque ellas, a veces sean utilizadas para permitirnos crecer, por supuesto, nunca han de utilizarse para deshumanizarnos. Narremos cuentos: ¡Una sencilla manera de multiplicar la paz!

Si desea verlo en yootube, haga clic en el enlace siguiente: http://www.youtube.com/watch?v=3GNeoYzIkd0

jueves, 1 de abril de 2010

Decálogo para narradores orales que se inician



1.- Cuando estemos frente a un narrador oral digno en su ser y en su hacer, intentemos imitarlo en su dignidad. Cuando estemos frente a un mal narrador oral, observémoslo con mucha atención para corregir nuestros propios errores.

2.- Ante un buen cuento a narrar, la pobreza de lenguajes es algo que nos avergonzará. Ante un mal cuento, la riqueza de recursos provocará lo mismo.

3.- Los cambios en el ser y hacer de cualquier narrador oral que se inicia pueden ser muy lentos, casi imperceptibles; lo importante es que sean.

4.- El narrador oral se pasará la vida simplificando lo que muchos hombres, a conciencia o no, tratan casi siempre de complicar: las relaciones humanas.

5.- Estudia siempre el pasado del viejo oficio de narrar cuentos y de todos los oficiantes del mismo si quieres saber cómo será tu futuro.

6.- El narrador oral digno sabe lo que es verdad en lo que comparte con su público; el mal narrador sabe qué es lo que vende mejor.

7.- Un cuento no mejora tu condición, ni la de tu mundo, pero puede abrir puertas y ventanas para lograrlo cuando lo compartes y, sobre todo, descubrir que crecerás en esa búsqueda aliándote con quienes desean crecer contigo.

8.- Cinco son las condiciones para que tú y tu mundo logren ser mejores: constancia, honestidad, generosidad, sinceridad y delicadeza, en tu ser y hacer.

9.- Al escuchar comentarios perversos, aunque sólo sea por mera curiosidad, no tardarás en convertirte en un hombre perverso.

10.- La narración oral, como la virtud, no nació para vivir a solas. Todo el que la practica, terminará rodeado de buenos vecinos. ¡Sólo ejércela de corazón!, luego, nos cuentas.

Texto de Armando Quintero Publicado en su libro ¿Quieres contar cuentos? http://www.analitica.com/media/3183637.pdf

Cuentos para narrar: Juan, Juanita y la Princesa Seria

Princesa tomada del blog de Vanina Margaría http://vaninamargariailustraciones.blogspot.com/2009/08/serie-principes-y-princesas.html

Había una vez un cielo, con nubes, sol y pájaros volando.
Debajo del cielo un reino.
Con su bosque, su campo, su río.
Y su pequeña montaña.

En la montaña, un palacio con su torre.
Y, en la torre una princesa seria.
No reía, sólo miraba hacia el camino.

La princesa era bondadosa y muy querida por su pueblo.
Y el reino era feliz… Bueno, casi.
Todos, desde su Rey, su Reina y hasta el más pequeño de los súbditos, se angustiaban con la seriedad de la princesa.

Las personas del reino hablaban mucho sobre la seriedad de la princesa.
Unos decían que una bruja le había dado a beber un elíxir mágico.
Otros, que era un mago que se había enamorado de ella y, al no ser correspondido, le impuso el castigo de vivir sin reír.
“No, la enamorada es la princesa.” –sostenían unos terceros – “Cómo se explica que siempre está mirando desde la torre: sólo espera el retorno del príncipe azul que una vez vimos pasar por el camino”.

Todos los días llegaban juglares, trovadores, magos, malabaristas y bufones. Venían de todos los rincones del reino para alegrar a la Princesa Seria.
Algunos, hasta eran traídos desde muy lejanas tierras.
Pero ni aquellos, ni estos, lograban hacerla reír.
Ni le sacaban la más leve sonrisa.

¿Tú, reirías con unos juglares y trovadores que cantan sangrientas historias? Más bien, igual que yo, llorarías
¿Tú, lo harías con unos magos que te hacen siempre los mismos trucos con pañuelos, conejos y palomas? Te aburrirías mucho, ¿verdad?
¿O con malabaristas que hacen girar numerosas pelotas, platos, palos, botellas u otros objetos? Con tus nervios, no podrías reírte.
Y, ¿qué decir de los bufones, con esas figuras tan desiguales y grotescas como sapos enormes? Pero, sigamos con el cuento.

Una mañana la princesa estaba en la torre mirando hacia el camino.
Por el sendero salpicado de florcitas del campo, mariposas de variados colores y pájaros revoloteando, se oyó un cantar que venía por el aire.
Desde lejos.
Desde atrás de las colinas que ocultaban el camino, casi antes del horizonte.

Era una canción muy festiva.
Los labradores dejaban de sembrar para reírse.
Los bueyes y caballos de tiro se desprendían de los carros y de sus arneses para revolcarse, riéndose.

Las aves detenían sus vuelos y se posaban de nuevo en los árboles, a reír.
Los caminantes no podían seguir con su marcha, por las risas.
Todos los animales de los campos y bosques salían de sus cuevas, refugios y nidos para reír y reír.

Los árboles y las plantas sacudían sus ramas y tallos, como si un viento interior las moviera: era su manera de reír.
Los peces de los ríos y de la mar cercana, se amontonaban en las orillas y en las playas, riendo.

También, como has de suponer, todas las personas del palacio, desde los reyes, hasta el más pequeño de los súbditos...

– Mmm... ¿Todas las personas?
– Bueno, la princesa seguía en la torre, mirando hacia el camino, sin reír. Desde allí ya se veía al cantor de la canción festiva. Perdón, los cantores. El que uno de ellos, mejor dicho una, sea pequeña no le quita su importancia.
Eran Juan y su pulga mágica, Juanita.

Mucho antes de llegar a las puertas del palacio, se acercaron a Juan y Juanita unos emisarios enviados por el Rey.
Temeroso que, como el príncipe azul, pasaran de largo por el camino, le llevaban una carta, invitándolos a realizar una presentación para toda la corte.

Luego de comer, beber y descansar, a Salón Principal del Palacio lleno, Juan y Juanita realizaron su maravillosa presentación.
Registrada, luego, en el Libro de las Crónicas del Reino y guardada por muchas generaciones en la memoria de todos los abuelos y Cuentacuentos.

Los aplausos se iniciaron cuando Juan tomó la cajita y salió al centro del salón. Cuando abrió la caja y Juanita –en malla de fino terciopelo y con su mejor falda de volados y lentejuelas – saltó a la mesa, los aplausos recrudecieron.
Para repetirse ante cada uno de sus números.

Juanita saltó la cuerda, tocó la flauta y bailó.
Simuló los balidos de una oveja, los cantos de un gallo, los mugidos de una vaca, los aullidos de un lobo.
Y hasta hizo unos sonidos que asustaron a todos.
Eran los barritos de un elefante, que había aprendido a imitar cuando viajaron con Juan por el norte de África.
Dio numerosos saltos mortales, sencillos y triples.
De frente, de lado y de espalda.

Entre aplausos, ¡hurras!, ¡vítores! y ¡vivas! cerraron su actuación con la ya famosa, "Canción Festiva"
Todos aplaudían y reían, reían y aplaudían a rabiar...
– ¿Mnnn...? ¿Todos?
– ¡Sí!: ¡Todos, menos la princesa!

Juanita brincó desde la mesa donde saludaba a la falda de la princesa.
De inmediato, al centro de su pecho y de ahí a su hombro.
Luego, se acercó a su oído y le dijo algo casi en secreto.

La princesa, primero, se sonrió –leve, como toda una princesa – para, poco a poco, reírse hasta culminar en el más sonoro estallido de carcajadas.

Todos los que escuchan o leen este cuento preguntan siempre si se sabe qué fue lo que le dijo Juanita a la princesa.
Por suerte, mi bis tatarabuelo –que estaba de paso ese día en el reino, y asistió a toda la presentación – lo guardó muy bien en su memoria.

Él se lo dijo a mi tatarabuelo. Mi tatarabuelo al mi bisabuelo.
Éste a mi abuelo. Y, por él lo sé yo.
Juanita dijo:
– Bli bli bli bli, burulú bli bli, blum blam bli bli. Bli bli buruli blibli blumblam blibli.

En la familia, todos, siempre hemos lamentado no haber aprendido nunca el pulgués, el pulgñol o el pulgán. O, cómo se llame al idioma de las pulgas.
Pero nos queda el consuelo de saber que la Princesa Seria, sí, lo hablaba.
¡Y de maravillas!

Versión para niños del cuento de Armando Quintero “La Princesa que no reía”, ya publicado en este blog. Ver el MIÉRCOLES 17 DE SEPTIEMBRE DE 2008.

Temas de Narración Oral: Fragmentos de textos para conversar y/o investigar



a) Tomado de Ernesto Sabato, La Resistencia:
“Mientras les escribo, me he detenido a palpar una rústica talla que me regalaron los tobas y me trajo, como un rayo a mi memoria, una exposición “virtual” que me mostraron ayer en una computadora, que debo reconocer que me pareció cosa de Mandinga. Porque a medida que nos relacionamos de manera abstracta más nos alejamos del corazón de las cosas y una indiferencia metafísica se adueña de nosotros mientras toman poder entidades sin sangre ni nombres propios. Trágicamente, el hombre está perdiendo el diálogo con los demás y el reconocimiento del mundo que lo rodea, siendo que es allí donde se dan el encuentro, la posibilidad de amor, los gestos supremos de la vida. Las palabras de la mesa, incluso las discusiones o los enojos, parecen ya reemplazadas por la visión hipnótica. La televisión nos tantaliza, quedamos como prendados de ella. Este efecto entre mágico y maléfico es obra, creo, del exceso de la luz que con su intensidad nos toma. No puedo menos que recordar ese mismo efecto que produce en los insectos, y aún en los grandes animales. Y entonces, no sólo nos cuesta abandonarla, sino que también perdemos la capacidad para mirar y ver lo cotidiano. Una calle con enormes tipas, unos ojos candorosos en la cara de una mujer vieja, las nubes de un atardecer. La floración del aromo en pleno invierno no llaman la atención a quienes no llegan ni a gozar de los jacarandáes en Buenos Aires. Muchas veces me he sorprendido cómo vemos mejor los paisajes en las películas que en la realidad.”

b) Tomado de Aquiles Nazoa, Vida privada de las muñecas de trapo:
“En la lustrosa rueda de hierro que los pies hacían girar imprimiéndole al ancho pedal un acompasado movimiento de mecedora, ponía también la tía a rodarla rueda mágica de un tiempo que se adormecía en el fondo de su memoria. Y eran entonces los cuentos de su lejana juventud o de su niñez que volvía, con su deslumbradora población de criaturas y sucesos fabulosos. Inclinada ante su máquina de coser como un anchuroso libro de evocaciones, parecía seguir en la cascada de tela que la aguja iba punteando, los renglones de una invisible lectura, cuyas ilustraciones visualizábamos nosotros en la policromía de los retazos que embellecían el suelo. Al calor de su iluminada fantasía y de su palabra cariciosa, surgían cuentos cuyos personajes eran aguzadas tijeras que en la alta noche se salían sigilosamente del costurero o de las gavetas, para irse volando como agresivas garzas, a picotear en el cielo el granero de las estrellas. Viajábamos en su carretel de hilo al mítico país donde imponía su reinado de terror el Minotauro, en una recompuesta historia donde la bondadosa Ariadna aparecía como la primera costurera que hubo en el mundo, y tenía en la puerta de su palacio en Creta un letrero que decía se corta y se cose. Y como amaba dulcemente las cosas de su oficio, para lo que volvía la tía sobre la hazaña de Teseo, era para mostrarnos cómo una simple hebra de hilo de coser puede servir para salvar a todo un pueblo. A prendíamos junto a ella a amar lo bello del mundo en la insignificancia de unos parches de tela pintada, y nos aleccionaba en la secreta significación de los retazos.”

c) Tomado de Antonio González Beltrán (Director de La Carátula, España),
Boletín de Cuentacuentos, octubre 2004:
“Eso que acaban ustedes de ver y escuchar cuando yo les contaba cuentos ahí fuera, en el patio de este hermoso lugar, es sencillamente un acto de cuentería, una de las múltiples manifestaciones de teatro de calle, o más sencillamente una de las múltiple manifestaciones de teatro.
En España, rota la tradición popular del narrador callejero de cuentos, historias o sucedidos - recuerden los últimos romanceros, los ciegos que recorrían nuestras plazas y calles con su salmodia, aquellos que relataban horrendos y sangrientos crímenes, aún vivos hasta los años cincuenta-, hemos perdido también la denominación del oficio. En mi caso, yo digo que soy un actor que cuenta historias o, mejor, un cuentero, aunque sé que en algunos países del área latinoamericana el término es peyorativo porque se le asimila con mentiroso. Otros utilizan denominaciones varias como "narrador oral", o "narrador oral escénico", lo que, más que un nombre, me parece una definición, muy ajustada al oficio, eso sí, o "cuentacuentos", el término más generalizado pero el que menos tiene que ver con nuestro idioma. Nadie se llama "hacevasos", ni "fabricazapatos", ni "construyemuebles", sino vidriero, zapatero o ebanista. El problema es que se trata de una mala traducción del inglés "story tellers", que se empezó a utilizar a principios del siglo pasado en los Países Escandinavos y los Estados Unidos de América (USA), cuando establecieron lo que se llamó "la hora del cuento" en aulas y bibliotecas. Lo curioso es que la moda les vino de Francia, donde al ejecutante de esa actividad se le llama "conteur". Hagamos, pues, la traducción correcta del francés y veremos que lo más cercano que tenemos en castellano es el término "cuentero", que, por otra parte, es como se dice en Colombia, uno de los países más fecundos y vivos en este oficio, cuya práctica es latente hoy en día en universidades, plazas, cafés, bares y teatros.
Por otra parte, los que se ejercitan en aulas y bibliotecas en sesiones promovidas para la animación a la lectura, los que originariamente fueron llamados cuentacuentos, suelen contar sentados, apenas si gesticulan y sus inflexiones de voz son mínimas. No así nosotros, los cuenteros que decimos que hacemos teatro, que hacemos una de las formas alternativas de teatro; como lo hace con su técnica el narrador de la "halka" marroquí, que le permite contar incorporando al mismo tiempo todos los personajes y utilizando todos los recursos que tiene el actor, y no sólo los gestuales y los verbales, sino también los recursos escénicos propiamente dichos: algún elemento escenográfico, algún accesorio, un vestuario determinado, la iluminación, incluso. Es más, sentimos la necesidad de distinguir y hacer notar la diferencia entre una actitud social de comunicación y una actitud artística, escénica. Por ejemplo: lo que acabo de hacer hoy, ahí fuera, no suelo hacerlo nunca, entre otras cosas porque me siento incómodo; yo suelo cambiarme de ropa para contar, y aunque no sea siempre un vestuario creado especialmente para ese cuento o ese espectáculo, me suelo vestir para la ocasión porque eso forma parte del rito del actor; por otro lado, el espacio de la actuación es para mí el espacio sagrado del teatro, el escenario, esté donde esté, aunque esté ahí pisando el césped que todos pisan, porque con mi acto de cuentería lo he transformado en escena, en lugar escénico.“

d) Tomado de Armando Quintero Laplume, Una vida en cuentos:
“Con los abuelos descubrí nuevos mundos de cuentos. Mi hermana y yo, que habíamos perdido a nuestros abuelos de sangre, “adoptamos” a una pareja de ancianos - Lucrecio y Felipa Veloz, hermanos y solterones – frente a cuya casa pasamos a vivir. Fueron los abuelos que conocimos, que reconocimos.
Ella cultivaba un jardín, el más grande de la ciudad, a donde concurría a comprar las damas y señoritas del pueblo para engalanar bautizos, cumpleaños y casamientos. También los caballeros, en menor escala, y avergonzados de ser vistos en esos menesteres, pero dispuestos a galantear con sus novias. Él, que había sido un barbero de prestigio y estaba retirado ya, jubilado, cuidaba la huerta que los alimentaba, y colaboraba en la atención del jardín.
Tenían una casa toda llena de historias sobre las constelaciones, la luna, los ríos, el viento... Con ellos aprendí a amar la música de los álamos, los sonidos del agua, el valor de los silencios... A leer a Homero, a Cervantes, a Goethe, a Shakespeare, a Tolstoi, a Quevedo…A amar “La Biblia” y a emocionarme con los “himnos de los dioses”, los “Cantares Mexicanos” y el “Popol Vuh”... Incluso, y casi lo olvidaba, a proteger a “los amigos de la huerta y el jardín”: los sapos y las lagartijas, que proliferaban por doquier.
Y, en la escuela, las lecturas del aula y el recreo. Cuentos, fragmentos de novelas y poesías de “El Tesoro de la Juventud”, “Corazón”, “Pinocho”, “Alicia” -la del País de las Maravillas y la de detrás del espejo – “Gulliver”, Julio Verne, Emilio Salgari, Sir Walter Scott, Antonio Machado, León Felipe, Federico García Lorca, Rafael Alberti, Miguel Hernández, Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Alfonsina Storni, Delmira Agustín, Rubén Darío, José Martí... La memorización, el recitado, el escenario escolar, y el aplauso.
Unido a lo anterior, a nuestra casa, y a sus alrededores, concurrían alumnos y pintores de la escuela del Museo Departamental, familiares cercanos - entre otros su director, Don Aramís Mancebo Rojas, que había estado casado en primeras nupcias con una prima de mi madre - y amigos que, para que no les molestáramos en su trabajo, nos entregaban cartones, telas, pinturas y pinceles. Nos daban otra mano para que abriéramos las puertas de los sueños. Y sus ventanas, también.”

e) Tomado de Ana Padovani, Contar cuentos. Desde la práctica hacia la teoría:
“Tal vez fue casual que, durante unas vacaciones en que disponía de tiempo ocioso, me ofreciera para leer cuentos en una librería. A los pocos días reparé en que lo hacía con tanto entusiasmo que “me escapaba del libro”, por lo cual decidí contarlos, recordando lo exitoso que aquello había resultado cuando fui maestra y profesora de música. Poco después incluí el laúd, instrumento que usaba desde la época de la Commedia dell´ Arte (a instancia de otra maestra caramente recordada, Mane Bernardo): saqué a la luz entonces el cancionero que utilicé cuando enseñaba iniciación musical, y allí se estructuró un espectáculo sin proponérmelo. Así comencé a contar en todos los lugares que podía y sobre todo en el Centro Cultural Recoleta, que por entonces estaba abriendo nuevos espacios. Quiso la suerte que al tiempo llegara a Buenos Aires Marco Baliani, un gran actor y narrador italiano, cuyas enseñanzas legitimaron lo que venía haciendo con un cierto sentimiento de clandestinidad, llena de dudas y temores. A partir de allí se fue generando un proceso casi incontenible. Todo lo que había atesorado en conexión con el arte cobraba sentido, todo ocupaba su lugar, las piezas encajaban, el juego quedaba finalmente armado. Desde entonces, el contar cuentos se constituyó en mi trabajo, en mi ubicación en la vida, en mi lugar en el mundo.”

f) Tomado de Rodolfo Castro, La intuición de leer, la intención de narrar:
“La narración oral es de plano despreciada en ámbitos donde debería ser tomada como núcleo en torno al cual giraran otros aprendizajes y disfrutes. Me refiero a los institutos y universidades dedicados a la formación pedagógica, en los cuales no existe una materia que estimule el desarrollo de esa habilidad. En los institutos y escuelas de formación pedagógica, este tema se estudia formalmente, reconociendo la importancia de contar cuentos y de hacerlo bien, pero se trabaja poco en los aspectos teóricos y casi nada en los prácticos. Por ello, contar cuentos no pasa de ser un recurso didáctico de difícil aplicación, y del cual es aún más difícil obtener resultados apreciables. Se acepta en la teoría pero se rechaza en los hechos que contar cuentos pone en juego un sinnúmero de habilidades relacionadas con el manejo de la voz, la expresividad gestual y corporal, la comprensión lectora, la escritura, la respiración, la dinámica grupal, la improvisación, el juego dramático creativo, la imaginación, la resolución de conflictos… siguen las firmas.”

Textos recopilados por Armando Quintero. Publicados en su libro ¿Quieres contar cuentos? http://www.analitica.com/media/3183637.pdf

Temas para mirar, leer y pensar: Maderas talladas y coplas de Tomás Cacheiro


Tomado del facebook "Fotos de Tomas Cacheiro Por Analia - Otras maderas...y seguimos buscando".
http://www.facebook.com/photo.php?pid=763430&id=1574015526

Talla el rio sus maderos
en su largo trajinar.
Para tallar hacia adentro
hay mucho que caminar...

Sobre los árboles... o, ¿sobre nosotros mismos?

No hacen brasas el ombú,
ni el ceibo, ni el canelón.
No enciendas fuegos con ellos
no sirven para el fogón.

Son muy blandas sus maderas
no las corta el leñador,
no las quema el carbonero
ni las labra el constructor
....
...........................

En la sombra del ombú
cuando achicharra el solazo,
muchas veces encontré
alivio para mi paso.

Han encendido el ceibal
flores de rojo color,
y en el aire perfumado
se detiene el picaflor.

Se levanta el canelón
en busca del horizonte.
Es el que crece más alto
de los árboles del monte.
...........................
Nunca le pidas a otros
que sean lo que no son.
Cada cual es como es;
aprecia su condición.

En este enlace, http://blogs.avui.cat/jaumepubill/2010/03/30/el-mn-encantat-de-cacheiro/ hay unas interesantes y emotivas palabras sobre el blog de Analía, la nieta de Tomás Cacheiro, escritas por el catalán Jaume Pubill. Para verlas, haga c

sábado, 20 de marzo de 2010

Temas de narración oral: Escuchar es mucho más que oír o como la transparencia en el oficio nos salva

Un pavo real en plastilina, tomado de Fotos del evento Plastilinarte, "Con ojos de niño".

“… la vida no nos está dada tan sólo para ser vivida, sino que nos proporciona la oportunidad
de inventarnos a nosotros mismos. Muchas veces no nos percatamos del inmenso poder que poseemos los seres humanos para hacer uso de la vida que se nos ha regalado como una gran oportunidad para hacer de nosotros la realización de un sueño. No sólo no nos damos cuenta de que disponemos de ese poder, sino que tampoco sabemos cómo utilizarlo, pareciéramos vivir de acuerdo a cómo se nos imponen las cosas. Los acontecimientos externos parecieran regir nuestro destino. La vida pareciera tratarnos muchas veces como marionetas y haciendo y deshaciendo de nosotros a su antojo. Pero la vida no posee voluntad propia. Lo que nos pasa tiene más que ver con cómo somos, con lo que somos capaces de ver y de no ver, con nuestra capacidad de aprendizaje.” Rafael Echeverría: Actos de Lenguaje, pág. 15. (*)


Narracuentos UCAB, además de sus actividades normales en la Universidad y desde agosto de 2008 en el Parque Caballito, realiza siempre presentaciones en colegios, otras universidades, bibliotecas, centros vecinales e instituciones culturales que solicitan su participación. Han representado a la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas en eventos nacionales e internacionales. Periódicamente, realiza talleres de formación – básica y de especialización – tanto para los estudiantes y docentes, como para personas interesadas en el maravilloso arte de contar cuentos. Además, entre una de sus labores importantes, apoya las actividades de Proyección a la Comunidad que la UCAB lleva a cabo en los barrios cercanos a la institución. Actividades que se realizan en conjunto con la Dirección de Cultura, desde hace ya varios años. Casi desde los inicio de la agrupación. Así que subir a las zonas de La Vega, Antímano, Caricuao no nos es ajeno. Sus espacios, el entorno y las situaciones que se viven a diario, tampoco. Ni lo son, ni serán, por supuesto, las sonrisas agradecidas de sus niños y de sus adultos, cuando narramos nuestros cuentos.
Con el nuevo psicólogo a cargo de Proyección a la Comunidad subimos, en fecha reciente, a festejar el “Día de la mujer”. Fue a uno de esos espacios en los que, periódicamente, y desde hace más de ocho años narramos cuentos para el programa “Una sonrisa en Navidad”. La única diferencia que se nos indicó de inicio era que, esta vez, narraríamos para adultos. Lo haríamos para las señoras de la comunidad, a quienes se les homenajeaba. Serían algo más de unas cuarenta o sesenta mujeres, posiblemente acompañadas de sus hijos y esposos. Es decir unas ochenta, posiblemente, algo más de cien personas.
Al subir al rústico que nos llevaría, a penas se inició la marcha, nos enteramos de un detalle relevante. Se había intentado reunir a toda la comunidad en una actividad común pero no había sido posible. El sector está muy polarizado. Se realizarían dos actividades conjuntas, una en el centro comunal y la otra en la cancha, al lado del espacio anterior. Una actividad cultural en el primer espacio. Una deportiva en el segundo. Y comenzaron a asomar nuestros temores: ¿Cuáles serían las condiciones, las situaciones y los resultados allí? Pero, ya íbamos para el baile y había que hacer lo mejor en él.

“Muchas veces escuchamos a individuos que exclaman: ´¡Eso no me lo merezco!´. Siempre me ha parecido extraña esa expresión. Pienso, por el contrario, que cada uno, en lo fundamental, salvo en situaciones fortuitas que a través del aprendizaje tenemos la posibilidad de regular, cada uno, digo, suele tener lo que se merece. No pongo en discusión que no siempre tenemos la capacidad de impedir que sucedan determinados eventos. Pero ése no es el punto. Los seres humanos tenemos capacidad de anticipar lo que puede suceder – y por tanto de prevenir que determinados sucesos nos afecten- y tenemos también que intervenir en la manera en cómo las cosas nos afectan. Ello es más que suficiente para evitar que los sucesos que no controlamos – que sin duda son muchos – comprometan nuestro sentido de vida.” Rafael Echeverría: Actos de Lenguaje, pág. 16. (*)

La situación planteada era muy clara: participaríamos en un acto por el “Día de la mujer” –que para los organizadores se mezclaba, además, con el “Día de la Madre” –, dentro de un conjunto de actividades programadas por el Centro Comunal. El entorno era el que se complicaba porque se había concretado la realización de dos actividades conjuntas, para el mismo día y a la misma hora, entre dos bandos antagónicos. En la cancha deportiva, un partido de football y en el otro espacio, el acto cultural en el cual participaríamos. El mismo, según nos informaron al llegar, se iniciaba con un acto protocolar, con el Himno Nacional, como corresponde; unos poemas recitados por niños, dedicados a las madres y a la mujer; unas tres danzas folklóricas, con cantos; la presentación de dos humoristas; nuestra presentación de “Cuentacuentos”; una coral, integrada por personas de la zona y, para el cierre, estaba previsto la entrega de diplomas de agradecimiento y un pequeño presente, a cada una de las damas asistentes.
Nuestros temores, los que comenzaron a asomar al subir al rústico que nos acercó al lugar, a partir de cada momento de acto, se acrecentaron. La pelota del partido de football golpeaba constantemente en las ventanas que daban hacia la cancha deportiva. El único micrófono de mano, que fue utilizado por todos, tenía un cable que era lo suficientemente largo como para darnos movilidad en el espacio. Pero, su sonoridad no era muy buena. Y, por los ruidos externos, no se podía narrar sin él. Así, mal se escucharon los anuncios del presentador, los poemas presentados por los niños, las canciones a viva voz en las danzas, dos venezolanas, una cubana.
Nuestro temor creció aún más ante la presentación anterior a la nuestra. Los humoristas eran dos echadores de chistes. Uno cubano, residenciado en la zona desde hace un par de años, según sus propias palabras, con su esposa venezolana presente entre las mujeres que asistieron a la actividad. El otro, fue presentado por el humorista como un venezolano, andino, para más dato. No entendimos si lo hizo por un gesto de humor, porque estaba naturalizado desde esas tierras o porque había vivido unos años en Cuba. Su acento, parecía tan de la isla como lo era el del anterior. Es importante señalar que este humorista interactuaba con su compañero y apareció portando un micrófono head-set, los de bolita, sostenido a la cabeza con un cintillo. Dentro de lo previsto, sus chistes no dejaron de ser de subido color, escatológicos y antinorteamericano. Aunque nos señaló que bajaría su tono por los niños presentes. Eso sí, dichos con toda “la chispa caribeña” de ambos. Sobre todo en el cierre “rapeado” y paródico de varias canciones y cantantes “gringos”, argentinos, venezolanos y cubanos. Fue un fragmento musical donde reaparece el primer humorista disfrazado de mujer para mostrar un diálogo entre “ella” y su esposo, por supuesto, alcohólico. El número fue muy festejado por el público asistente. Que quedó muy arriba. Como quedó nuestro temor, convertido ahora en miedo, cuando fuimos anunciados. O bailábamos o bailábamos. El reto era hacerlo escuchando, no sólo oyendo. Hacia arriba, y hacia adelante.

“Nuestra principal herramienta para evitar convertirnos en una víctima de la vida es nuestra propia capacidad de intervención. Y podemos intervenir no sólo en nuestro entorno, sino en nosotros mismos. Esto último da cuenta del poder más importante que poseemos. Los seres humanos participamos con los dioses en el acto sagrado de nuestra propia creación. Tenemos el poder no sólo de conocernos, sino de inventarnos a nosotros mismos. Cada uno, nos dice Friedrich Nietzsche, debiera desarrollar la capacidad de hacer de sí mismo su obra de arte. Los seres humanos son artistas que se crean a sí mismos. Lo sepan o no, sus vidas remiten a ellos mismos. Pero para hacerlo, para asumir esta responsabilidad que la vida nos impone, es preciso aprender primero a conocerse.” (Rafael Echeverría: Actos de Lenguaje, pág. 16) *

Fuimos anunciados por nuestros nombres. No se citó ni lo que hacíamos, ni el nombre de la agrupación, ni la institución que representábamos. Pero, por el entorno en el cual estábamos, por nuestro miedo ante las situaciones creadas y por desconocer lo que pudiera sucedernos ante ese reto asumido, aquello nos pareció una enorme tabla salvadora en el mar que podría ahogarnos como narradores orales.
“La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear. Porque ves allí, amigo Sancho Panza…”, pasó por mi cabeza. Y, de verdad, verdad sentí que era una quijotada lo que se iba a acometer en aquel momento. Máxime por el compañero que me acompañaba en esta lid (**).
Me lancé a conversar sobre lo ya presentado y, como ya habíamos establecido, con “Miedo”, el maravilloso cuento de Graciela Cabal, encantador de todo tipo de públicos. Los cuentos narrados a partir de ahí fueron los oportunos. Habíamos elegido desde el corazón, como se tienen que hacer las cosas, al decir de mi abuelita vasca. Frase que conocí, dicho sea de paso, repetida siempre por mi madre. Mucho antes de una muy similar de Francisco Garzón Céspedes.
Y jugábamos improvisando por todo el espacio y en el intercambio del tal mencionado único micrófono de mano que nos fue brindado. Escuchamos, más que oímos. Y la transparencia en el oficio permitió que nos salváramos. Por eso, luego de despedirnos y antes de salir del espacio, dije al público: “– Gracias por permitirme no sentir miedo”. Los aplausos aumentaron mucho más.
Las palabras y saludos que nos brindaron después fueron divertidos, sabrosos.
Cuando regresábamos a nuestra casa, al analizar lo sucedido. Le recordé al compañero un fragmento de la película de Benigni “El tigre y la nieve”. En él, el personaje les narra un cuento a sus hijas que han gritado asustadas por la aparición de un murciélago. Y reconoce que, al no ser escuchado ni creído por su madre, al narrarle el encuentro con un pajarito que se posó en su hombro, cuando era un niño que paseaba por un bosque: “– Era yo que no supe contarlo bien, hacerle sentir la emoción que había probado”. Y remata su diálogo señalando: “– Si las palabras no son justas, nada puede ser justo”.
(*) Citas tomadas del libro de Rafael Echeverría ACTOS DE LENGUAJE VOLUMEN I: LA ESCUCHA, GRANICA: Juan Carlos Sáez Editor, Buenos Aires, Argentina, 2008.
(**) Tiago De Jesús García, en nuestras presentaciones del espectáculo “Cuentos de Don Quijote y Sancho”, donde nos apoyamos en algunos recursos tomados del teatro siempre sugiere, y hasta representa en el diálogo de la aventura de los molinos de viento, al famoso personaje cervantino.
(***) Recomendamos ver el fragmento citado en YouTube: Benigni, El tigre y la nieve:
http://www.youtube.com/watch?v=UMysyEPJoDw

viernes, 19 de marzo de 2010

Cuentos para narrar: Cuatro cuentos mínimos sobre temas conocidos


Imagen tomada del facebook de Stella Artemis

Tierra antes de la Tierra

Dicen que hace mucho, muchísimo tiempo,
tanto que es seguro que no hay uno que lo recuerde,
hubo un huevo que parecía no tener vida.
Dicen que era pequeño. Tan chiquitito que cabía en la cajita de fósforos del bolsillo de la chaqueta del Primer Hacedor.
Dicen, también, que en un descuido se salió de allí.
Vaya uno a saber cómo.
Lo que sí se sabe es que, a causa de ello, pasó lo que todos sabemos.

El origen del aire

Un desconocido subió acompañado de los Hacedores de Fuego,
de Lluvias y de Flores a la montaña más alta que encontraron.
Desde allí, comenzaron a arrojar a unos seres recién creados
hacia las distintas direcciones del mundo conocido.
Todo se llenaba de sonidos, movimientos, colores y silencios
en tanto los nuevos seres tomaban vida sin caer, volando.
Así – dicen los abuelos de nuestros abuelos – fue como nació el aire:
creado por el maravilloso e imprevisible Hacedor de Pájaros.

La pulga en la oreja

– ¿Mire, usted cómo ha quedado? ¿No le decía yo que era peligroso?
¿Qué no tenía que seguirle el juego a ése, su amo?
¿Qué no siempre a los locos hay que dejarlos correr,
por dónde echan la carrera?
¿Qué los treinta o cuarenta molinos de los campos de Montiel,
son lo que son, no lo que a él le parecían?
¿De qué se queja?: Siempre será un pobre rocín, antes y ahora.
¡Menos mal que, como pulga, sólo me quedé escondida en su oreja!


Sueño sin Alicia ni reina

Un viento suave giraba, como todo gira.
Traía las hojas secas, las abejas, los vilanos.
Al pie del árbol, dormitaba, niño.
Se me acercó el conejo blanco, el conocido.
Vestía su elegante traje inglés, su sombrero de copa.
Cargaba sus guantes blancos, su leontina.
Pero esta vez no llevaba prisa.
¿Qué pasó con Alicia? ¿Con la Reina?... No lo sabemos…
El conejo se sentó a mi lado: ¡A contarme un cuento!

Cuatro cuentos breves de Armando Quintero Laplume.

Temas de narración oral: Recursos escénicos


Imagen tomada del facebok de Stella Artemis

Decía Stanislavski con respecto a los actores: “en nuestro idioma entender significa sentir”. Y a eso apunto, a contar lo que entendí con respecto a mis experiencias.
Entre la narración y el teatro hay una línea muy delgada y sumamente interesante.
Por eso los recursos escénicos, son un aporte fundamental a la formación de un narrador que siempre, en alguno de sus poros, tiene un actor escondido.
La herramienta principal que tenemos somos nosotros mismos: nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestros sentimientos. Sin ellos tres funcionando en conjunto, es imposible que podamos transmitir algo hacia el público.
El estado de ánimo personal en ciertas situaciones es una gran barrera. Por eso, Stanislavsky investigó mucho para encontrar esto llamado “estado de ánimo creador”.
El estado de ánimo creador consiste en lograr una atmósfera para llegar a la inspiración.
Uno de los puntos más importantes para tener en cuenta es “la completa libertad del cuerpo y de un total relajamiento de los músculos”. Para eso, necesitamos generar una rutina: caminatas, desarticulación, elongación, dejar “la calle” fuera de nuestro espacio artístico utilizando música apropiada, dejándonos llevar por ella sin pensar en lo que estábamos haciendo.
Relajación y concentración son dos palabras fundamentales para llegar al estado de ánimo creador. Pero no solo ellas son piezas claves: los cinco sentidos también juegan un papel muy importante.
La mirada, tanto en la actuación, como en el arte de narrar, cumple un rol fundamental y tiene que ver sobre todo con la conexión, con transmitir sin palabras, hablar con el alma.
Stanislavsky pensaba que “ningún papel puede ser verdaderamente logrado si el actor no cree en él”. Cuando uno no cree en lo que está diciendo, no transmite. Uno debe “hacer carne” el texto, sentirlo, vivirlo, jugarlo, “utilizar la verdad del impulso creador interno” para no convertirnos en “farsantes” o “imitadores”.
Hay que creer en lo que uno hace. Sumergirse en la realidad propia y en la del entorno. Este es el “si” creador, disparador indiscutido que camina de la mano de la imaginación a la que constantemente debemos liberar. Es que la imaginación, junto con el juego, es una de las bases principales de la creatividad.

Sin un entrenamiento, sin un hábito, no podemos conseguir prepararnos, inspirarnos para crear. Ser actor, narrador o cualquier labor relacionada con el arte implica esfuerzo por parte de la persona. Y ese esfuerzo se resume en una sola palabra: trabajo.

Texto tomado del Blog de Geraldine Ricau
Publicado el martes 14 de julio de 2009
http://narracionoralescenica.blogspot.com/


"Entre los africanos, cuando un narrador llega al final de un cuento, pone su palma en el suelo y dice: aquí dejo mi historia para que otro se la lleve.
Cada final es un comienzo, una historia que nace otra vez...
Así se abrazan quién habla y quién escucha, en un juego que siempre recomienza y que tiene como principio conductor, el deseo de encontrarnos alguna vez completos en las palabras que leemos o escribimos, encontrar eso que somos y que con palabras se construye."
María Teresa Andruetto

"Los espejos se emplean para verse la cara; el arte para verse el alma" George Bernard Shaw

Las citas anteriores fueron tomadas del blog de Geraldine Ricau:
http://narracionoralescenica.blogspot.com/

martes, 2 de marzo de 2010

Anotaciones de un librero: ¿Es toda nuestra vida, entonces, sólo un sueño? (*)


Tomado del albun de fotos e ilustraciones que J. M. realizó para acompañar la nota.

Hoy en FACEBOOK aparece esta nota del librero Javier Marichal. Hace un par de días conversamos con él sobre el tema y las locas ocurrencias de algunos especialistas en la obra del reverendo Mister Dodgson (a) Lewis Carrol. Comentamos, también, sobre varios de los aportes que sobre Alicia, Dodgson y la nueva película de Tim Burton venía realizando otro librero, Roger Michelena.

“En la inclinación de Lewis Carroll por la niñita impúber no está su genio.”… “Su enseñanza de profesor tampoco tiene nada que haga saltar los tapones: en plena época de renacimiento de la lógica y de inauguración de la forma matemática que de allí en más tomó, Lewis Carroll, por divertidos que sean sus ejercicios, queda a las rastras de Aristóteles. Pero es del conjuro de las dos posiciones de donde surge ese objeto maravilloso, sin descifrar aún y por siempre deslumbrante: su obra.” Homenaje a Lewis Carroll Jaques Lacan (**)


El hombre que amaba a las niñas despertó soñando, luego de un mítico paseo en bote. Y escribió su más larga carta de amor.

Con su arte supo tejer sutiles puentes sobre los abismos que protegen a los mortales de la ominosa belleza de las Ninfas (sobre “nymphóleptos”, el delicioso y erudito ensayo de Roberto Calasso “La locura que viene de las ninfas” en el libro del mismo nombre), tras “un cierto estado fugitivo, transitorio, este breve instante del alba que despunta entre el día y la noche” en palabras de Brassaï. Fue y regreso, no sin pagar el precio por el deseo que no puede nombrarse (Mrs Grundy acecha no solo detrás de la portería: http://www.isabelmonzon.com.ar/alicia.htm )

La trama de significados en un relato tan complejo y poderoso ha tentado a múltiples disciplinas: la literatura, la filosofía y el arte, desde la lógica, el psicoanálisis, la filosofía del lenguaje, la ilustración o la fotografía han explorado sus enigmas, iluminando o perdiendo el rumbo de esta historia a contrapelo de la ideología dominante sobre lo infantil, antecedente espiritual en la mejor literatura contemporánea (Dahl y compañía) de rabiosas y jocosas críticas a la hipocresía y el didactismo, tan victorianos hoy como ayer.

Grandes nombres han confesado su herencia: el Joyce del Finnegan’s Wake, Borges, Gilles Deleuze en Lógica del sentido, Leopoldo María Panero (traductor de La caza del Snack), el maestro checo del stop-motion Jan Svankmajer o Salvador Dalí.

Desde el primoroso modernismo catalán de Lola Anglada al gothic lolita de Brown, esta es una selección de la amplia imaginería sobre el universo carrolliano, sin otra pretensión que dar cuenta de artistas cuya obra, por una u otra razón, me han seducido. He incluido sólo una imagen por autor, sin considerar estilos o técnicas, fechas o lugar. Espero lo disfruten.

El sueño cobró valor icónico inmediato y de Tenniel a Iassen Ghiuselev aún nos acompaña.

JM

(*) De la piedra dedicada a Carroll en el Rincón de los Poetas, Abadia de Westminster, Londres
Lugar: Alice's Adventures in Imageland
(**) Para ver el texto de Lacan haga clic sobre el enlace:
http://elpsicoanalistalector.blogspot.com/2008/07/jacques-lacan-homenaje-lewis-caroll.html

Fuente: facebook, 2 de marzo del 2010 http://www.facebook.com/home.php?#!/album.php?aid=11616&id=1770421286&ref=nf

viernes, 26 de febrero de 2010

SILENCIO DE VOCES



Cómo escribir cuando la casa de las palabras
es una edificación minada con centinelas
que cuidan sigilosamente que de ella
no salgan volando por las ventanas suspiros
de amor ni canciones de cuna


Cómo escribir en gerundio si todo está dicho
para que hasta el futuro se conjugue en pasado


Cómo traspasar las fronteras del otro que dejó
hace milenios de hablarnos un lenguaje de agua
y de cerezos


Cómo irrumpir en la palabra estacionada
para que recobre su condición de cántaro
su resonancia de cuerdas que se desbordan
de los maderos hasta volverse centellas


Cómo girar las esdrújulas para que recobren
la gravedad de su decir rebelde y reconciliar
los subjuntivos con el hacer incondicional
de una libertad que no concede tregua


Tal vez sea mejor un silencio de voces
un concierto para cuerdas mudas
una sonata para flautas a las que les han
extraído toda respiración
un solo de clarinete sin melancolias


Un manifiesto que escrito en el desatino
de los murmullos contenidos riegue
por el planeta este miserere de tristeza


Una juglaría que acalle al fin todos los ruidos
de metralla y la risa fatua de los ejecutores
de una palabra vacía que se dobla sobre sí misma
para ocultar su civilizada barbarie de
intemperancias y odios recrudecidos


Un crescendo de jilgueros que no cese
hasta que regrese estampada
en el amanecer de todos los amaneceres
una palabra de amor que certifique al fin
el advenimiento de un hombre
inmensamente humano

Poema de Mery Sananes, tomado del blog embustería http://www.embusteria.blogspot.com/

jueves, 25 de febrero de 2010

Tema para conversar: Temas recurrentes en la literatura infantil latinoamericana


Kassunguilà Ilustración de Monique Zepeda. Los especiales de A la orilla del viento. México D.F.: Fondo de Cultura Económica

Un artículo de Monique Zepeda.

La realidad social, nuestro contexto, se nos cuela por todos lados: en los modos de hablar, en el timbre, en el tono, en los gestos, en los modos de caminar, en el cantado del idioma. También se cuela entre las líneas, más que en los temas o los tópicos, en la elección de las palabras, en el ritmo, en el aire con el que arrancamos una frase.

Entre los temas, desde luego, encontramos las tradiciones, los costumbrismos, el contexto urbano, rural o indígena. Nos topamos con las creencias, compartidas o no, con los usos y costumbres, pero ocurre que entre los contextos, entre las letras específicas de una cultura, también se cuela lo universal.

Y el abandono, el desencuentro, la soledad, la ración de victoria y triunfo logran viajar entre los modos del castellano, entre las formas de la tinta con la que cada quien canta su idioma.

Así entre la sierra Tarahumara (al norte de México) y la selva lacandona (al sur, en el corazón de Chiapas), los temas encarnan en unos personajes que cuentan sus costumbres pero nos las cuentan entramadas en la búsqueda del amor, en la mirada hacia el mundo adulto –ese ser que es de otro planeta por mucha realidad latinoamericana, europea o global que medie…

Decía entonces, que la mirada al mundo adulto, es uno de los temas fundamentales en la literatura para niños y jóvenes; y también las pérdidas, las grandes pérdidas que duelen en el mismo lugar, incomprensible lugar, por más que en algunos de nuestros contextos se haga una fiesta de muertos donde se canta y se come sobre las tumbas.

La realidad se nos cuela entre las manos y también la universalidad de lo humano, el gozo, el miedo, la sensación de pertenencia o de exclusión, esos temas que independientemente del modo del idioma nos reflejan a todos.

Y como ocurre en lo literario, hay espacio para todos nosotros, independientemente de nuestros contextos y sus variantes, o a pesar de ellos, o como decimos en México, cabemos con todo y todo.

A los escritores, a los ilustradores, la realidad se nos mete por los ojos, en la sangre, en el corazón. México tiene una variedad enorme de realidades indígenas, cada una con sus lenguas y sus variantes, con sus riquezas, su concepción del cosmos, creando un prisma multicultural que sobrevive a pesar de la globalización.

Los niños indígenas serán marginados, pero nunca son invisibles. La pobreza urbana se multiplica de manera que no nos deja escapatoria, y en todo caso la poesía cumple con su función conciliadora y nos permite hacer versos aun cuando la mirada del hambre nos persiga, allá, en nuestros bienestares literarios.

La literatura, si es que logra educar, es porque no fue esa su primera intención: la primera intención es siempre contar, contar con la urgencia de lo que no se puede tener más tiempo en silencio.

"No hay pena que resista una hora de buena lectura", dijo alguno de los grandes escritores franceses, quien, quizás, no haya tenido penas muy agudas. De lo que no cabe duda, es de que el libro es un compañero privilegiado en los momentos más rigurosos de la vida. Se convierte en un habitáculo, en un refugio donde las palabras nos mecen, o nos hablan de algo que reconocemos, o nos confortan, o nos sacuden.

La literatura, frente a los rigores de un contexto de limitaciones, de rigores, de exclusión, puede convertirse en la posibilidad de encontrarle sentido a la vida, en un espacio inviolable donde recuperar la dignidad, es un espejo donde recomponer la imagen de uno mismo. Muchos autores testimonian esto. Muchos de nosotros –afortunados– compartimos esta experiencia.

La literatura posee espacios y resquicios, ahí, en la trama aparecen fragmentos de nuestra historia, o de nuestros anhelos, o de alguna memoria enterrada. Ahí, en el relato, se asoman personajes que parecen saber mucho de nuestros deseos más secretos. En ocasiones saben más que nosotros mismos. Las imágenes literarias admiten múltiples lecturas y nos abren los brazos para que quepamos con todo nuestro contexto social y nuestro bagaje emocional. Frente a la página, no debemos cuidar la "figura", no debemos guardar compostura, nos encontramos en un estado de incondicionalidad, de intimidad, de interioridad muy amplia. Las metáforas nos suavizan las peores noticias acerca de nuestros temibles afectos. Nos acercan a un espejo que nos aclara las distorsiones que nos empeñamos en esconder. Nos probamos el traje de la víctima, del villano, del abandonado, del audaz, del desalmado y del héroe. Regresamos a nuestra realidad habiéndonos probado la piel de otros, reencontrándonos, con la firme sensación de leernos mejor. La literatura nos acerca a un universo de palabras que configuran la gama de emociones y experiencias humanas donde, sin duda, hemos de reconocernos.

Al abrir un libro corremos el riesgo de ser conmovidos, sacudidos, o de ver cómo nuestras creencias se resquebrajan. Nuestros prejuicios pueden sufrir fuertes golpes, pueden incluso desmoronarse dejándonos desnudos frente a verdades que pasamos media vida negando. Leer puede descubrirnos rincones oscuros en un escenario que creíamos totalmente iluminado. Puede cambiar nuestro modo de relacionarnos con el mundo, con los otros, con el propio contexto porque nos amplía los márgenes de la realidad.
Monique Zepeda, escritora e ilustradora mexicana. Psicóloga clínica especializada en niños. Su bibliografía incluye obras como El cuaderno de Pancha (Premio El barco de vapor 2000), Sentido contrario en la selva (Premio El barco de vapor 2004), Marita no sabe dibujar, Tigre callado escribe poesía y Kassunguilà. El texto que publicamos fue leído en la mesa redonda "Los temas de la literatura infantil y juvenil latinoamericana", como parte de las Primeras Jornadas de Literatura Infantil y Juvenil Latinoamericana, evento realizado en Barcelona, España, los días 26 al 28 de mayo de 2009, por Casa Amèrica Catalunya.
para leer otros artículos haga clic aquí

Artículo tomado de la Revista Cuatrogatos / Miami, Florida, Estados Unidos http://www.cuatrogatos.org/articulomoniquezepeda.html

miércoles, 24 de febrero de 2010

Cuentos para narrar: El dragón que soñó que se quemaba y otros cuentos breves


Tomado del blog de la ilustradora Sabrina Dieghi http://sabrina-dieghi.blogspot.com/2009/06/animales-magicos-el-dragon.html


El dragón que soñó que se quemaba

Un dragón soñó que se quemaba.
Cuando despertó, le tenía miedo al fuego.
Pero también pensó:
– “Un sueño no es otra cosa que un sueño. Un sueño no es la realidad, es imaginación. La imaginación puede ser una fábula. Y una fábula puede ser una mentira. ¿Cómo puedo tenerle miedo a una mentira? ¡No puede ser!: es tenerle miedo al miedo”.
Entonces, el dragón se llenó de todo el fuego que llevaba dentro y… ¡fuáf!, quemó ese sueño.

La joven y el unicornio

– ¡No puede ser! – dijo, a toda voz, la joven.
Ante ella estaba parado un bellísimo unicornio azul con alas que la miraba, invitándola a montarse sobre su lomo.
Cuando intentó hacerlo, ya recuperada de la sorpresa inicial, el unicornio había desaparecido.
Es que los seres como él son muy sensibles: si alguien supone que no pueden ser, sencillamente, no son.

Así, sin pensarlo más

– Ni que estuviera loco, ¿qué lograría con sólo aprovechar la mitad de un pescado por más fresco y sabroso que se vea? Además, conozco cómo corren los rumores por mi aldea, ¿quién me asegura que no sería acusado, al menos de asesinato, cuando aparezca flotando la otra mitad? – se dijo el joven pescador siciliano que, sin pensarlo dos veces, devolvió a las aguas del mar a la pequeña sirena que, entre peces, encontró en su red.

Protesta

– ¿Por qué a este Príncipe no se le ocurrió otra cosa que darme un beso para que despertara – protestaba, muy molesta, Bella Durmiente del Bosque, luego de los cien años que permaneció en su hechizo -. Además, ¡cuándo estaba soñando tan bonito!
– Y, ¿por qué no? – se preguntaba para sí, con maléfica sonrisa, el Hada que lo había creado -. Mi venganza se completaría, si todos creyesen que este cuento tiene un final feliz.


Descargando responsabilidades

– ¡Yo no soy culpable! – aseguró la reina ante el tribunal que la juzgaba por el crimen de Blancanieves – ¡Los responsables fueron los enanos! Ellos fumigaron los manzanos y no le avisaron a ninguno de sus vecinos.


Tomado del libro Sucedidos de Armando Quintero Laplume

“El cuento revitaliza lo mejor del hombre”


Profesor, ilustrador, poeta y escritor de literatura infantil, Armando Quintero narra cuentos desde hace más de treinta años. Para él, sumergirse en las letras fue un destino ineludible: su madre, una entusiasta oyente de historias, se sentaba durante su embarazo a escuchar las anécdotas y vivencias de los campesinos, en su Uruguay natal.
“Viví una infancia colmada de poemas y relatos: desde antes de nacer ya tenía esa cercanía”. Quintero recuerda que aprendió a leer con textos de Federico García Lorca y Pablo Neruda y a los ocho años adoptó como abuelos a una pareja de ancianos que relataba leyendas y fábulas sobre la luna y las estrellas. A esa edad escribió su primer poema y desde los 12 años hizo de la escritura parte de su rutina. Al terminar el bachillerato estaba seguro de que no sería médico ni militar, como deseaba su padre. “Él me dijo que tenía que estudiar una ‘carrera de porvenir’, y yo decidí que sería ‘contador público’. Y no le mentí, eso es lo que soy”. Graduado como profesor en literatura, la represión del régimen dictatorial uruguayo lo obligó a emigrar junto a su esposa e hija mayor: llegó a Caracas en 1978 y se unió a algunos grupos de cuentacuentos que recorrían el país relatando historias en parques y plazas. Fundó los grupos Cuentos de la Vaca Azul (1987) y Narracuentos UCAB (1991), y con ellos viajó por Venezuela y participó en festivales internacionales de narración oral en México, Cuba, España, Colombia, Argentina y Uruguay. Desde septiembre del año 2009 coordina la Red Internacional de Cuentacuentos.

Narra para todo aquel que desee escucharlo, aunque confiesa su predilección por los niños, porque son “espontáneos, libres, sin poses frente a la realidad”. Le gusta reencontrarse con el ser humano a partir de la palabra. Para Quintero, contar cuentos es su forma de decirle al otro que está con él, que no le es extraño. Asegura que un cuentacuentos puede hacer suyo cualquier espacio, sobre todo en momentos como los que vive Venezuela, cuando se necesita “descansar de las confrontaciones y el separatismo”. Su experiencia le dice que el cuento revitaliza lo mejor del hombre.

Tomado de la revista +salud de Locatel, N° 33 enero-febrero 2010.

jueves, 28 de enero de 2010

Temas de Narración Oral: Seleccionar cuentos a conciencia



















Ilustración tomada de http://piracantodf.blogspot.com/


“Por el fruto conoceréis el árbol”...

Esas palabras tantas veces repetidas por la abuela, nos vienen a la memoria cuando leemos u oímos cuentos que percibimos para narrar oralmente, cuentos que sentimos como nuestros, o que los hacemos nuestros al recrearlos desde nosotros mismos.

Diversas – múltiples y multiplicadoras- son las fuentes de oralidad: desde los cuentos que han venido afirmándose de tiempos inmemoriales, pasando de bocas a oídos y viceversa, hasta los cuentos que los hacedores particulares de los mismos han afianzado en el campo específico de la literatura, o fueron afianzados por quienes los tradujeron o transcribieron – desde “Las mil y una noche”, a “El Decamerón” y a “Los Cuentos de Canterbury”, pasando por Poe, Kipling y Maupassant, hasta Quiroga, Cortázar, Jairo Aníbal Niño y Ednodio Quintero- sin olvidarnos de los relatos que los propios narradores orales crean desde su antiguo y revitalizado oficio de la palabra viva.

En este mundo de la informática y de los videocasetes, donde hemos “literalizado” la oralidad y “oralizado” la literatura, siempre podemos realizar nuestra antología personal de cuentistas que, por supuesto, no dejará de ser nuestra propia “antojología”. A nuestra medida. Y a nuestra verdad. Para ella les propongo ciertos autores, cuya nominación parte de las experiencias coparticipadas con diversos narradores y diferentes públicos: son textos “encontrados” al narrar a niños, jóvenes y adultos.

Hallamos relatos “narrables” entre los venezolanos Aquiles Nazoa, Julio y Salvador Garmendia, Oscar Guaramato, Luis Brito García, Laura Antillano, Pedro Emilio Coll, Denzil Romero, Guillermo Meneses, José Balza, Rafael Rivero Oramas, Orlando Araujo y, el ya nombrado, Ednodio Quintero. Entre los latinoamericanos Julio Cortázar, Onelio Jorge Cardoso, Samuel Feijoó, Ema Wolf, Beatriz Ferro, Elsa Isabel Bornemann, Luis Luksic, Jairo Aníbal Niño, Eliseo Diego, Graciela Cabal, Laura Devetach, Graciela Montes, Jorge Luis Borges, Juan José Morosoli, Francisco Espínola, Eduardo Galeano, Virgilio Piñera, Mario Benedetti, Juan José Arreola, Juan Rulfo, Javier Villafañe, Augusto Monterroso, Gabriel García Márquez, Felisberto Hernández y Alejo Carpentier. Entre los otros “americanos”: Herman Melville, Ambroce Bierce, Ernest Hemingway y Ray Bradbury. Entre autores de otras partes del mundo como Franz Kafka, León Tolstoi, Antón Chejov, Patricia Highsmith, Rafix Schami, Salin Alafenisch, Roberto Piumini, Italo Calvino, Gianni Rodari, Leo Lionni, Fernando Alonso, Asís Guillén, Isaac Bashevis Singer y Margarita Yourcenar, Jürg Schubiger. Como también, en antologías de “Cuentos Tradicionales” o “Cuentos Folklóricos” españoles, franceses, rusos, alemanes, italianos, latinoamericanos, venezolanos...o las realizadas por etnólogos o estudiosos de cuentos cosacos, gitanos, esquimales, africanos o de grupos aborígenes de Nuestra América, y de la otra... Como ven, siempre hay buenos árboles donde cobijarnos. Pero, por ellos y por todos, solo nos resta sostener una amorosa relación con cada uno de los textos que asumamos para narrar: tanto por su buena sombra como, fundamentalmente, para que siempre nos tengan que valorar sus mejores frutos.


Apunte IX

Tenemos que aprender a visitar los cuentos. Acudir a ellos con todos los sentidos, con todos los sentimientos, con todos los conceptos. Abiertos: dispuestos a ser para, desde y con ellos.
Como quien entra a la casa de un amigo, a la casa de la persona a la cual admira, a un templo. Queriéndolo sin decirlo, abrazándolo sin tocarlo. Celebrando con él la voz humana. Porque, como asevera Eduardo Galeano:...”Todos, toditos, tenemos algo que decir a los demás, alguna cosa que merece ser por los demás celebrada o perdonada” ¡Y los cuentos nos dicen, los autores de los mismos – conocidos o no- nos dicen, nosotros decimos y quienes coparticipan con nosotros, en el acto artístico de la palabra que se dice, también!

Nota Sería conveniente que se leyera el texto completo de donde se tomó la cita de Eduardo Galeano, página 11 de “El libro de los abrazos”. No sólo por este apunte, sino por lo que brinda para comprender, y aprehender, sobre comunicación. El mismo es utilizado, a tales fines, en el Taller Básico de Narración Oral Escénica que dictan, a nivel nacional e internacional, los “Cuentos de la Vaca Azul”.

Texto de Armando Quintero tomado de ¿Quieres contar cuentos?http://www.analitica.com/media/3183637.pdf

miércoles, 27 de enero de 2010

Tema para conversar: La narración oral escénica en la promoción de la lectura



















Cartel de la Feria del libro de Bogotá


Casi a todas las personas a las que les interesa la promoción de la lectura, piensan en primer lugar en enfocarse a los libros como únicas herramientas para llevar a cabo dicha labor. Sin embargo, existen muchas más opciones para tal efecto; una de ellas y quizá la menos conocida y practicada es la narración oral escénica. ¿Cómo ayuda la narración oral escénica en la promoción de la lectura?

En principio, teniendo en cuenta que la lectura en voz alta es un acto de comunicación donde existe un emisor y uno o varios receptores, pero es pasivo y la narración oral escénica ofrece ese mismo acto de comunicación de forma activa, ya que emisor y receptores conviven no sólo hablando, si no también involucrando todos los sentidos. Según la teoría de la recepción, esto se debe a que se establece un intercambio de comunicación que permite socializar, extender el universo de conocimiento hacía una diferente versión del mundo y lo que la rodea; también establece un tránsito creador entre el autor, el texto o cuento, el lector o el escucha y esté último se convierte en co-creador; además de que establece lo más importante: total libertad y ajuste de los sentidos, que implica tener los referentes como experiencia y conocimiento general.

Al involucrar todos los sentidos sin perder sus poderes se convierten en servidores de la imaginación y permiten que el escucha, oiga lo inaudito y vea lo imperceptible. Los sentidos son y no son de este mundo; ahí es dónde la literatura crea un puente entre el ver y el creer. El lector, al poner en atención todos sus sentidos, se convierte en un destinatario, contestatario que acepta o rechaza. Es co-productor, genera su propio discurso. En este sentido lo artístico es el texto mismo y lo estético es la realización que el lector hace de él.

La teoría de la recepción es una nueva estética en la cual el autor, la obra y el lector entran en una relación dinámica. Para apreciarla es necesario reconocer la carga emocional significativa de la lectura. La narración oral escénica según Francisco Garzón Céspedes es “la realidad recreada fuera del espejo…”, “…un acto creador…”,”…es parte del arte escénico…”; así pues, al narrar se hace un descubrimiento, una recreación, se genera una motivación y una profundización de esa otra necesidad de encantamiento y aprendizaje que es la lectura.

En la narración oral escénica se pueden identificar tres personajes; el narrador, que tiene que tener una motivación interna que lo lleve a la urgencia de contar; el público o circunstancia, que tiene que ver con la edad, el lugar, la fiesta o el motivo de la reunión; el cuento, que se relaciona con la personalidad del narrador, el cual crea su propia estructura del cuento. Esta estructura se compone principalmente de un comienzo o anzuelo, para atrapar al público y llamar su atención, esto se puede realizar a base de sonidos, movimientos, ritmos o de una forma clásica (Había una vez…) o combinar varios de ellos; el desarrollo es la parte fundamental en la que el narrador puede omitir, ampliar o alterar el cuento de modo que se adapte a su asociación y construcción mental del mismo, es importante señalar que en el desarrollo debe haber un nudo o conflicto, una cadena de sucesos y un climax, para poder mantener la atención de los receptores y que al omitir, ampliar o alterar el cuento debemos de dejar en él las partes y/o frases esenciales y cruciales de la historia original que nos puedan ayudar en la cadena de sucesos; porque la narración oral no es un cuentito, no es una dramatización teatral; es el tomar la identidad de los personajes, es espontánea, es creativa, tiene un carácter emotivo y gestual.

Para lograr un buena narración, el narrador tiene que tomar en cuenta algunos detalles: la voz, el que los receptores no sepan escuchar, la entonación, los signos de puntuación, la velocidad de narración, la postura y, el sentido y significado del cuento. En la voz, se tiene que tomar en cuenta los rasgos geográficos o ambientales del narrador o su forma natural de hablar debido a su entorno familiar y psicológico, su forma de respirar, su timbre o color de voz y la velocidad.

¿Qué hacer cuando los receptores no saben escuchar?, por lo regular se sabe oír, pero no se sabe escuchar, por eso hay que utilizar el andamiaje corporal a la hora de narrar, eso atrae la atención de los receptores que dejan de oír y ponen atención para saber a qué corresponde cada movimiento o gesto. En cuanto a la postura, se deben adoptar diferentes tipos de lenguaje como el de la mirada, el mímico, el desplazamiento, la proximidad y el tacto, más no es aconsejable abusar de todos ellos o de uno solo, hay que balancearlos.



El arte de la narración oral escénica es un trabajo que requiere experiencia y habilidad, pero no es imposible de lograr y es una herramienta eficaz en el acercamiento a la lectura una vez que se maneja y se practica constantemente. Para lo cual el narrador debe romper la barrera de sus sombras y prejuicios, romper los muros de sus miedos internos; sacándole el máximo provecho a sus limitaciones tanto como a sus habilidades y así dar el paso hacia una “travesía creativa” que puede ayudar a trabajar no sólo en la narración oral, también cualquier proyecto que se tenga en mente.

Tomado del blog Educación y docencia http://educacionydocencia.com/2009/05/01/la-narracion-oral-escenica-en-la-promocion-de-la-lectura/

A Teodoro Petkoff por su editorial EL CUENTACUENTOS










Ilustración tomada de Galería de Mariana Seoane en ilustradores.com


Caracas, 19 de enero de 20010.

Estimado Dr. Teodoro Petkoff:

Con el interés correspondiente, y con una muy seria preocupación, leí su Editorial EL CUENTACUENTOS de ayer lunes 18 de enero del primer mes del año recién iniciado. Máxime por la foto de la persona que ilustra y acompaña la primera página de TalCual. Siempre tan “CLARO Y RASPADO”.
Aclaro que desde sus inicios he sido, soy y seguiré siendo un lector constante de sus editoriales. Y de los “Humor en serio” de Laureano Márquez.
El interés y la preocupación crecieron palabra a palabra con la lectura. Sentí la claridad de lo expuesto en su editorial. Pero, también sentí que su título nos raspa el nombre de un oficio que varias personas ejercemos en el país y, muchos, hemos sabido dignificar.

Al arte de narrar cuentos, que es el oficio más viejo de la tierra (*), lo ejerzo personalmente desde hace más de cuarenta y tres años. Primero como docente en Literatura, luego como exiliado y como padre de familia, hasta llegar a ejercerlo profesionalmente en numerosos Festivales Nacionales e Internacionales, en la fundación y dirección de las agrupaciones de Narración Oral Cuentos de la Vaca Azul y, en la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas, como docentes en los Seminarios de las Escuelas de Educación y de Letras y como Director de la agrupación Narracuentos UCAB, que es la agrupación de los mal llamados “cuentacuentos” (**) de nuestra prestigiosa casa de estudios.
Le aclaro que mi preocupación se vio acrecentada cuando, al mediodía de ayer, como las casualidades no existen, me entregaron desde Locatel, el número 33 de la revista + salud. La de ahora, de enero del 2010. En su página 13, aparece una nota dedicada a mi trabajo. Ilustrada, además, con una buena y ocurrente foto en la que estoy narrando a un pequeño grupo de niños.
Su antetítulo es: “Armando Quintero, cuentacuentos” . Y, su título: “El cuento revitaliza lo mejor del hombre” que es una parte de una cita textual, tomada de mis palabras por la persona que realizó dicha nota.
Tanto el antetítulo como el título se tornan doblemente preocupantes por comparación. La importancia de esta revista, que quizás sea de un alcance más focalizado que el de su periódico, tengo entendido que es significativa. Como significativo es lo contradictorio que resulta al enfrentarlo con el título de su editorial. Que, sobre todo, nos cuestiona como narradores orales y como las personas que dignamente ejercemos el viejo oficio. ¿No le parece?

Máxime que, desde las cinco de la tarde de ayer, en la voz de algunos de los entrevistados por un programa reconocido y, luego, por los periodistas del canal en el cual usted mismo fue entrevistado, se utilizaron términos como “cuentacuentos”, “puro cuento” y otras menciones descalificadoras. Y me sentí dolorosamente aludido. Noté, y lo destaco, que usted eludió el juego en el que se le quiso meter en un momento. Al menos, tomó un silencio prudencial.

Quienes conocen mi trabajo saben por dónde van mis palabras cuando cuento. Y la coherencia de mis actos en relación con ellas. Eso no me angustia. Pero, no deja de preocuparme que se generalice el vocablo, hecho muy común en el país, y el término “cuentero”, que hubiera sido el correcto, sea cambiado por “cuentacuentos”. Eso sí, sería peligroso. Y, si me lo callo, lo otorgo.

Para finalizar, vaya una breve anécdota personal que creo tiene mucha relación con el tema. Y, hace comprensible el uso que Usted hizo del vocablo.
Hace un par de años, al entrar a mis actividades en la Universidad, en el cafetín que está al culminar la pasarela del metro, se habían reunido un grupo de profesores de posgrado. Uno de ellos me llamó e, inmediatamente, me dijo:
- Te están buscando del gobierno.
No voy a decir que no me preocupó lo de “te buscan” unido a “gobierno”. Tanto usted, como yo, en sus respectivos tiempos y situaciones, lo sabemos.
- ¿A mi? – respondí extrañado - ¿Y, por qué?
- Para que les enseñes a contar cuentos.
- ¡Ah! No, chico - respondí de inmediato – están equivocados. Yo cuento cuentos y, eso, todo el mundo lo sabe. Pero no digo mentiras.

Y, de “eso” me precio. He sabido reunir con precisión ética y estética. Por formación. Gracias a los excelentes educadores que siempre he tenido.
Y no dejaría de indicarle a nadie un error cometido que, como en el caso del docente anterior, se inició al elegir un uso equivocado de una palabra que, en nuestro entorno logró, a esfuerzo y corazón, cierto respeto por su dignidad.
Siento que su editorial nos hará trabajar más para revitalizar y dignificar el mágico oficio que ejercemos. No viene mal. Lamentaremos todo lo que se pueda seguir distorsionando el vocablo. Trabajaremos para que no sea así.
Sin más y esperando de su parte una rectificación de lo expuesto o, al menos, una aclaratoria. Le saluda muy atentamente,

Armando Quintero Laplume
http://cuentosdelavacaazul.blogspot.com/

Notas
(*) “Hace ya bastante tiempo”, un poco en broma y mucho en serio, le dije a un alumno de uno de mis talleres, que discutía con otro, no sé por qué, y le aseveraba que el oficio más viejo de la tierra era la prostitución: - “Tenga cuidado. No se deje convencer por lo que se dice. Para que exista una prostituta, tuvo que existir uno que le contara un cuento y ella se dejara convencer. Es seguro que tuvo que existir un narrador de cuentos”. No estoy convencido que eso sea tan así, y menos que siga siéndolo. No hay manera de comprobarlo. Además, “al menos yo, no estaba ahí para aseverarlo”. Como decía un viejo amigo bromista, el ceramista uruguayo Prof. Tomás Cacheiro, cuando se refería a los inicios de la humanidad en sus clases de Historia del Arte de Magisterio.

(**) Muchas veces hemos señalado nuestras discrepancias sobre el uso del término “cuentacuentos”, que es la palabra que comúnmente nos identifica en Venezuela. Tengo, en mi texto ¿Quieres contar cuentos?, publicado en http://www.analitica.com/media/3183637.pdf , una lista de Algunas definiciones para el oficio que pueden consultarse.

En este blog, puede ver dichas definiciones en el archivo del mes de junio del 2009.


Respuesta de Teodoro Petkoff



paraArmando Quintero Laplume
fecha19 de enero de 2010 19:35
asuntoRE: A Teodoro Petkoff por su editorial EL CUENTACUENTOS



Amigo, no sabe cuanta razón tiene y me apena haber incurrido en ese error. Sabe bien que mi intención no era despectiva sino subrayar la condición de cobero y cuentero, como usted dice, del interfecto. Disculpeme. Saludos cordiales. teodoro


Para ver el editorial de TalCual del 18/01/2010 pulse aquí abajo:

http://www.escondiendolanoticia.com/en/mas.php?%20idnoticia=7500