Clarissa, la vaca azul

Clarissa, la vaca azul
paseando por el campo

jueves, 26 de septiembre de 2019

Un paseo por el laberinto de un cuentacuentos


Las preguntas de Ariadna Szeplaki  
Una entrevista a Armando Quintero, el narracuentos

Fotomontaje de Freddy E. Lacruz Moreno

Antes de comenzar. 

No puedo dejar de lado que, de verdad, verdad, me siento como un Teseo al entrar al laberinto. Toda entrevista tiene algo de ello. Observen conmigo. Ante cada pregunta, uno da vueltas, gira y vuelve a girar: busca aquellas palabras que lo lleven a una salida, la mejor posible. Para el entrevistador, como para el entrevistado. Pero, sobre todo, por el respeto al lector. Y, en este caso, ¡qué susto! Es imposible ignorar que, quién está conduciendo el hilo de toda esta conversación, se llama Ariadna.
Para finales de los años 50, comienzos de los 60, en “un pueblo de campaña, la ciudad de Treinta y Tres”, donde nací y crecí, la vida me donó a tres hermanos del corazón, Juan Baladán Gadea, músico, Manuel Oribe Sosa (+), pintor, y Bolívar Viana, ceramista. Con ellos conversábamos -mañanas, tardes y noches- sobre nuestras lecturas de todos los autores de las generaciones españolas del 98 y el 27,  como también, entre otros, de Sábato, Camus, Neruda, Vallejo, Octavio Paz y todo cuanto laberinto pudiera llenar nuestras soledades de aldeanos, tentados por el fruto del bien y del mal y con unas ganas enormes de cambiar el mundo. De ahí el punto.

1.     ¿Quién es Armando Quintero? desde lo personal. 

Un quijotesco personaje, al estilo de Don Alonso Quijano, “a quien sus costumbres le dieron el renombre de El Bueno”. Suponemos que algo trastocado como lo es el loco de la conocida balada de Ferrer-Piazzola. Y, paseando por unas callecitas, aunque ellas no tengan “ese no sé qué, ¿viste” y sean sin tan buenos aires. Cierto día, dejó su “banderita de Taxi Libre” extraviada en algún lugar del universo. Lugar  del cual -como Don Miguel de Cervantes Saavedra, “el nada manco para escribir sobre el otro”- tampoco quiere acordarse. Ni un poquito así. Se hizo Docente en Literatura, escritor, pintor, ilustrador, dibujante, con diplomados en Literatura Infantil, Comunicación Social,  Lectura y Escritura, entre otros estudios. Y, como un ser humano cualquiera, en un momento de su vida, sin casi darse mucha cuenta de ello, decidió hacer realidad a otro de sus tantos sueños maravillosos. Al creer en el atrapante amor a las palabras que se dicen, esas que se expresan, ética y estéticamente, no sólo con la voz sino con el cuerpo y otros lenguajes, eligió estudiarlas desde sus orígenes, aprender sus diferentes técnicas, recursos y su teoría para lograr, desde sus entrañas, no sólo desde su corazón, una relación de comunicación más directa, eficiente y afectiva con los diversos públicos con los que coparticipa. Por su esfuerzo  constante se transformó en un cuentacuentos, cuentero o narrador oral escénico como, a usted, le guste llamarle, a su imagen y semejanza. Nunca en un cobero.
2.     ¿Cómo nace tu amor por los cuentos? 

Desde antes de nacer. Y no es un cuento de un fabulador árabe. ¿Cuándo y cómo lo supe? En Monterrey, México, al comienzo de la década de los años 90. En un sitio que, quizás para que nadie se escandalizara, aparentaba ser una elegante restaurant.  Pero, te aseguro, era un palacio de Las mil y una noches, versión Art Nouveau. Finalizábamos la presentación de gala del III Festival Iberoamericano de Narración Oral Escénica. De pronto, en medio de los muchos saludos y alabanzas recibidas, Jairo Aníbal Niño me apartó para decirme que íbamos a celebrar ese logro, solos. Para el momento, mi vestuario era blanco y conservaba el bigote y el cabello de mediados de los sesenta. No me extrañó sentirme como un elegante príncipe árabe. Sobre todo cuando nos abrieron las puertas del taxi, nos acompañaron a ascender por las iluminadas escaleras hasta la puerta principal y, desde allí, otros nos llevaron hasta la mesa reservada. Hermanos del corazón desde 1990, cuando nos conocimos, en el Primer Festival Internacional de Teatro de Bogotá, también sentí –aún lo siento- que éramos el Sultàn Schariar, el hermano mayor, y el príncipe Schahzamán, aunque la fidelidad de nuestras esposas nada tenían que ver con las de ellos y Scherezade es la maestra de ambos. Y de todos los narradores orales que se precien de amar las palabras que se dicen y ejercen el oficio profesional de ofrendarlas. Solía decir mi padre: -“Si así es la entrada, cómo será lo que sigue”. Dejo a tu libre imaginación todos los detalles de esa cena y de su servicio. Solo agrego que cuatro mesoneros estaban siempre a nuestro lado, atendiéndonos. Dos más nos servían la cena. Los cuatro primeros trataban de mantener las cervezas con un frío casi constante. Tantos los altos vasos, como ellas, se sacaban, para ambos, blancos de escarcha. Al diluirse la misma, desde dos pequeñas cavas, colocadas a nuestro lado en unas mesas pequeñas. En ese ambiente se desarrolló toda nuestra conversación. Ahora, al fin, llegamos al punto anunciado: mi relación amorosa con el maravilloso arte de narrar cuentos que conocí antes de nacer, estando aún en el vientre materno. Comentario que le hice a Jairo Aníbal, el hermano mayor, el sultán de las palabras que se dicen, al recordar, en medio de la conversación cómo mi madre disfrutaba de los sucedidos que narraban los campesinos en la hacienda de mi pequeño paisito. Estando embarazada del amor de mi padre, a la hora de los cuentos, orientaba su vientre hacia la voz del narrador. “Recuerda” –me dijo el fabulador árabe que Jairo llevaba en sus venas- “uno flota en el líquido amniótico como un submarino, así que no solo los escuchabas pegando tu oído hacia afuera en el vientre, también los veías, porque utilizabas el cordón umbilical como un periscopio”. Entonces, como una revelación, comencé a precisar todo. Con la claridad de una hermosa película en pantalla panorámica. Incluso, me vi en el abultado universo del vientre marino de mi madre donde no flotaba solo, sino con la única hermana que tengo. Y recordé cómo, con unas pequeñas pataditas, ella me solicitaba que le narrara lo que estaba viendo y escuchando Es por ello que, sin querer parodiar al famoso Martín Fierro, te puedo aseverar, sin que me quede nada por dentro, que “desde el vientre de mi madre vine a este mundo a narrar”, como lo he dicho, lo digo y diré muchas veces.

3.      ¿Quiénes te inspiran para la realización de tú trabajo? 

A saber, el maravilloso baúl de los recuerdos donde conservo objetos sencillos, seres mágicos y coloridas anotaciones de mis vivencias o de las de algunas personas de mi entorno más preciado. La lectura y búsqueda constante de nuevos cuentos. Una biblioteca de muchos estanterías, tanto en la sala como el las tres habitaciones que, mientras se podía, cargué de libros de la literatura universal e iberoamericana. Una buena selección de cuentos para niños y jóvenes que releo casi periódicamente. También me inspira el estar muy abierto y atento a todos los acontecimientos o situaciones cotidianas que pueden generar muchos sucesos narrables. La conciencia del tipo de público que tengo enfrente, del lugar donde están y desde donde voy a narrarles, como la seguridad del tiempo que estaremos compartiendo. Como la conciencia de improvisar ante las eventualidades. Y, por supuesto, esos deseos, muy lorquianos, de amar y ser amado por aquellos que asisten a mis presentaciones.

4.     ¿En quienes te basas para inspirarnos de la manera que lo haces?

En los cuenteros de sucedidos de la estancia (hacienda) cercana a mi pueblo donde transcurrieron mis primeros años de infancia; en el entusiasmo y constancia de las dos maestras de la Escuela Granja de La Calera que nos iniciaron en la escucha de la lectura de cuentos y poemas para que, luego, lográramos aprender a escribir y a leer con similar constancia y entusiasmo; en los abuelos del corazón que nos narraban y leían cuentos o poemas como si fuéramos sus nietos de verdad, verdad; en los conocimientos, lecturas y aportes de los padres y hermanos del corazón que la vida me permitió conocer y reconocer, como Tomás Cacheiro, Julio Macedo, Orfila Bardesio, Domingo Bordoli, Jorge Albistur. Las relecturas de los cuentos y poemas de autores como Homero, Dante, el romancero tradicional español, El Poema del Cid, Jorge Manrique, Fernando de Rojas, Cervantes, Shakespeare, Goethe, Voltaire, que siguen siendo muy actuales. La lectura permanente de los textos teóricos sobre el arte de narrar cuentos  tanto como muchos de los aportes a la educación, el lenguaje y la literatura de seres que despertaron nuestra conciencia y alegraron nuestros corazones al hacernos ver que podemos ser, al día, mejores seres humanos. Cito, entre otros, a Gianni Rodari, Ítalo Calvino, Fernando Savater, Humberto Maturana, Rafael Echeverría y Francesco Tonucci. Y la seguridad de aplicar, siempre, frases como: “Se improvisa sobre lo que se sabe, no sobre lo que se olvida o desconoce” de Enrique Buenaventura, el Director del Teatro de Cali, Colombia, o, “La mejor improvisación es la que se ensaya” de Charles Chaplin.

5.      ¿Cuáles son los retos que te enfrentas ahora en Venezuela y como los llevas? 

No es fácil narrarle cuentos a un corazón con el estómago vacío. No es fácil hablar de paz cuando quien está a tu frente viene con un arma cargada.  No es fácil contar cuando quién te escucha es torturado o asesinado por la inseguridad, la cárcel, el exilio. O, maltratado por la impunidad, la mentira y el engaño permanente. Pero...

6.     ¿Algo más que quisieras comentarnos? 

La vida sigue y aún estoy en ella. Mientras esto suceda, resistiré narrando. Al menos para abrir alguna puerta o alguna ventana en los oídos de quienes me escuchen. No pretendo cambiarle la vida a nadie. Pero, por esa puerta o por esa ventana abierta, sé que el cuento llegará a un corazón. Su dueño elegirá, cuando ello suceda, qué hacer.


7.     Un cuento a modo de Epílogo

No me lo preguntaste, ni me lo pediste pero es parte de mi cerrar con un cuento.
.


Acaba de llover en el lugar.
El sol se asomaba detrás de una nube gris que se iba poco a poco.
    Cascarudo Testarudo va a pasear —dijo el escarabajo. Y salió de su cueva.
Camina que te camina se acercó a un riachuelo que corría por allí.
    Este animalito se va a navegar —comentó Cascarudo Testarudo.
En la grama encontró una hoja seca y grande y la arrastró hasta la orilla del agua para subirse a ella.
Búho Pirujo, que lo venía observando desde la rama de un árbol, le chistó:
    ¿Y tú, sabes nadar?                                
Cascarudo Testarudo cerró los ojos, pensando.
Y, sin ninguna palabra, llevó la hoja hasta donde la había encontrado.
Luego siguió su camino. Pasito a pasito, mirando hacia arriba.
En un árbol cercano había una hoja que estaba por desprenderse.
Cascarudo Testarudo trepó por el tronco, llegó a la rama donde estaba la hoja, se montó en ella y se dejó caer.
Cascarudo Testarudo volaba.
Búho Pirujo elevó tanto sus chistidos que resonaron por todo el lugar:
    ¡Miren, ustedes!: ¡Primer escarabajo aviador que veo!
Cascarudo Testarudo, saludó al búho y regresó a su cueva.
Acababa de terminar su paseo, ¡que fue toda una aventura!

El cuento pertenece a mi último libro Cascarudo Testarudo y el baúl del abuelo. Es su texto inicial. El libro que cuenta las aventuras y desventuras de un escarabajo pelotero que, como todos los seres de su especie –una de las más numerosas entre los seres vivos- es un verdadero canto a la vida y a la esperanza. Un símbolo de la resistencia y la adaptación a todo tipo de situaciones. Los escarabajos fueron  adorados en tiempos de los faraones. Recuerda que era una cultura que se gestó a las orillas de un río. Va como regalo a tu constancia y esfuerzo en el trabajo que haces.



miércoles, 3 de julio de 2019

Armando Quintero dice adiós a la UCAB




Armando Quintero dice adiós a la UCAB luego de 30 años contando historias que hacen país

El emblemático narracuentos de la universidad cerró un ciclo de tres décadas estimulando la imaginación de varias generaciones a través de la palabra. A propósito de su retiro, El Ucabista le realizó una breve entrevista en la que resalta el poder de los cuentos para cambiar la vida de la gente

Durante 30 años, siempre se le vio en el campus de Montalbán con una sonrisa y dispuesto a saludar a cualquiera. Vestido de azul (como la esperanza), Armando Quintero ha sido y será de esos personajes inolvidables para varias generaciones de ucabistas.
Conocido simplemente como el Narracuentos, este hombre de andar pausado y cabello blanco supo desde muy pequeño que su pasión era contar historias. “Comencé a oír cuentos desde el vientre de mi madre”,  asegura para confirmar el porqué su vocación.
Nacido en la localidad de Treinta y Tres, Uruguay, en 1944, egresó de la Universidad de Uruguay como profesor de literatura. Cuando tenía 22 años comenzó a narrar cuentos en las aulas de clase en las que estudió. La impusión de una dictadura militar en su país, a principios de los años setenta, lo obligo a convertirse en emigrante y así fue como Venezuela se convirtió en su nueva patria.
Desde su arribo a Caracas, dedicó a su vida al oficio de la narración oral. Primero, a los exiliados argentinos, uruguayos y chilenos, a quienes buscaba reconfortar con la palabra,; luego en grupos de aficionados a esta disciplina.
En 1975, incursionó como narrador oral en las aulas de educación básica y comenzó a poner en práctica sus dotes, implementando técnicas dinámicas de enseñanza a niños de primaria en colegios hebreos como el Moral y Luces y el Sinaí.

Quintero siempre se tomó en serio su oficio y por eso buscó formarse académicamente para fortalecerlo. De hecho, es escritor e ilustrador -con varios libros y premios-, además de docente universitario. Estudió un postgrado de Literatura Venezolana en la Universidad Central de Venezuela, posee especializaciones en Narración Oral Escénica y Teatro en el CELCIT, un diplomado en Estudios Avanzados de Periodismo de la UCAB, uno en Literatura Infantil y Juvenil de la UDO y uno en Promoción de la Lectura y de la Escritura, también de la UCAB.
Precisamente en esta casa de estudios se desempeñó, entre 1989 y 2005, como profesor de Literatura Infantil y Narración Oral y Artes Escénicas, en las Escuelas de Educación y de Letras, siendo tutor de varias tesis de grado y postgrado. 
El mismo año de su ingreso se convirtió en el narracuentos UCAB  y fundó la agrupación del mismo nombre, a través de la cual se dedicó a la formación de narradores orales, la preparación de historias para contar y la orientación de alumnos, profesores y personas interesadas en el uso del lenguaje, no solo para estimular la imaginación sino para lograr una comunicación más eficiente. 
 El pasado 21 de junio, durante un acto realizado en el Centro Loyola con motivo de la jornada mundial de narración de cuentos, la Dirección de Cultura de la universidad le rindió tributo por sus tres décadas de incansable labor. 
A los 75 años de edad, Armando Quintero  dice adiós la UCAB  y entrega el testigo a las nuevas generaciones que formó, aunque asegura que solo es un “hasta luego”, porque él no puede dejar el oficio con el que nació.  El Ucabista aprovechó para conversar con él y rendirle homenaje a través de la palabra.

¿Cómo nació su pasión por contar cuentos?
“Desde muy pequeño me sentí atraído por la narración. Recuerdo que cuando tenía 4 años, estaba oyendo un narrador que estaba llegando al final de la historia y dijo que la terminaría en la hacienda La Estancia, que quedaba a cinco kilómetros de mi casa. Sabía que mi papá no me iba a dejar ir, pero yo agarré un caballo y me fui a escuchar el cuento.  Cuando terminó, me regresé y en la puerta vi a mi padre con un foete en su pierna. Yo sabía lo que venía. La portera estaba cerrada, me tenía que bajar del caballo para abrirla y por su puesto cuando levanté la pierna para cruzarla y bajar, ahí mi papá me dio con el foete. Ese golpe me lo merecía, es verdad, pero eso no me quitó el cuento. Desde ahí supe que me gustaba contar cuentos, por eso me volví profesor de literatura y por eso siempre se me ha sido fácil narrar historias”. 

¿Luego de 30 años en la UCAB, por qué decidió cerrar su ciclo como Narracuentos?
“No cierro el ciclo en la universidad. Creo que me voy a sentir un poco más libre con la jubilación, porque podré hacer otras cosas. Podré atender a mis nietos con mayor afecto, a mi familia con mayor afecto, sin un horario predeterminado y constante. No estoy cerrando un ciclo y menos en este momento. Cuando uno cuenta cuentos, mientras más viejo es mejor los cuenta, porque tiene más experiencia. ¿Cómo voy a dejar esto? Yo no puedo dejar un oficio que yo tengo desde que nací. Yo escuchaba cuentos desde la barriga de mi madre y los compartía porque en ese vientre yo no estaba solo, estaba con la única hermana que tengo y yo le contaba los cuentos que oía”.

¿Qué legado cree le deja a la comunidad luego de tres décadas formando parte de la vida muchos estudiantes, profesores y colaboradores?
“El de construir lazos, nexos, humanidad. Es increíble porque siento que, cuando me miran o me encuentran en otro lado, vas creando familia o afecto. Vas creando una amistad que siempre va a permanecer. Recuerdo cuando comencé recién en la universidad, yo venía de los colegios hebreos donde pasaba por las aulas desde preescolar hasta 5to año de bachillerato haciendo actividades recreativas a partir del cuento. El cuento que les conté a los jóvenes,  era de la etnia Warao, de un mosquito llamado Botoguito. A partir de ahí,  me gritaban por los pasillos: ¡Epa, Botoguito! Y así, también me han encontrado en algunos espacios fuera de la universidad con jóvenes que me miran y a veces no me dicen ni una palabra pero con la forma de mirarme ya sé que me recuerdan por lo que he hecho. Con niños me ha pasado que, de repente, no me dicen ni una sola palabra, solo se acercan a mí, me halan la ropa y me abrazan la pierna”.

¿Sirve la narración de cuentos para hacer país?
“Por supuesto. Creo que este país necesita cuentos de los buenos, no mentiras, eso es importante distinguirlo. Este país necesita historias que permitan al otro sentir que el ser humano sigue vivo, porque cuando uno cuenta un cuento realmente lo que está es permitiendo que el otro imagine, que el otro sienta, que el otro  se reconozca como el ser humano que es en relación con los otros seres humanos…Por eso, más que servir, narrar cuentos hace país. Porque posiblemente un cuento no te cambiará al mundo, pero sí puede cambiar al hombre, mujer o niño que lo escuchó, que sintió y vibró con ese cuento y pudo saber que hay en él un ser humano allí vivo, que siente, que colabora con el otro”.

Precisamente por esto, y desde cualquier escenario, Quintero sostiene que seguirá haciendo magia con las palabras y regalando fantasía a los niños y a los adultos.
Los amantes de su trabajo pueden seguir su blog Cuentos de la Vaca Azul  o su cuenta de Twitter @lavacazul.
Y si se lo encuentran en alguna calle no teman saludarlo, porque muy seguramente les responderá con una sonrisa y les contará una historia que les reconfortará el alma. 

Texto: María José Rodríguez/Fotos: Archivo y Cultura UCAB

domingo, 20 de enero de 2019

Confesiones con Adriana Rodríguez / En su blog: Leamos cuentos y crónicas latinaoamericanas.

La vida no es otra cosa que un gran conjunto de historias: la de nuestro país y la de nuestra familia; la que nuestros padres imaginaron para nosotros cuando aún no nacíamos, las que nos contaban antes de dormir, las que nos suceden todos los días y las que escuchamos esperando en un café, sentados en un bus o haciendo la cola en un banco; las que nos confían nuestros amigos en calidad de secretos inconfesables; las que vemos en las películas o leemos en los libros; las que creamos, las que nos crean... Contamos –y nos cuentan– historias permanentemente, y hay quienes hacen de narrar algo más que una simple actividad cotidiana, convirtiéndola en su modo de vivir y de estar en el mundo.

Uno de esos personajes hechos de historias, cuya vida, además, parece un maravilloso cuento, es el invitado de esta entrevista: Armando Quintero Laplume. Uruguayo de nacimiento, venezolano de corazón, es docente de literatura, escritor, ilustrador y cuentacuentos; la palabra ha sido la gran protagonista de su vida, tanto en lo personal como en lo profesional, y haberlo conocido fue uno de los mejores regalos que recibí en el 2017.

Conversar con él, leer sus cuentos o ver sus presentaciones de narración oral es asistir a momentos llenos de una magia indescriptible, y descuace ya algo más de un año, en un lindo parque de Caracas.
brir a una persona que nos devuelve la fe en la imaginación y la fantasía, regalándonos un sinfín de sonrisas y de invaluables lecciones de vida. Es por ello que me complace enormemente presentarles el maravilloso diálogo que sostuvimos una tarde de diciembre, h
Espero que disfruten esta entrevista tanto como yo, y agradezco a la vida el privilegio de poder conocer y compartir con personas como Armando Quintero  Laplume, un abuelito literario a quien admiro y aprecio con todo elcorazón.

Con ustedes, sin más preámbulo, las “Confesiones” de Armando Quintero Laplume.

Pulse en el enlace: 






jueves, 11 de octubre de 2018

Talleres de Narración Oral

ATENCIÓN A LAS PERSONAS INTERESADAS EN EL ARTE DE NARRAR CUENTOS ORALMENTE (cuentacuentos) COMIENZAN LAS INSCRIPCIONES PARA LOS TALLERES DE NOVIEMBRE. SE ABRIRÁN TRES TALLERES DOS EN LA UCAB Y UNO EN LA UCV.

Teoría y práctica se combinarán con ejercicios, juegos, comentarios y reflexiones.

He aquí el primer aviso del mismo. Cupo limitado. Llamen o acudan a partir del lunes 15 de octubre

viernes, 14 de septiembre de 2018

Un saludo a las VII Jornadas Treintaitresinas de Literatura


Amigos olimareños les saludos desde el corazón.
Y comparto con ustedes el video donde leo un poema de León Felipe.
¿Qué hace poeta español de la generación del 98 en nuestro encuentro?
Creo que todos saben que sus palabras vivieron y viven en el viento.
Sí: allí donde viven los seres aventados de su país, los exiliados.
Pero, en este caso y en algún momento, como digo en el texto, él, pasó por el pueblo.







          León Felipe pasó por mi pueblo
          Armando Quintero

            Como si fuera la letra de un tango, con su filosofía de lo cotidiano,  algo nos dice que, cuando el tiempo pasa, muchas veces, los seres y las cosas se desdibujan, los hechos se distorsionan. Sin embargo, el recuerdo nos permite pasar todo de nuevo por el corazón.
            Así se me aparece, con una constancia casi infinita, la imagen del poeta español León Felipe visitando a mi pueblo, diciendo sus poemas en una nochecita de verano y luna llena.
Recuerdo a un viejo hombre vestido todo de blanco, con barbas y cabellos blancos, sombrero blanco y un elegante bastón negro.
¿Hablaba de la España dolorida, de su exilio y el de miles de españoles dispersos por el mundo? Sólo sé que decía. Y decía como un patriarca hebreo.
            Comparación que no es para nada extraña. En estos días, conversando con Bolívar Viana, un hermano del corazón, él me recordó que Tomás Cacheiro siempre comentaba:
― León Felipe parecía incapaz de matar una mosca pero, cuando se ponía a recitar sus poemas, se convertía en un verdadero león”.
El poeta, además, amaba tanto su poesía que, cualquiera al oírlo quedaría convencido de que, en cualquier instante, se convertiría en palabras para volar con el viento.
            Es esa imagen de patriarca, con su sonoridad, la que se grabó por siempre en todo mi ser. Aunque, en aquel momento, la mirada que la registraba tendría unos cuatro años.
            Muchos años después, en una nochecita de verano de vinos y conversas, a las orillas del río Olimar –también con luna llena– Tomás Cacheiro nos contaría que, en ese recital realizado ante el público del Ateneo de Treinta y Tres, en Uruguay, el poeta, con todo el dolor de su ser errante, entró diciendo:
“Yo no tengo sillas
yo no tengo sillas
yo no tengo sillas donde sentarme”
            El Tata Zabalegui, empeñoso compañero, casi “analfaorejas” (Cacheiro dixit), que estaba en los primeros puestos de un auditorio repleto, se levantó con la silla en la que había estado sentado tomada firmemente entre sus manos de mecánico y se acercó, diciéndole:
   Sírvase Don León. Aquí tiene una.
León Felipe que, más que a la voz, escuchó a los latidos de ese corazón que no entendiendo lo que él estaba recitando, sin embargo, le demostraba estar casi loco de la posibilidad de ser solidario. Lleno de asombro, pero con la alegría, la ternura y la fuerza de la que era capaz, Don León le respondió:
   No me refiero a esa clase de sillas, compañero.
Y continuó con su recital poético.
El silencio creció.
Se hizo redondo y orondo.
Como la luna llena que iluminaba al pueblo.
Y a esa tardecita redonda y oronda de poesía.

Han pasado más de sesenta y cinco años, sin embargo, el recuerdo de la voz del poeta que pasó por nuestro pueblo aún se escucha en el corazón de muchos de nosotros.

Texto: Armando Quintero.  Video: Freddy Lacruz.

lunes, 13 de agosto de 2018

VII JORNADAS TREINTAITRESINAS DE LITERATURA

            A mediados de septiembre, en mi ciudad natal, se realiza por séptima vez:

Jornada literaria en Treinta y Tres
VII JORNADAS TREINTAITRESINAS.
Las voces de un lugar al Este. Narrativas de la Región: realidad y ficción.

Los ejes son: Narrativas literarias y artísticas.
                      Narrativas históricas, sociológicas.
                      Narrativas didáctico-Pedagógicas.


Primer eje: Narrativas literarias y artísticas.

Las palabras de León Felipe (Véalo a continuación o haga clic en el siguiente enlace)

https://www.youtube.com/watch?v=n-PPiZqEDHs&feature=share


Los cuentos que no se saben los treintaitresinos de ahora: 1) El de los cuenteros del pueblo, los contadores de sucedidos y 2) El de los abuelos cuentacuentos.

Los contadores de cuentos campesinos que luego, algunos de ellos, pasaron a la ciudad:  La ceremonia (casi ritual) del cuentero en la estancia de El Trece, frente a la Escuela de La Calera: el parsimonioso armado del cigarro, la silla que es volteada, el atizar el fuego con una ramita, el encender el cigarro, el volver a la silla para sentarse a horcajadas,  para apoyar los brazos sobre su respaldo y decir las primeras palabras: “A mí me dijeron” o “Andan diciendo por ahí”, nunca, “Había una vez”.


Los abuelos Lucrecio y Felipa Veloz, que nos leían y nos narraban cuentos en las noches antes de dormir; los dos esclavos libertos: El Negro Ricardo, que se sentaba a las afueras del Mercado Torres y Doña Saturnina, la curandera del barrio 25 de agosto y de El Palomar.

Todo ello nos orientaba a las lecturas en mi casa desde la casa de los abuelos, tanto como en la escuela, en la biblioteca municipal, la secundaria y en los libros de las bibliotecas personales de los docentes motivadores. Y llevaron a la formación docente inicial con el Plan Piloto de 65 y la formación hacia la docencia en literatura y la narración oral como arte de la escena.



martes, 24 de julio de 2018

¿Vieron que se hizo el milagro?



Luego de una espera muy interesante, al fin, amanecimos con el video clip "Te conocí" de la agrupación juvenil 4K para cuyo hilo narrativo fuí seleccionado. Siempre lo supe, desde muy pequeño,  con "los decidores" y los narradores de "sucedidos" de mi pueblo natal. También con las películas del cine mudo que veíamos en la matiné de nuestro "biógrafo", como se le llamábamos al cine. Pero, ver que uno puede llevar el hilo narrativo de una historia sin decir ni una palabra, a sólo gestos, no lo había experimentado con tanta intensidad y en tantas horas de trabajo. Me disfruté y entregué a cada momento. Eso, como me lo han dicho en algunos comentarios orales y escrito, se nota muy claro. Ahora, les toca a cada uno de ustedes disfrutarlo y compartirlo. Se los agradeceremos mucho, desde el Director del video y los cuatro muchachos del grupo, hasta cada uno de los otros talentos participantes, cada uno de los técnicos como, también, de parte de todas y cada una de las personas responsables de un trabajo tan bonito y conmovedor. Abrazos agradecidos. Esperamos comentarios.

Toma Cultural Infantil del Sector Pueblo Nuevo en la Parroquia Antímano



En el marco de las líneas de acción social del Plan Estratégico de la Universidad Católica Andrés Bello, el Centro Cultural de esta casa de estudios se trasladó este sábado 21 de julio de 2018 al Sector Pueblo Nuevo en la Parroquia Antímano, con el propósito de realizar la toma cultural infantil de esta populosa zona caraqueña ubicada al oeste de la ciudad capital.

A propósito de la celebración del Día del Niño, la toma cultural consistió en la promoción de tres grandes actividades, que incluyeron  la presentación de los narradores orales Armando Quintero y Alejandra Santana, quienes deleitaron al público presente con sus destacados cuentos de la literatura infantil.

Seguidamente el Centro de Arte Daniel Suárez en conjunto con el Centro de Estudiantes de la Facultad de Derecho de la universidad  organizó a los casi cuarenta niños que asistieron al encuentro para ofrecerles el  taller de arte Crear y Dibujar Imágenes a través de materiales de reciclaje.

Los niños tuvieron la oportunidad de construir excelentes propuestas artísticas bajo la guiatura de Carmen Pérez y Daniel Suárez, miembros facilitadores del Centro de Arte Daniel Suárez.

Gracias a la impecable organización de los habitantes del sector y del quipo de trabajo del Centro Cultural de la UCAB, la toma cultural cerró con la extraordinaria presentación de la agrupación Los Niños del Bolero, quienes deleitaron a los presentes con un show de música romántica de grandes compositores latinoamericanos.

Cabe destacar, que esta agrupación está integrada por 5 niños entre 9 y 12 años de edad, que interpretan temas de grandes compositores como: Cesar Portillo de la Luz, Miguel Matamoros, Consuelo Velásquez, Bobby Capó, don Pedro Flores, entre otros.
Ramón Esteban, productor y director general de la agrupación, expresó que “estos niños con excelentes estudiantes, excelentes artistas, y desde hace 10 años, los Niños del Bolero se han convertido en los embajadores infantiles de la música romántica, siendo el único grupo infantil que interpreta este género en Latinoamérica”.
En ese sentido, Esteban expresó su más profundo agradecimiento a la Prof. Mabel Calderín, directora del Centro Cultural por la oportunidad de presentarlos en esa importante zona popular de la ciudad capital.