Clarissa, la vaca azul

Clarissa, la vaca azul
paseando por el campo

jueves, 26 de junio de 2014

Estamos en Pequeños Entreversos


Este fue el saludo que recibimos en el día de hoy de la Red Internacional de Cuentacuentos:

Muy buenos los poemas, los cuentos y las intervenciones.

¡Ya están en la tele, compañeros!

Lo difundiremos.

Abrazos desde el mundo de los cuentos,

Enrique Páez y Beatriz Montero
Coordinadores generales de la RIC

Nos emociona compartirlos con ustedes.
Nos llamaron como invitados para el segundo programa, luego, continuaron las invitaciones y ya nos comunicaron de la maravillosa posibilidad de tener un segmento en el mismo.

Ha sigo muy agradable la empatía que se ha generado, desde el primer instante que comenzamos a grabar, con todos los responsables del proyecto. Desde los conductores, la actriz Mariana Francisco y el joven animador Daniel Marsiccobettre, pasando por todo el equipo de grabación, el personal técnico y las maquilladoras. Ha sido como sentirse en casa.

He aquí las dos primeras muestras de este nuevo logro para la narración oral,  los programas 2 y 4. Estos son los enlaces para verlos.

https://www.youtube.com/watch?v=zsKqhF2vFeo

https://www.youtube.com/watch?v=1BrPXE1ZnFo

También pueden verlo en mi canal de youtube, en favoritos. Son los videos 14 y 15.

https://www.youtube.com/watch?v=1BrPXE1ZnFo&list=FLGgOnP9jSjOKdHLkoMEqeJw

miércoles, 18 de junio de 2014

No todos tienen este previlegio






A partir de un comentario que me hizo la cuentacuentos y coordinadora de la Red Internacional Niré Collazo, paisana y amiga, salieron estas palabras. 
Dejo claro que su comentario no fue hecho con la intensión de molestar sino de valorar un texto publicado por mí. 
Las he sacado de la conversación porque quiero hacerlas del conocimiento de todos.
Para mis coterraneos de allá, mi patria de nacimientos, y por los de aquí, mi patria de adopción, cuando quieren olvidarse que uno también es venezolano.
Así como a los brasileños les ha quedado la espina de Ochoa, desde la infancia, tengo una que aparece de vez en cuando. 

En Treinta y Tres, la ciudad donde nací, que siempre recibió a muchos emigrantes, como casi todo el paisito, Uruguay, algunos de ellos decían: "Uno no es de donde nace sino de donde se hace". 

Y esto NO ES CIERTO en muchos casos. 

Nací olimareño, así es nuestro gentilicio, y tuve a muy buenos docentes ahí. 

Unos que ejercieron y aún ejercen su influencia, como Tomás Cacheiro. Otros, como Anelita Alsa de Cuadrado, Lilita Rodríguez de Gadea, Antonio Araújo, María Helena del Horno de Assuma, Esaú Domínguez, en la primaria; o, Julio Macedo, Orfila Bardesio, Luis Víctor Anastacía, en la secundaria y la preparatoria, entre los más reconocidos y valorados desde el afecto, sobre todo, en mi dedicación en lo profesional, para no hacer una larga lista de ellos. Aunque recuerdo a muchos más.
Terminé mi formación de Docente en Literatura, con muy buenos profesores como Domingo Bordoli, Francisco Anglé y Bovet, Edmundo Gómez Mango, en sus clases, o Jorge Albistur y Héctor Galmés en la práctica docente. Formación que fue muy buena, pese a la dictadura y a pertenecer, lamentable, a la última generación del Viejo Instituto de Profesores Artígas. Todos ellos me formaron en el reconocer las influencias. Y en ser agradecido. 
En este país, Venezuela, he podido ser, es muy cierto. Inicialmente ilustrando en un periódico, El Diario de Caracas en la gloriosa época de Tomás Eloy Martínez y todo ese maravilloso equipo de periodistas, de reporteros, de fógrafos e lustradores. Luego en muchos otros. También en revistas y libros. Como, luego, pude vender libros y hasta ser jefe de ventas en una Editorial. Y, sobre todo, he podido encausar mi formación docente en un canal que que ni sospechaba: el arte  maravilloso de narrar cuentos trabajando en los Colegios Hebreos de Caracas y luego en la Universidad Católica Andrés Bello, en las Escuelas de Educación y de Letras, en tanto fundaba y dirigía a Narracuentos UCAB. Como había fundado Cuentos de la Vaca Azul, con anterioridad.
Pero es mi patria por adopción y naturalización. Y, no sólo por eso. Es, además de las de mis hijas, mi yerno y mi nieto. Y la reconozco como mi madre patria, también. 
Asi que corrijo el dicho escuchado en mi pueblo: "Uno no sólo es de donde nace, también lo es de donde se hace". Y algo más. No tengo, ni quiero perder un previlegio que, es posible, muy pocos han de tener: La de ser el hijo de tres madres: la que me dio el ser, y las dos patrias, Uruguay y Venezuela.
Amén. 

Foto: Manuel Sardá. Texto: Armando Quintero

viernes, 25 de abril de 2014

... Y, como no hay dos sin tres: aquí va la tercer respuesta



Desde su concepción, ¿de qué se trata la narración oral?

            De un oficio, uno de los primeros oficios del hombre, quizás, el oficio más antiguo del mundo, que se he transformado en una profesión artística. Es un oficio que deviene de la conversación cotidiana, del acto comunicacional de compartir vivencias, anécdotas, experiencias, sucesos o historias reales o maravillosas, matizadas de imaginación por obra y gracia del narrador oficiante. El cual puede interactuar, a conciencia, con uno o más individuos, tanto como puede hacerlo con un pequeño grupo o uno muy numeroso de personas, en diferentes espacios y en diversas situaciones.
            Creo que a esta pregunta ya la he respondido muy en mi texto publicado en Analítica (http://www.analitica.com/media/3183637.pdf) Cito, de las págs. 3 a la 4:

            Contamos si hemos vivido. O si reconocemos en nosotros mismos, y con seguridad, qué hubiéramos hecho y cómo nos sentiríamos si nos hubiera tocado vivir esa misma situación. No podemos mentirla, es nuestra, nos pertenece.
            Contamos si sabemos muy bien la historia que queremos compartir, no desde la memoria mecánica, fría, repetidora, sino desde el corazón. Reviviéndola. “El narrador oral no es un repetidor, es un creador”, alguien dijo por ahí.
            Contamos si conocemos al personaje: cómo es, en todos los aspectos y en todas sus dimensiones físicas, sociales, culturales... Desde adentro, como si fuéramos él. No haciendo como si fuéramos él. Siendo él. Sintiéndolo.
            Contamos si nos ubicamos en el espacio y en el tiempo de ese personaje: dónde, cómo, para qué se mueve en cada momento que lo hace. Viéndolo.
            Contamos si sabemos improvisar y recrear permanentemente lo narrado. Si sabemos que, como nos asegura alguien que conoce mucho sobre las artes escénicas: “Se improvisa sobre lo que se sabe, no sobre lo que se olvida o desconoce”. Si reconocemos que somos improvisadores, no improvisados.
            Contamos si reconocemos que lo hacemos con el público, desde nuestra humildad, desde nuestra honestidad, desde nuestra verdad y desde nuestra seguridad en nosotros mismo, porque ningún cuento es inocente y, por ello, no podemos contar cualquier historia.
            Contamos al divertirnos, si sacamos hacia fuera lo que tenemos dentro. Sin la intención de moralizar o educar como principio, sino con la seguridad de narrar como para abrirle puertas y ventanas a la imaginación, los sentimientos, los sentidos, el corazón de los otros. Desnudando ante ellos nuestro propio corazón.
            Contamos s asumimos a conciencia un oficio que, como tal tiene su teoría, su práctica y su propia historia. Si lo reconocemos como un arte de todos los tiempos, igual y diferente en otros espacios y en otros tiempos y con todas sus similitudes y sus propias diferencias con otras manifestaciones de la escena.

Texto: Armando Quintero, a partir de una pregunta de David Venegas Quintero / Foto: 8ºfestival de Ibagué    

Otra pregunta que me hicieron


Desde su perspectiva, ¿cómo se diferencian cuento y leyenda?

            La actriz y narradora oral argentina Ana Padovani nos aproxima a la respuesta en su libro Contar cuentos pues nos da unos elementos precisos para diferenciar cuentos y leyenda. Citaremos sus palabras para ambos términos y,  al comentarlas, estableceremos las diferencias.
                        Entre las numerosas definiciones de “cuento” tomaremos una que           corresponde ampliamente a la noción utilizable para la narración oral. Pertenece a un gran estudioso e investigador del tema, Enrique Anderson Imbert:

                                   El cuento es una ficción en prosa, breve, pero con un desarrollo tan formal                  que, desde el principio, consiste en satisfacer de alguna manera un urgente sentido de finalidad (Anderson Imbert, 1979, pág.52)

                        Así, vemos que deberá tener la dosis suficiente de intriga y seducción como       para no poder suspender su lectura y, en este caso, su escucha. (Padovani, 2002, pág. 32)

            Unas pocas páginas antes, al referirse a la leyenda, Padovani apunta:

                        Se trata de hechos fantásticos pero desarrollados a partir de un momento,          lugar o circunstancias determinados. Están ligadas al tema de las creencias. Así como los cuentos tienen una función fundamentalmente lúdica, las leyendas tienen  por finalidad dar una explicación o un esclarecimiento. Parten de hechos puntuales en el tiempo y en el espacio a los que se les da una dimensión irreal o fantástica. (Padovani, 2002, pág. 27)

            En la respuesta a la pregunta anterior, si leemos con cierta atención, ya están señaladas algunas diferencias. Pero precisemos detalles sobre ellas.
            La leyenda está basada en situaciones ubicadas en un tiempo y un lugar determinado, narra situaciones con una relativa o acertada precisión histórica que, aunque nos lleven a darles una dimensión irreal o fantástica, no desconocen esas raíces. El cuento no necesariamente parte de hechos puntuales en el tiempo y en el espacio, ni nos lleva a una dimensión irreal o fantástica. Y cuando lo hace es con la seguridad de convencernos de ello, de convencernos de su veracidad, de hacer creíble hasta lo imaginado: que las alfombras vuelen, las lámparas tengan genios encerrados y las cuevas abran sus puertas a los mandatos de una voz que pronuncia palabras claves, tanto como que existan dragones, brujas, duendes y hasta pequeños unicornios azules con alas que quepan en la mano de cualquier ser humano que los atrapa, sobre su cabeza, en su vuelo y por mera casualidad.

            Las funciones de ambos son diferentes. El cuento, además de lúdico, divierte y seduce. Su función primordial no es moralizar o educar. La leyenda, no. Precisemos sobre ello. En la actualidad, ¿a quién le atrae un cuento cuya razón de existencia es para dar valores morales o educativos explícitos? Todos sabemos, en mayor o menor grado, que ningún cuento es inocente, que dentro de él hay valores, enseñanzas, pero todos exigimos que nunca se le note las costuras, que tenga un vestido o un traje muy atractivo y, sobre todo, de calidad narrativa.

Texto: Armando Quintero, a partir de una pregunta de David Venegas Quintero / Foto: GOOGLE     

martes, 22 de abril de 2014

Una pregunta que me hicieron



  ¿Qué son cuentos y leyendas?

            Me crea cierto escozor la pregunta formulada así porque hay una reducción a dos términos que no deja de preocuparme. Cuentos y leyendas sólo son parte de un enorme conglomerado de términos que nombran a todos aquellos textos, orales o escritos, que nos narran, a viva voz y con todo el cuerpo, o nos escriben todos aquellos que nos divierten o educan y moralizan en el entorno de cada comunidad o sociedad, es decir, los actuales narradores orales o cuenta cuentos, los narradores orales comunitarios y ancestrales o los simples escritores. Y las reducciones pueden ser perversas porque nos pueden llevar a una dualidad en la que no creo: el cuento como una elaboración más sofisticada, “culta”, “intelectual” e individual e identificada con nombre y apellido y la leyenda como una recuperación de lo “popular”, “lo anónimo”, lo no elaborado o “identificado”.
            Hecha esta la aclaratoria, respondamos a “¿qué son cuentos y leyendas?”:
            Son textos narrativos que, desde tiempos inmemoriales, le han permitido a cualquier ser humano, independiente de cual sea su entorno geográfico y su diversidad cultural, entretener, orientar y revitalizar los valores de su comunidad y, al compartirlos con otros, de generación en generación, divertir y divertirse, tanto como capacitarlo para explicarse y explicar aquellos hechos que desconoce y que le asombran, como todas aquellas situaciones que le inquietan o abruman.
            Cuento es una palabra que lleva en sí un doble significado. En el antiguo latín, como en uno de sus derivados actuales, el castellano, contar, computare, es tanto enumerar como narrar. Y ello es correcto porque contar es un cómputo de hechos tanto como la cuenta es el cuento de los números. Algo más o menos así siempre nos señalaba Jesualdo en sus clases de Magisterio y en su libro La literatura infantil (1963). Cuando narramos un cuento siempre enumeramos una serie de sucesos, de acontecimientos. Y no distinguimos, para nada, si estos hechos son completamente ideales o quiméricos, inventados por la fantasía de una comunidad, de un pueblo o de un autor individual y concreto. Si son una vivencia, anécdotas, sucesos, relatos, fábulas o historias religiosas o profanas, cuentos de hadas, cuentos picarescos, de amor o de terror. En todos ellos, a alguien le pasa algo con alguien o por algo, o por alguien o algo que, por alguna razón sucedió, en el transcurso de cierto tiempo y en un lugar precisado. Y eso que pasa tiene sus consecuencias para llegar hasta un final. Es decir, en toda vivencia, suceso, relato  hay acciones que se inician, desarrollan y culminan. Son cosas que pasan, y es eso lo que nos interesa y nos mantiene vivo en el cuento. Carlos Pacheco y Luis Barrera Linares, en el libro Del cuento y sus alrededores (1997), compilaron una amplia serie de definiciones de varios autores, tanto de especialistas y críticos literarios como de muy importantes escritores. Convendría revisarlo con atención. Hay precisiones significativas para “una teoría del cuento”.
            La leyenda que, no sé por qué siempre la he sentido muy vinculada al mito y como un derivado menos ancestral y modernizado del mismo, está vinculada a las respuestas que el hombre se ha dado ante lo inexplicable de su existencia, de los fenómenos de la naturaleza, de los cambios constantes en el cielo y en el mar, de las emigraciones permanentes de los pueblos y de los animales, de la vida de los diversos seres y de las cosas como, también, de los diferentes sentimientos y sensaciones que experimentaron o experimentan, incluso, de todos aquellos misterios que lo rodean y lo aprisionan. Traducen una totalidad de experiencias, de conocimientos, de saberes, que unos hombres han intentado transmitir a sus contemporáneos y a las generaciones posteriores como consejos prácticos para lograr una mejor relación, un mayor equilibrio, consigo mismo, con los otros seres, con su entorno, con su comunidad y con todo aquello que suceda. Es una manera de lograr una posible felicidad con y entre los otros seres. Una manera de tolerar y sobrevivir a su propia existencia. Son relatos que, más que entretener, educan.   

Texto: Armando Quintero, a partir de una pregunta de David Venegas Quintero / Foto: Rodolfo Rodríguez                                                                                                                       

viernes, 21 de marzo de 2014

Pregón de cuenteros

Armando Quintero en una actividad reciente con niños y adultos

A un ser que me llenó de ternura, a un alma ingente que sé un día "he de abrazar". Con mi mayor respeto, en el día del NARRADOR le rindo mi humilde homenaje:
Somos narradores
que lo sepan todos
trashumamos cuentos...
¡hasta por los poros!
Alzamos la voz
levantamos puentes
con nuestros aliados
los pequeños duendes.
Figuras ingentes
de cuerpo pequeño
que habitan en cuentos
cuando llega el sueño.
Restalla en la historia
la voz del cuentero
que sembrará vida
por el mundo entero.
Somos narradores
de tiempos lejanos
cuentos ancestrales
¡portan nuestras manos!
Levanta la tapa
de tu corazón ágil
te daré una historia
que nació muy frágil.
Y mientras tú saltas
por la tinta fresca
haré que tu libro 
ya desaparezca.
Sólo tu presencia
sumada a la nuestra
hará de tu cuento
una historia puesta...
en el cielo nuevo
y junto a tu edredón
quedarás dormido
sobre mi faldón.
Texto: María Celina (Maritacé)  Foto: del Blog de Lluvia de Luna

miércoles, 12 de febrero de 2014

Clarissa y el mar


           


            Allá, como a treinta y tres grados al sur, en un país pequeño que es como un corazón patas arriba, allá nació Clarissa.
            Clarissa muge y sonríe bajo la sombra de un árbol y mira hacia el horizonte.
            - Un lugar como éste no hay –piensa Clarissa.
            Y la vista se le pierde, lejos, entre pastos tiernos y frescos de tan verdes.
            Allá donde vive Clarissa hay un río.
            Que para algunos es como muy pequeño para ser un río. Pero, para todos, es enorme por sus cuentos, poemas y canciones.
            A veces Clarissa mira hacia los tres puentes que atraviesan el río de su mundo. Y piensa: - “Hay lugares en los que se nace para irse”.
            Pero se queda allí como pasajera del tiempo.
            Y escucha entre sueños pasar los trenes.
            Un día un pajarito se posó sobre su cabeza.
            - Nuestro río tiene las olas grandes –le dijo Clarissa por hablarle.
            - Tan grandes como las del mar –comentó el pajarito.
            Clarissa le dijo que no había visto nunca al mar.
            Y el pajarito le cantó los sonidos de las olas del mar y le habló de sus playas, de los puertos, los barcos y los veleros que llegan y se van.
            - ¿Qué más? –preguntó Clarissa.
            Y Clarissa oyó de las aguas del mar, de su sabor salado lleno de peces, pulpos, calamares, camarones y de caracoles. También de los tiburones y de sus vientos y mareas.
            - ¿Qué más? –volvió a preguntar Clarissa.
            El pajarito miró los ojos de Clarissa y recordó la mirada ausente de un marinero que andaba caminando tierra adentro, lejos del mar.
            Y fue cuando le contó el encuentro de Odiseo con las sirenas.
            Y ahí quedó Clarissa enamorada del mar. Y de los cuentos.
            - ¿Qué la pasa a ella? –se preguntaban las hermanas.
            - ¿Qué bichito la ha picado? –se preguntaba su mamá.
            - ¿Qué hace esa vaquita loca? –preguntó el toro rojo que la vio pasar. ¿Será contagioso lo que tiene?
            - Espero que sí -pensó Clarissa.
            Es que Clarissa, de sólo pensar en el mar, se colorea de azul.
            Y se llena de cuentos. Desde las ubres al piquito de su risa, desde el cielo claro de su regazo azul hasta los cachitos amarillos de su cabeza.
            Cuando así le ocurre Clarissa se va a recorrer su mundo y el de los otros.
            Y comienza a abrir puertas y ventanas en el corazón de todos.
Texto: Armando Quintero (versión para EKids) / Foto de los tres puentes del Río Ulimar: Andrés Tuerca

martes, 28 de enero de 2014

El papagayo de la libertad


            Yo soy un papagayo. Me crean o no me lo crean.
            Más que eso. Soy un papagayo con historia, con nombre y apellido.
            ¿Qué un papagayo tiene historia, nombre y apellido?
            Claro que sí. Porque estoy en la vida de un hombre que desde muchachito supo que para andar para arriba y para abajo, de monte en monte, de aventura en aventura, de país en país, ello era posible si se utilizaba el volador.
            Más aún: ¡siendo el propio volador!
            Y fue tanto su apego a los voladores que un día decidió fundar la empresa del papagayo. Más que eso, fundó La casa del volador de la Libertad.
            La voz se corrió tan rápido que de muchas partes empezaron a venir niños y adolescentes en procura de estos papagayos que no sólo volaban.
            Eran, son y serán papagayos con un vuelo permanente de libertad, amor y solidaridad. Eran, son y serán unos papagayos que tienen unos enormes ojos, unas grandes orejas y unas bocas muy grandes pero invisibles para que cada uno de nosotros los hagamos volar con miradas, oídos y voces atentas, despiertas, como para desterrar la desidia, el miedo y la injusticia, estén donde estén.
            Así lo entendieron un hombre y dos mujeres: Agustín Blanco Muñoz, Mery Sananes y Daniela Barrolleta que, desde hace 30 años sostienen con afán y tesón una cátedra que es historia.

            Más, una cátedra que es el nombre y apellido de aquel hombre que se hizo volador, se encontró con otro capitán de vuelo: el Rector-Fundador Carlos Alberto Moros Ghersi. Y, que me hizo a mí, a ti, a todos ¡unos papagayos de la libertad, por siempre y para siempre!: La Cátedra Pío Tamayo.

Palabras pronunciadas por Armando Quintero en el Homenaje realizado por los 30 años de la Cátedra el 27 /01 / 2014 enla Sala E de la UCV.
Texto: Armando Quintero a partir de una idea de Agustín Blanco Muñoz / Ilustracion: Archivos de Google

sábado, 25 de enero de 2014

CÁTEDRA PÍO TAMAYO / TREINTA AÑOS DE ANDAR Y HACER


27 de enero del 2014
Sala E de la Biblioteca Central de la UCV / 6 pm

Hace 30 años, el 06 de octubre de 1983 comenzó el andar de esta Cátedra. Se suponía que su peregrinar como en muchos otros casos sería breve y elemental. Porque no es fácil en este medio ver un proyecto que alcance permanencia, proyección y entidad de espacio abierto a todas las corrientes del  pensamiento.

Como nos ha dicho muchas veces un amigo de esta Cátedra, parece que el propio influjo de Pío Tamayo (1898-1935) es lo que ha hecho posible su extensión temporal y su hacer. Son tres décadas de trabajo ininterrumpido en la búsqueda de un objetivo: abrir e impulsar la discusión sobre las ideas políticas, económicas, sociales y las doctrinas correspondientes. Esa ventana ha estado abierta de manera permanente.

Los grandes temas del período han sido objeto de consideración en los cientos de actividades realizadas. Y en este sentido, hemos estado atentos al acontecer de los momentos-coyunturas para dejar registro y opinión en términos de Historia Actual. En nuestro archivo están registradas en grabación y en video más de 2 mil ponencias correspondientes a autores de diferentes posiciones políticas e ideológicas. Una verdadera militancia en la pluralidad.

Y esto ha marchado paralelo al nivel de investigación que hemos adelantado con miras a establecer la síntesis del hacer que se da en los diferentes ámbitos de la acción social. Todo en el entendido de que la Historia es actual o no es.

n el camino queda una labor de investigación, docencia y extensión. Hemos adelantados los proyectos: Clases sociales y violencia en VenezuelaLa violencia en la Venezuela Actual: 1958-2008Proceso de formación y desarrollo del chavismo: 1982-2019Literatura y política en Venezuela: 1928-1988La historia de los Descubiertos y  los No Descubiertos, La trampa-engaño de la Cultura, a Luis Mariano RiveraMedio siglo de democracia, socialismo y revolución en Venezuela: 1958-2008. Esas investigaciones han producido 49 obras ya publicadas, 7 por publicar y otras en proceso. En estos proyectos de investigación se ha utilizado la técnica del testimonio oral.

Y no se limitó nuestra labor a la UCV. Creamos núcleos de la Cátedra en Maracaibo, La Guaira, Maracay, Valencia, El Tocuyo, Mérida, San Cristóbal, Trujillo, Porlamar, Amazonas, Guarenas-Guatire. Quisimos ir mucho más allá con la Cátedra del Deporte y la Cátedra Internacional del pueblo-colectivo, pero la falta de recursos no ha permitido consolidar esos esfuerzos. No hay que olvidar que en estos 30 años esta Cátedra no ha contado con presupuesto, con unidad ejecutora y que por muchos años ha tenido que pagar por el uso de esta sala.

La falta de atención a este esfuerzo ha llegado al punto que desde hace más de dos años estamos a la espera de que las autoridades universitarias se sirvan dar respuesta a una solicitud que hiciese la Cátedra y personalidades encabezadas por el Rector Fundador y familiares de Pío Tamayo, para que la nueva Sala ‘E`, espacio contiguo a aquel donde hemos desarrollado nuestras labores de extensión a lo largo de estos 30 años, lleve el nombre del epónimo  de la Cátedra.

Esta actitud es una especie de contraste con la asumida por la nombrada revolución que ha decidido sacar  sus restos del cementerio de El Tocuyo, donde reposan  desde el  06 de octubre de 1935, por encima de su expresa voluntad, para trasladarlos al Panteón Nacional. Sus propios familiares se han opuesto a esta decisión. Todo parece indicar que estamos ante una utilización, nada justificada, del  nombre y la obra de este luchador  antigomecista, que dejó claramente establecido que su ideario de vida no lo definía el comunismo sino la Escuela de la Idealidad Avanzada.

Pero por encima de estos obstáculos, aquí estamos. Y pondremos todo empeño en la continuación de una labor que consideramos de importancia en medio de este tiempo de luchas necesarias e impostergables.

Este acto de celebración de los 30 Años de la CPT tiene como epicentro el Homenaje-Reconocimiento al Rector-Fundador.  Dr. Carlos Alberto Moros Ghersi, nombre identificado con el humanismo, la academia y la construcción de un mañana de verdadera democracia y libertad.


PROGRAMA

Coral   de la Biblioteca Central
dirigida por el profesor Hilarión Correa

Presentación de Cuentos de la Vaca Azul,
 por Armando Quintero

Mery Sananes
Los treinta años de un papagayo

Ildemaro Torres
Mensaje para Carlos Alberto Moros Ghersi

Designación de Maestros Floricultores
a cargo de Danielilta Barrolleta

Mensajes para la CPT
y para el Rector Fundador

Agustín Blanco Muñoz
Apenas un inicio

Rafael Lemus
canta por el otro porvenir

Un brindis por los
próximos amaneceres



Nota: En este acto se ofrecerá a precios solidarios todo el material publicado por la Cátedra.

Coordinadores
Agustín Blanco Muñoz / Mery Sananes / Danielita Barrolleta
Tlfs 605 2536 / 605 2563 / 0416 638 7320 / 0414 333 6515
Twitter:@ablancomunoz

lunes, 6 de enero de 2014

Para convocar la vida


       

         A todos los que resistimos a los violentos avatares del momento y reconocemos que aún existen niños que acarician los pétalos de las flores o lanzan besitos a los pájaros que revolotean en los jardines de sus edificios.

1

         Me gusta un país que tenga pueblos como el de "Un caballo que era bien bonito" o el de "Mi mamá en un pueblito de recuerdos". Con seres maravillosos que nos digan "Rezo el Credo" y lo hagan con el carisma y la emoción con que aún lo hace nuestro Aquiles Nazoa.

2

         Me gusta un país que tenga más de un unicornio azul con alas. Y que, aunque pequeñito, revolotee siempre sobre nuestras cabezas y llegue a nuestros dispuestos corazones.

3

         Me gusta un país donde habite una vaca que se pinta de azul porque de oídas se enamoró del mar. Y exista, también, una guarida de lobos y lobitos como los que habitan en "Un lugar en el bosque".

4

         Me gusta un país que alegre te dé los "buenos días" al subir al autobús o al metro; que siempre te retribuya con unas "muchas gracias" ante cualquier ofrecimiento, y sea capaz de brindarte las sonrisas y las miradas que brotan desde adentro.

5

         Me gusta un país donde el otro te pregunte: "¿qué necesita, el amigo?". Y no te rechace o te denigre porque no usas el mismo color de su camisa o, así de simple, no compartas con él los mismos corazones o la misma cantidad de estrellas.

6

         Me gusta un país donde el temor y la muerte no abran heridas que no se cerrarán nunca y puedan ser más fuertes que aquellas que hicieron la desconfianza y el odio por el sur de Nuestra América en los años setenta.
7

         Me gusta un país donde la amistad corra a millares de abrazos por amigos y la velocidad de un caracol sea mayor, siempre, a la desesperación. Y sepa, sin dudarlo, quiénes son “los poetas que en el mundo han sido” para abrirle las puertas y ventanas del corazón.

8

         Me gusta un país donde el pan de cada día sea amasado con el trabajo de todos. Y con  la harina que ponemos en común y no por la corrupta hiel que nos hace reforzar las diferencias.

9

         Me gusta un país, sin dudas, donde encuentre un camino para que todos podamos decir: - ¡Al fin encontré la paz, la verdadera, la del corazón sincero, la de la rosa blanca de José Martí! Y no la que nos encamina encorvados a los sepulcros.

10

         Me gusta un país donde no haya juegos ocultos debajo de las mangas, ni en maletines de viajeros o en cheques abultados que aparecen de pronto en lejanos aeropuertos. Ni te compren tus saludos con aplausos de focas o supuestos decretos legales. O tengas que vender tus decisiones a treinta monedas por papeles.

11

         Me gusta un país donde la autoridad de sus ciudadanos no nos parezca que está dirigida desde las cárceles. Y podamos ver, por siempre, menos muertos en sus calles y avenidas que a todos sus niños jugando, alegres, en sus plazas.

12

            Me gusta, en fin, un país donde no tengas que irte para convocar a la vida sino, sencillamente, la convoques en cada gesto sencillo y simple como el de compartir una migaja de pan, un sorbo de agua, un cálido abrazo… O, la sonoridad de una canción que diga:
            - “Te quiero, nos queremos porque, simplemente, me quiero”.

Texto: Armando Quintero Laplume / Fotografía: Héctor Rodríguez Cacheiro