Clarissa, la vaca azul

Clarissa, la vaca azul
paseando por el campo

lunes, 22 de septiembre de 2014

Versiones nuevas de refranes viejos


LAS APARIENCIAS ENGAÑAN
Los que al ver esos “perfiles”, o esa faceta tan seria de las primeras fotos y me imaginaron pensando acerca de profundos y abstrusos problemas metafísicos, se equivocaron de medio a medio. En realidad, en ese momento, estaba elucubrando las siguientes gansadas.
Cada loco con su mate.
Que le quiten lo birlado.
El fin justifica los miedos.
Perro que ladra no duerme.
Le vino como anillo al pelo.
Ir por lana y volver ovillado.
Con las patas baila el mono.
Para muestra basta un montón.
Listo el pollo se acabo la rabia.
Ajo por ajo y diente por diente.
Es vidrioso pero no masca locos.
La culpa la tiene el chivo expiatorio.
Herrar es humano, cocear es equino.
Al que se pasa de la raya, punto en boca.
Casi nada lo del ojo, y lo tenía en la nuca.
La pereza es la madre de todos los peros.
Entre pitos y flautas se fue chiflando bajito.
Cuesta un ojo de la cara y la mitad del otro.
El zorro pierde el pelo pero sólo de mañana.
Todo bicho que camina va a parar a la cocina.
En boca de herrero no entran moscas de palo.
Le dijo cuatro verdades y una mentira piadosa.
Al que nace barrigón que lo fajen con un ñudo.
Tocaba de oído y hablaba hasta por los codos.
Algunos andan a tientas y otros van a sabiendas.
Le cantó las cuarenta y se durmió en los laureles.
En el país de los ciegos es mal negocio la óptica.
La verdad de la milanesa es que sos un papa frita.
Es más saludable prestar oídos que dar una mano.
Cada lechón en su teta porque madre hay una sola.
No guardes para mañana lo que puedes gastar hoy.
El que quiera tocar de oído tiene que parar la oreja.
Era tan pobre que no tenía ni donde caerse muerto.
Más vale pájaro en mano que hacer las del avestruz.
El pez por la boca muerde; los otros bichos también.
No por mucho madrugar se amanece vestido de seda.
El que ríe último es porque le costó entender el chiste.
Cuando las papas queman el horno no está para bollos.
No tiene pelos en la lengua pero tiene monos en la cara.
Poniendo estaba la gansa y a no hacerse el chancho rengo.
Por más que se ponga el hábito, la mona no se hace monja.
El que le rasca el lomo al chancho termina pagando el pato.
Para poner manos a la ubre primero hay que manear la vaca.
Es más fácil matar la araña que atar dos moscas por el rabo.
No daba el brazo a torcer porque hablaba hasta por los codos.
Más vale poner las barbas en remojo que las manos en el fuego.
Más vale llorar lágrimas de cocodrilo que cantar para el carnero.
Es más sensato pedirle peras al olmo que darle pasto a las fieras.
Si ves las barbas de tu vecino arder es porque se durmió fumando.
Entre bueyes no hay cornadas mientras no aparece el buey corneta.
Más vale meter la mano en la lata que meter el dedo en el ventilador.
No aflojar ni un tranco de pollo aunque se le ponga la carne de gallina.
Para sacar las castañas del fuego hay que tener la sartén por el mango.
Se durmió en los brazos de Morfeo y terminó despertando sospechas.
Es más sensato pedirle peras al olmo que buscarle la quinta pata al gato.
La culpa de que el chancho chifle es del que le pasa margaritas por el lomo.
Mirar por el ojo de la cerradura no es lo mismo que mirar con el ojo cerrado.
Es más saludable hablar de bueyes perdidos que agarrar el toro por las guampas.
El que mete la nariz en lo que no le importa es porque no ve más allá de sus narices.
Es más fácil pinchar con una aguja el ojo de un camello que entrar en el reino de los cielos.
Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que encontrar una aguja en un pajar.
Textos de Bolívar Viana, ceramista, docente y escritor uruguayo. Es la persona, seria, que aparece en la foto. Aclaratoria necesaria  para no uruguayos: gansadas es, más o menos, un sinónimo de gafeadas, se le llama ganso al gafo.


viernes, 8 de agosto de 2014

ROJO Y AZUL o AZUL Y ROJO de Mireya Tabuas / O cómo enfrentar la polarización desde “la mirada infantil”


              “Rojo y Azul, es y será un clásico. Ahora es mi libro joya”, aseveró hace un par de días Rosario Anzola, en un facebook que le enviara a su autora.
            Creo que su afirmación, al menos en lo personal, va más allá de un mero  desborde emotivo de una amiga escritora a otra.
            Y que, ese comentario, no es para nada irracional porque este libro tiene los ingredientes necesarios para lograr un lugar importante en la literatura infantil  de nuestro país, donde se está gestando una corriente muy interesante.        
            Sorprende y emociona porque todo en él o, al menos, casi todo, como sucede con las buenas obras de arte, toca al corazón de cualquiera.
            Sin necesidad de hacer una encuesta, es evidente que sorprenderá tanto a los niños, como a los jóvenes y, sin duda, a los adultos: está bien escrito, bien ilustrado, bien diagramado y bien editado, con mínimos e intencionados recursos.
            Pongamos nuestra mirada en algunos detalles que sustentan lo aseverado.
            Primero, ¿cómo se llama el libro? ¿Rojo y Azul? ¿Azul y Rojo? Sobre el cuadrado del formato de su tapa azul, en letras blancas, aparece escrito ROJO, en tanto que, en su contratapa roja, aparece escrito AZUL, también en letras blancas. En letras azules, en la portadilla, los créditos de los autores, se titula Rojo y Azul, mientras, en contraparte, en los créditos de la edición, se titula Azul y Rojo, en letras rojas. El color de las guardas también está diferenciado. No son las únicas sutilezas de diagramación y diseño que se encuentran en esa intencionalidad trabajada a diez manos y cinco cabezas: las del autor, las del ilustrador, las del diagramador, las del impresor y las del editor. Pero, sin dudas, ello nos confirma que se ha pensado no sólo en lo racional, sino en lo sensorial y lo sentimental. Con unos claros criterios sobre qué se ha querido dejar asentado en el mensaje de esa nada ingenua “mirada infantil” que se revela en esta joya de libro. Se han seguido “los latidos del corazón”, como nos recomendaba mi abuelita vasca, pues Mireya Tabuas ha escuchado el latido del corazón de su personaje narrador. Un personaje que intenta unir los corazones de los otros con quienes convive.
            Segundo, ¿quién es el personaje principal? ¿Un niño? ¿Una niña? ¿Un adolescente? ¿Una adolescente? La escritora confesó hace cierto tiempo, en una entrevista que le realizaran, que ella escribe así, como una niña. Y, nos lo dijo ayer, en el conversatorio que se realizara en la librería Lugar Común: “Como una adolescente, escribo como tal”. Pero, al preguntarle si el personaje relator era una niña o un niño, nos aseveró que nunca lo tuvo claro. La única cita sobre el sexo del personaje está en un detalle: la mirada puesta en el color “del vestido de la niña más bonita en la fiesta de la escuela”.  Pero, ¿ese detalle sirve para que podamos identificarlo como niño o como niña? Pude comprobar que no: más de una lectora habla de una niña que ve con admiración ese vestido, más de un lector, ve un niño que admira a esa muchachita que luce ese vestido.  Y, ello, mejora la identificación. Porque este menos, esta carencia, se nos torna aparente para más,  beneficia la relación con el lector que se identificará con mucha libertad con el personaje.
            Tercero, ¿cuál es la situación planteada? Desde la mirada infantil del personaje principal, se nos narra como su padre y su madre sostienen constantes disputas por el color que uno u otra prefieren. Y esas constantes disputas los hacen llegar al extremo de obligarlo a elegir su color favorito entre una y otra de las alternativas con las que convive. Pero, ese enfrentamiento cotidiano de sus progenitores, le han permitido observar a los dos mundos que lo rodean. Con asombro, descubre que tanto en su familia, como entre sus amigos, sus vecinos y otras personas hay diferentes criterios, diferentes gustos y diversos pensamientos. Por ello, encontrará una nueva alternativa: la propia, la personal.
            En definitiva, ¿qué nos regala Mireya Tabuas con su obra? ¿Una manzana roja, aromática, fresquita para que caigamos en la tentación de comerla y, sobre todo, digerirla muy bien? ¿O un cielo azul más grande que nuestro planeta, que lo envuelve y abraza para que aprendamos a unirnos y abrazarnos?
            Creo, y sin parodias, que “ni lo uno, ni lo otro, sino todo lo contrario” porque nos regala la posibilidad maravillosa de entendernos como seres humanos en convivencia. Aceptándonos y aceptando la diversidad para ser mejores en lo personal, lo familiar, lo profesional y lo social.
            En síntesis, Mireya Tabuas, sin dudarlo, nos abre una puerta y una ventana ante la violenta polaridad de criterios y de acciones para regalarnos una manzana y un cielo. Nada más, pero nada menos.

Enlaces que pueden consultarse:

Sobre el libro:




Sobre la autora:


martes, 5 de agosto de 2014

Una nota sobre el Programa Pequeños Entreversos: Burrito de color canela


Imagínense que empiecen a llevar poetas noveles o consagrados.Por supuesto, Pequeños entreversos tiene defectos. Pequeños entreversos contiene los clásicos de siempre del patio de colegio: los angelitos negros que claman ser pintados de Andrés Eloy Blanco, la plegaria para aligerar la mano de la maestra en el castigo de Gabriela Mistral, y así.De todos modos, las posibilidades de Pequeños entreversos son casi ilimitadas, con todo y su patente escasez de recursos materiales.
Con un lunar junto al ojo izquierdo, ella desprendía una belleza de otra época, como Pepita, la esposa de Lorenzo, el de los suplementos dominicales de comiquitas. Al parecer, conducía el programa con un brazo en cabestrillo muy coquetamente disimulado, lo que centuplicó mi ternura. La acompañaba un niño. Ambos invitaban a otros pequeños a hacer poesía y salían cosas como: “Tengo un relojito con un ritmo extraño/ que se para el día de mi cumpleaños/ y las dos agujas se paran juntas/ para que mi fiesta no se acabe nunca”. O también: “Una estrellita bajó del cielo a jugar/ y se quedó atrapada entre las olas del mar”.
Ya he visto otros programas destinados a incentivar la literatura entre los más pequeños, como La librería mediática (VTV), pero para mí fue una completa sorpresa encontrarme el pasado jueves a las 10:00 am, haciendo zapping, con Pequeños entreversos, parte de la programación de producción nacional de Canal i. La conductora de rulos como los de Pepita se llama Mariana Francisco, y el niño acompañante, Daniel Marsiccobetre.
Que nadie piense que escuchará a Ramos Sucre y Rafael Cadenas o versos sin el brassier de la rima y la métrica (antes que nada, este que escribe debe agachar la cabeza y admitir que no es lector de poesía). Pequeños entreversos contiene los clásicos de siempre del patio de colegio: los angelitos negros que claman ser pintados de Andrés Eloy Blanco, la plegaria para aligerar la mano de la maestra en el castigo de Gabriela Mistral, y así.
De todos modos, las posibilidades de Pequeños entreversos son casi ilimitadas, con todo y su patente escasez de recursos materiales. En las dos emisiones que presencié, los invitados fueron los cuentacuentos Armando Quintero (el maestro de losCuentos de la Vaca Azul) y Tiago de Jesús, sobresalientes, y un par de docentes. Imagínense que empiecen a llevar poetas noveles o consagrados.
Por supuesto, Pequeños entreversos tiene defectos. Comienza con una sección de versos anónimos llamada “Abrapalabra” más bien floja. “La familia es importante/ es un núcleo que nos educa y nos nutre/ para crecer y siempre salir adelante”, recitaban en uno de los programas. En el siguiente: “La escuela son los maestros / los alumnos y estudiantes / que quieren ser mejores personas / trabajar y echar para’lante”. O sea.
En otra sección, tres niños (Daniel y dos invitados) hacen un dibujo a partir de un poema que les declama un adulto. La recreación de “La oración del sábado (mi padre)” de Andrés Eloy Blanco fue estremecedora por sus elementos fúnebres. Aunque creo que hay maneras técnicas de mostrar mejor los trazos de los niños en la pantalla. También puede afinarse el segmento de minibiografías de poetas, escueto y pobre, con nombres de obras en minúsculas, por ejemplo.
Una de las cosas que constaté en Pequeños entreversos es algo que ya me han dicho varias de mis amigas y jóvenes madres: que a los chamos de ahora les gusta ir al colegio. “Adiós verano, pala y arena / Ya voy de nuevo hacia la escuela / Allá se ríe, allí se juega, allí se vive / ¡Viva la escuela!”, recitó uno de los niños, Luis Agras, creo que de su propia autoría. En mi época, al igual que Felipe el de Mafalda, yo soñaba que mi escuela fuera demolida por error.
Reconozco que no sabía nada de la trujillana Fanny Uzcátegui y esto lo descubrí en Pequeños entreversos: “El manso burrito de color canela/ con largas orejas y blanca pechera/ quiere ir a la escuela porque espera ser/ el primer burrito que aprende a leer”. 

Texto: Alexis Correia En Twitter: @alexiscorreia Nota publicada el domingo 3 de agosto en El Nacional Guía TV pág. 11.  Ilustración: archivos de GOOGLE
El programa Pequeños Entreversos se transmite todos los martes y jueves de 3 a 4 pm por el Canal I.

lunes, 21 de julio de 2014

Comentario sobre el concierto

Saludo al público al culminar el concierto. Luego, salimos tres veces más. Rotundo éxito.


Nunca imaginé que el Tiranosaurio Rex sonará tan apoteósicamente, ni que una mosca hiciera reír tanto con su vuelo inquieto y juguetón, materializado en una simpática pieza musical; la celebración del Día de niño comenzó el sábado 19 de julio en el Centro Nacional de Acción Social por la Música del Sistema Nacional de Orquestas, con una aventura por “La Selva Musical” capitaneada  por Sergio Rosales, director de la Sinfónica Juvenil Simón Bolívar y el profesor Armando Quintero, director de Cuentos de la Vaca Azul.
Los jóvenes músicos y los narradores Tiago de Jesús, Fredy Gamboa y Jazira Mosquera contaron historias, la palabra y los instrumentos musicales nos guiaron en esta bella aventura por la jungla y el océano. Peces Tropicales, un ballet de ballenas, Charlie el camaleón y el caracol más rápido de todos los animales, renovaron en este espectáculo la esperanza y la fe en un país que todos queremos, la Venezuela excelente en la que todos queremos vivir. 
¡Ese es el milagro de los músicos y los poetas!  

Texto: Abigail Truchsess.
Comunicadora Social egresada de la Universidad Católica Andrés Bello / Cuentacuentos

jueves, 17 de julio de 2014

Un feliz día del niño con una Selva Musical

Selva Musical por el día del Niño con la 

Banda Sinfónica Juvenil Simón Bolivar 

y los Cuentos de la Vaca Azul



Tenemos el placer de invitarle cordialmente al encuentro correspondiente al mes de Julio 2014, en el cual festejaremos el Día del Niño.
Será una actividad musical y cultural llena de colorido y sorpresas para los reyes de la casa. 
En esta oportunidad se unirán los núcleos articulados con el Programa NIS, para presentar un único espectáculo en la sede principal de El Sistema Nacional de Orquestas y Coros Infantil y Juvenil de Venezuela (Centro Nacional de Acción Social por la Música)

Descripción del Encuentro:
Fecha: Sábado, 19 de julio de 2014
Lugar: Centro Nacional de Acción Social por la Música, Quebrada Honda - Caracas
Primera Parte: 10:00 a 10:45 am
Exposición viviente de instrumentos musicales
Lugar: Espacios abiertos
Los músicos de la Banda Sinfónica Juvenil Simón Bolívar, darán a conocer los instrumentos musicales que conforman su agrupación, a través de interacción de manera dinámica con el público presente. Podrán hacer un recorrido desde Planta Baja hasta Piso 1, y conocerán diez instrumentos musicales poco comunes para los niños, como antesala al Concierto Didáctico denominado "Selva Musical".
Segunda Parte: 11:00 am a 12:00 m
Concierto Didáctico
Lugar: Sala Simón Bolívar

Bajo la batuta del Maestro Sergio Rosales, los noventa (90) músicos de la Banda Sinfónica Juvenil Simón Bolívar, mostrarán un repertorio musical estructurado con varios movimientos que hacen alusión a una selección de animales.

Esta Banda que en julio de 2013 conquistó a la audiencia europea en su primera gira por el viejo continente, con presentaciones en importantes festivales y prestigiosas salas de Francia, Bélgica, Holanda, Suiza y España.  Recientemente presentaron el estreno mundial de la Suite para Banda Sinfónica “Bestiarium”, la cual surgió de la unión de autores de diferentes países que trabajaron en una misma composición, obteniendo como resultado una suite estructurada por nueve movimientos que representan nueve animales distintos, cuya temática y diversidad permitió que esta gran creación musical muestre la versatilidad y la creatividad de estos nueve maestros: Luis Serrano Alarcón (España), Jan Van der Roost (Bélgica), Kevin Houben (Bélgica), Bert Appermont (Bélgica), Philip Sparke (Inglaterra), Robert W. Smith (Estados Unidos), Victoriano Valencia (Colombia), Ferrer Ferrán (España) y Oscar Navarro (España).

Podrán sentir lo misterioso de una Jungla, la diversidad de los peces tropicales, escuchar el llamado de las ballenas, presenciarán los prehistóricos dinosaurios, el constante ruido perturbador de las moscas y conocerán al animal más veloz de todo el mundo, ¡estamos seguros que ya saben su nombre!.

Acompañados de las narraciones magistrales de Armando Quintero, Fundador - Director de "Cuentos de la Vaca Azul" y su equipo: Tiago De Jesús, Freddy Gamboa y Jazira Mosquera. Mostrarán las diferentes maneras de oralizar y vivenciar los cuentos de este concierto didáctico, contando historias y presentado a cada uno de los animales de esta bella obra infantil, aprovechando la oportunidad para revitalizar  y dignificar los olvidados gritos del Silencio.

Una actividad musical, literaria y cultural que una vez más no pueden perderse. Como siempre brindado actividades para compartir en familia un tiempo de calidad.

Agrupación:
Banda Sinfónica Juvenil Simón Bolívar
Director: Maestro Sergio Rosales

Acompañados de Cuentos de la Vaca Azul
Director: Maestro Armando Quintero
Narradores: Tiago De Jesús, Freddy Gamboa, Jazira Mosquera

Importante destacar que la entrada se permitirá hasta llenar la capacidad de la Sala Simón Bolívar (850 puestos). De la misma manera se agradece mantener un vestuario adecuado para el ingreso a la sala (evitar el uso de short y franelillas)
Sin más referencia que hacer, esperamos su valiosa presencia a esta actividad que ofrecemos como regalo a los participantes de nuestro programa en un día tan especial.
http://fundamusical.org.ve/prensa/el-sistema-celebra-el-dia-del-nino-en-una-selva-musical/#.U8cJJJR5PKM
Gentilmente

-- 
Leonardo Mendez
Sub Director General 
Sede Nacional de las Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela-Centro Nacional de Acción Social por la Música

Programa "Nuevos Integrantes del Sistema (NIS)"
FUNDACIÓN MUSICAL SIMÓN BOLIVAR (FUNDAMUSICAL BOLÍVAR) 
Teléfono:0212 597 0703 / 0768 / 0634 / 0635
 

jueves, 26 de junio de 2014

Estamos en Pequeños Entreversos


Este fue el saludo que recibimos en el día de hoy de la Red Internacional de Cuentacuentos:

Muy buenos los poemas, los cuentos y las intervenciones.

¡Ya están en la tele, compañeros!

Lo difundiremos.

Abrazos desde el mundo de los cuentos,

Enrique Páez y Beatriz Montero
Coordinadores generales de la RIC

Nos emociona compartirlos con ustedes.
Nos llamaron como invitados para el segundo programa, luego, continuaron las invitaciones y ya nos comunicaron de la maravillosa posibilidad de tener un segmento en el mismo.

Ha sigo muy agradable la empatía que se ha generado, desde el primer instante que comenzamos a grabar, con todos los responsables del proyecto. Desde los conductores, la actriz Mariana Francisco y el joven animador Daniel Marsiccobettre, pasando por todo el equipo de grabación, el personal técnico y las maquilladoras. Ha sido como sentirse en casa.

He aquí las dos primeras muestras de este nuevo logro para la narración oral,  los programas 2 y 4. Estos son los enlaces para verlos.

https://www.youtube.com/watch?v=zsKqhF2vFeo

https://www.youtube.com/watch?v=1BrPXE1ZnFo

También pueden verlo en mi canal de youtube, en favoritos. Son los videos 14 y 15.

https://www.youtube.com/watch?v=1BrPXE1ZnFo&list=FLGgOnP9jSjOKdHLkoMEqeJw

miércoles, 18 de junio de 2014

No todos tienen este previlegio






A partir de un comentario que me hizo la cuentacuentos y coordinadora de la Red Internacional Niré Collazo, paisana y amiga, salieron estas palabras. 
Dejo claro que su comentario no fue hecho con la intensión de molestar sino de valorar un texto publicado por mí. 
Las he sacado de la conversación porque quiero hacerlas del conocimiento de todos.
Para mis coterraneos de allá, mi patria de nacimientos, y por los de aquí, mi patria de adopción, cuando quieren olvidarse que uno también es venezolano.
Así como a los brasileños les ha quedado la espina de Ochoa, desde la infancia, tengo una que aparece de vez en cuando. 

En Treinta y Tres, la ciudad donde nací, que siempre recibió a muchos emigrantes, como casi todo el paisito, Uruguay, algunos de ellos decían: "Uno no es de donde nace sino de donde se hace". 

Y esto NO ES CIERTO en muchos casos. 

Nací olimareño, así es nuestro gentilicio, y tuve a muy buenos docentes ahí. 

Unos que ejercieron y aún ejercen su influencia, como Tomás Cacheiro. Otros, como Anelita Alsa de Cuadrado, Lilita Rodríguez de Gadea, Antonio Araújo, María Helena del Horno de Assuma, Esaú Domínguez, en la primaria; o, Julio Macedo, Orfila Bardesio, Luis Víctor Anastacía, en la secundaria y la preparatoria, entre los más reconocidos y valorados desde el afecto, sobre todo, en mi dedicación en lo profesional, para no hacer una larga lista de ellos. Aunque recuerdo a muchos más.
Terminé mi formación de Docente en Literatura, con muy buenos profesores como Domingo Bordoli, Francisco Anglé y Bovet, Edmundo Gómez Mango, en sus clases, o Jorge Albistur y Héctor Galmés en la práctica docente. Formación que fue muy buena, pese a la dictadura y a pertenecer, lamentable, a la última generación del Viejo Instituto de Profesores Artígas. Todos ellos me formaron en el reconocer las influencias. Y en ser agradecido. 
En este país, Venezuela, he podido ser, es muy cierto. Inicialmente ilustrando en un periódico, El Diario de Caracas en la gloriosa época de Tomás Eloy Martínez y todo ese maravilloso equipo de periodistas, de reporteros, de fógrafos e lustradores. Luego en muchos otros. También en revistas y libros. Como, luego, pude vender libros y hasta ser jefe de ventas en una Editorial. Y, sobre todo, he podido encausar mi formación docente en un canal que que ni sospechaba: el arte  maravilloso de narrar cuentos trabajando en los Colegios Hebreos de Caracas y luego en la Universidad Católica Andrés Bello, en las Escuelas de Educación y de Letras, en tanto fundaba y dirigía a Narracuentos UCAB. Como había fundado Cuentos de la Vaca Azul, con anterioridad.
Pero es mi patria por adopción y naturalización. Y, no sólo por eso. Es, además de las de mis hijas, mi yerno y mi nieto. Y la reconozco como mi madre patria, también. 
Asi que corrijo el dicho escuchado en mi pueblo: "Uno no sólo es de donde nace, también lo es de donde se hace". Y algo más. No tengo, ni quiero perder un previlegio que, es posible, muy pocos han de tener: La de ser el hijo de tres madres: la que me dio el ser, y las dos patrias, Uruguay y Venezuela.
Amén. 

Foto: Manuel Sardá. Texto: Armando Quintero

viernes, 25 de abril de 2014

... Y, como no hay dos sin tres: aquí va la tercer respuesta



Desde su concepción, ¿de qué se trata la narración oral?

            De un oficio, uno de los primeros oficios del hombre, quizás, el oficio más antiguo del mundo, que se he transformado en una profesión artística. Es un oficio que deviene de la conversación cotidiana, del acto comunicacional de compartir vivencias, anécdotas, experiencias, sucesos o historias reales o maravillosas, matizadas de imaginación por obra y gracia del narrador oficiante. El cual puede interactuar, a conciencia, con uno o más individuos, tanto como puede hacerlo con un pequeño grupo o uno muy numeroso de personas, en diferentes espacios y en diversas situaciones.
            Creo que a esta pregunta ya la he respondido muy en mi texto publicado en Analítica (http://www.analitica.com/media/3183637.pdf) Cito, de las págs. 3 a la 4:

            Contamos si hemos vivido. O si reconocemos en nosotros mismos, y con seguridad, qué hubiéramos hecho y cómo nos sentiríamos si nos hubiera tocado vivir esa misma situación. No podemos mentirla, es nuestra, nos pertenece.
            Contamos si sabemos muy bien la historia que queremos compartir, no desde la memoria mecánica, fría, repetidora, sino desde el corazón. Reviviéndola. “El narrador oral no es un repetidor, es un creador”, alguien dijo por ahí.
            Contamos si conocemos al personaje: cómo es, en todos los aspectos y en todas sus dimensiones físicas, sociales, culturales... Desde adentro, como si fuéramos él. No haciendo como si fuéramos él. Siendo él. Sintiéndolo.
            Contamos si nos ubicamos en el espacio y en el tiempo de ese personaje: dónde, cómo, para qué se mueve en cada momento que lo hace. Viéndolo.
            Contamos si sabemos improvisar y recrear permanentemente lo narrado. Si sabemos que, como nos asegura alguien que conoce mucho sobre las artes escénicas: “Se improvisa sobre lo que se sabe, no sobre lo que se olvida o desconoce”. Si reconocemos que somos improvisadores, no improvisados.
            Contamos si reconocemos que lo hacemos con el público, desde nuestra humildad, desde nuestra honestidad, desde nuestra verdad y desde nuestra seguridad en nosotros mismo, porque ningún cuento es inocente y, por ello, no podemos contar cualquier historia.
            Contamos al divertirnos, si sacamos hacia fuera lo que tenemos dentro. Sin la intención de moralizar o educar como principio, sino con la seguridad de narrar como para abrirle puertas y ventanas a la imaginación, los sentimientos, los sentidos, el corazón de los otros. Desnudando ante ellos nuestro propio corazón.
            Contamos s asumimos a conciencia un oficio que, como tal tiene su teoría, su práctica y su propia historia. Si lo reconocemos como un arte de todos los tiempos, igual y diferente en otros espacios y en otros tiempos y con todas sus similitudes y sus propias diferencias con otras manifestaciones de la escena.

Texto: Armando Quintero, a partir de una pregunta de David Venegas Quintero / Foto: 8ºfestival de Ibagué    

Otra pregunta que me hicieron


Desde su perspectiva, ¿cómo se diferencian cuento y leyenda?

            La actriz y narradora oral argentina Ana Padovani nos aproxima a la respuesta en su libro Contar cuentos pues nos da unos elementos precisos para diferenciar cuentos y leyenda. Citaremos sus palabras para ambos términos y,  al comentarlas, estableceremos las diferencias.
                        Entre las numerosas definiciones de “cuento” tomaremos una que           corresponde ampliamente a la noción utilizable para la narración oral. Pertenece a un gran estudioso e investigador del tema, Enrique Anderson Imbert:

                                   El cuento es una ficción en prosa, breve, pero con un desarrollo tan formal                  que, desde el principio, consiste en satisfacer de alguna manera un urgente sentido de finalidad (Anderson Imbert, 1979, pág.52)

                        Así, vemos que deberá tener la dosis suficiente de intriga y seducción como       para no poder suspender su lectura y, en este caso, su escucha. (Padovani, 2002, pág. 32)

            Unas pocas páginas antes, al referirse a la leyenda, Padovani apunta:

                        Se trata de hechos fantásticos pero desarrollados a partir de un momento,          lugar o circunstancias determinados. Están ligadas al tema de las creencias. Así como los cuentos tienen una función fundamentalmente lúdica, las leyendas tienen  por finalidad dar una explicación o un esclarecimiento. Parten de hechos puntuales en el tiempo y en el espacio a los que se les da una dimensión irreal o fantástica. (Padovani, 2002, pág. 27)

            En la respuesta a la pregunta anterior, si leemos con cierta atención, ya están señaladas algunas diferencias. Pero precisemos detalles sobre ellas.
            La leyenda está basada en situaciones ubicadas en un tiempo y un lugar determinado, narra situaciones con una relativa o acertada precisión histórica que, aunque nos lleven a darles una dimensión irreal o fantástica, no desconocen esas raíces. El cuento no necesariamente parte de hechos puntuales en el tiempo y en el espacio, ni nos lleva a una dimensión irreal o fantástica. Y cuando lo hace es con la seguridad de convencernos de ello, de convencernos de su veracidad, de hacer creíble hasta lo imaginado: que las alfombras vuelen, las lámparas tengan genios encerrados y las cuevas abran sus puertas a los mandatos de una voz que pronuncia palabras claves, tanto como que existan dragones, brujas, duendes y hasta pequeños unicornios azules con alas que quepan en la mano de cualquier ser humano que los atrapa, sobre su cabeza, en su vuelo y por mera casualidad.

            Las funciones de ambos son diferentes. El cuento, además de lúdico, divierte y seduce. Su función primordial no es moralizar o educar. La leyenda, no. Precisemos sobre ello. En la actualidad, ¿a quién le atrae un cuento cuya razón de existencia es para dar valores morales o educativos explícitos? Todos sabemos, en mayor o menor grado, que ningún cuento es inocente, que dentro de él hay valores, enseñanzas, pero todos exigimos que nunca se le note las costuras, que tenga un vestido o un traje muy atractivo y, sobre todo, de calidad narrativa.

Texto: Armando Quintero, a partir de una pregunta de David Venegas Quintero / Foto: GOOGLE     

martes, 22 de abril de 2014

Una pregunta que me hicieron



  ¿Qué son cuentos y leyendas?

            Me crea cierto escozor la pregunta formulada así porque hay una reducción a dos términos que no deja de preocuparme. Cuentos y leyendas sólo son parte de un enorme conglomerado de términos que nombran a todos aquellos textos, orales o escritos, que nos narran, a viva voz y con todo el cuerpo, o nos escriben todos aquellos que nos divierten o educan y moralizan en el entorno de cada comunidad o sociedad, es decir, los actuales narradores orales o cuenta cuentos, los narradores orales comunitarios y ancestrales o los simples escritores. Y las reducciones pueden ser perversas porque nos pueden llevar a una dualidad en la que no creo: el cuento como una elaboración más sofisticada, “culta”, “intelectual” e individual e identificada con nombre y apellido y la leyenda como una recuperación de lo “popular”, “lo anónimo”, lo no elaborado o “identificado”.
            Hecha esta la aclaratoria, respondamos a “¿qué son cuentos y leyendas?”:
            Son textos narrativos que, desde tiempos inmemoriales, le han permitido a cualquier ser humano, independiente de cual sea su entorno geográfico y su diversidad cultural, entretener, orientar y revitalizar los valores de su comunidad y, al compartirlos con otros, de generación en generación, divertir y divertirse, tanto como capacitarlo para explicarse y explicar aquellos hechos que desconoce y que le asombran, como todas aquellas situaciones que le inquietan o abruman.
            Cuento es una palabra que lleva en sí un doble significado. En el antiguo latín, como en uno de sus derivados actuales, el castellano, contar, computare, es tanto enumerar como narrar. Y ello es correcto porque contar es un cómputo de hechos tanto como la cuenta es el cuento de los números. Algo más o menos así siempre nos señalaba Jesualdo en sus clases de Magisterio y en su libro La literatura infantil (1963). Cuando narramos un cuento siempre enumeramos una serie de sucesos, de acontecimientos. Y no distinguimos, para nada, si estos hechos son completamente ideales o quiméricos, inventados por la fantasía de una comunidad, de un pueblo o de un autor individual y concreto. Si son una vivencia, anécdotas, sucesos, relatos, fábulas o historias religiosas o profanas, cuentos de hadas, cuentos picarescos, de amor o de terror. En todos ellos, a alguien le pasa algo con alguien o por algo, o por alguien o algo que, por alguna razón sucedió, en el transcurso de cierto tiempo y en un lugar precisado. Y eso que pasa tiene sus consecuencias para llegar hasta un final. Es decir, en toda vivencia, suceso, relato  hay acciones que se inician, desarrollan y culminan. Son cosas que pasan, y es eso lo que nos interesa y nos mantiene vivo en el cuento. Carlos Pacheco y Luis Barrera Linares, en el libro Del cuento y sus alrededores (1997), compilaron una amplia serie de definiciones de varios autores, tanto de especialistas y críticos literarios como de muy importantes escritores. Convendría revisarlo con atención. Hay precisiones significativas para “una teoría del cuento”.
            La leyenda que, no sé por qué siempre la he sentido muy vinculada al mito y como un derivado menos ancestral y modernizado del mismo, está vinculada a las respuestas que el hombre se ha dado ante lo inexplicable de su existencia, de los fenómenos de la naturaleza, de los cambios constantes en el cielo y en el mar, de las emigraciones permanentes de los pueblos y de los animales, de la vida de los diversos seres y de las cosas como, también, de los diferentes sentimientos y sensaciones que experimentaron o experimentan, incluso, de todos aquellos misterios que lo rodean y lo aprisionan. Traducen una totalidad de experiencias, de conocimientos, de saberes, que unos hombres han intentado transmitir a sus contemporáneos y a las generaciones posteriores como consejos prácticos para lograr una mejor relación, un mayor equilibrio, consigo mismo, con los otros seres, con su entorno, con su comunidad y con todo aquello que suceda. Es una manera de lograr una posible felicidad con y entre los otros seres. Una manera de tolerar y sobrevivir a su propia existencia. Son relatos que, más que entretener, educan.   

Texto: Armando Quintero, a partir de una pregunta de David Venegas Quintero / Foto: Rodolfo Rodríguez                                                                                                                       

viernes, 21 de marzo de 2014

Pregón de cuenteros

Armando Quintero en una actividad reciente con niños y adultos

A un ser que me llenó de ternura, a un alma ingente que sé un día "he de abrazar". Con mi mayor respeto, en el día del NARRADOR le rindo mi humilde homenaje:
Somos narradores
que lo sepan todos
trashumamos cuentos...
¡hasta por los poros!
Alzamos la voz
levantamos puentes
con nuestros aliados
los pequeños duendes.
Figuras ingentes
de cuerpo pequeño
que habitan en cuentos
cuando llega el sueño.
Restalla en la historia
la voz del cuentero
que sembrará vida
por el mundo entero.
Somos narradores
de tiempos lejanos
cuentos ancestrales
¡portan nuestras manos!
Levanta la tapa
de tu corazón ágil
te daré una historia
que nació muy frágil.
Y mientras tú saltas
por la tinta fresca
haré que tu libro 
ya desaparezca.
Sólo tu presencia
sumada a la nuestra
hará de tu cuento
una historia puesta...
en el cielo nuevo
y junto a tu edredón
quedarás dormido
sobre mi faldón.
Texto: María Celina (Maritacé)  Foto: del Blog de Lluvia de Luna

miércoles, 12 de febrero de 2014

Clarissa y el mar


           


            Allá, como a treinta y tres grados al sur, en un país pequeño que es como un corazón patas arriba, allá nació Clarissa.
            Clarissa muge y sonríe bajo la sombra de un árbol y mira hacia el horizonte.
            - Un lugar como éste no hay –piensa Clarissa.
            Y la vista se le pierde, lejos, entre pastos tiernos y frescos de tan verdes.
            Allá donde vive Clarissa hay un río.
            Que para algunos es como muy pequeño para ser un río. Pero, para todos, es enorme por sus cuentos, poemas y canciones.
            A veces Clarissa mira hacia los tres puentes que atraviesan el río de su mundo. Y piensa: - “Hay lugares en los que se nace para irse”.
            Pero se queda allí como pasajera del tiempo.
            Y escucha entre sueños pasar los trenes.
            Un día un pajarito se posó sobre su cabeza.
            - Nuestro río tiene las olas grandes –le dijo Clarissa por hablarle.
            - Tan grandes como las del mar –comentó el pajarito.
            Clarissa le dijo que no había visto nunca al mar.
            Y el pajarito le cantó los sonidos de las olas del mar y le habló de sus playas, de los puertos, los barcos y los veleros que llegan y se van.
            - ¿Qué más? –preguntó Clarissa.
            Y Clarissa oyó de las aguas del mar, de su sabor salado lleno de peces, pulpos, calamares, camarones y de caracoles. También de los tiburones y de sus vientos y mareas.
            - ¿Qué más? –volvió a preguntar Clarissa.
            El pajarito miró los ojos de Clarissa y recordó la mirada ausente de un marinero que andaba caminando tierra adentro, lejos del mar.
            Y fue cuando le contó el encuentro de Odiseo con las sirenas.
            Y ahí quedó Clarissa enamorada del mar. Y de los cuentos.
            - ¿Qué la pasa a ella? –se preguntaban las hermanas.
            - ¿Qué bichito la ha picado? –se preguntaba su mamá.
            - ¿Qué hace esa vaquita loca? –preguntó el toro rojo que la vio pasar. ¿Será contagioso lo que tiene?
            - Espero que sí -pensó Clarissa.
            Es que Clarissa, de sólo pensar en el mar, se colorea de azul.
            Y se llena de cuentos. Desde las ubres al piquito de su risa, desde el cielo claro de su regazo azul hasta los cachitos amarillos de su cabeza.
            Cuando así le ocurre Clarissa se va a recorrer su mundo y el de los otros.
            Y comienza a abrir puertas y ventanas en el corazón de todos.
Texto: Armando Quintero (versión para EKids) / Foto de los tres puentes del Río Ulimar: Andrés Tuerca