Clarissa, la vaca azul

Clarissa, la vaca azul
paseando por el campo

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Él sigue aquí, entre nosotros

Ilustración: Armando Quintero.

"Se fué Jairo Aníbal Niño. Nos queda la ternura. Días antes dijo a sus amigos: "donde hay amor no hay ausencia", y por eso nos queda la responsabilidad de vivir lo más intensamente posible cada instante, pues es como si Jairo Aníbal ahora navegara en cada estrella, en cada flor que se abra en la mañana en los jardines, ...ahora nos acompañará con el sol de cada día y también con la lluvia."
Tomado del blog de Celso Román



Es decir, hermano, que Jairo Aníbal sólo ha cambiado de residencia. No más.

Eso sí, lo hizo como le gustaba. Para sorprendernos.
Por eso, viajó en la madrugada y sin permitir que nos avisaran.

Él sigue aquí.
En cada uno de sus libros, en la sonoridad revitalizada de sus palabras y en los recuerdos que mantenemos desde una pequeña sonrisa de su parte, hasta una cerveza bien helada compartida en algún elegante lugar, un güisqui o un simple abrazo que nos diera. O el revivido aroma de uno de esos sabrosos almuerzo creado por Irene.

No creo, tampoco, que Jairo Aníbal quiera nuestras lágrimas.
No lo lloremos. Aunque nos duela. Porque no sólo nos borrarían su imagen sino, también, lo harían con sus caminos trazados. Tengámoslo presente.

Si se le quiere, se le saludará con un abrazo lleno de alegría. Como estoy seguro que lo desea desde donde esté. Y lo recibirá con afectos y efectos multiplicados y multiplicadores.

Los amigos no se mueren, eso lo aprendimos de él.
Sólo cambian de espacios para seguir acompañándonos.
Y para darnos más alegrías de querer la vida.
¿Verdad, Jairo Aníbal?

Quizás fue por eso, entre otros motivos, que nos ocultaste tu enfermedad.
Y nos abrazaste con intensidad al despedirnos en tu último viaje a Venezuela.
Para que sintiéramos y mantuviéramos tu amor, no tu ausencia.

Te recordaremos tan vital como siempre.
Gracias por tu vida.
Y por habernos dado más vida.

Desde ya, te estaremos buscando en la cara de la luna.
Y navegaremos contigo en cada estrella, en cada flor que se abra en la mañana en los jardines. Y nos dejaremos acompañarar de tí con el sol de cada día y también con la lluvia.

Amén.