Clarissa, la vaca azul

Clarissa, la vaca azul
paseando por el campo

sábado, 19 de diciembre de 2009

¿Será que se ha llevado a un Tío Conejo al poder o será que es otro el cuento?... (segunda parte)









Ilustración tomada del blog de Antonio Villarroel.




¿Será que se ha llevado a un Tío Conejo al poder o será que es otro el cuento? O, ¿cómo es que sigo siendo un venezolano de a pié a pesar de ello y, a mucha honra?

Ante lo que está sucediendo, uno que ya vivió situaciones que se le parecen, se pregunta: ¿será que el sur vuelve a repetirse desde la otra acera? Aunque, lo sea en una versión corregida, aumentada y “tropicalizada”.
Claro que, para pensar así, tendríamos que creernos que estamos ante un gobierno de izquierda, y no verlo como una de esas historias que alguien se inventó, en una versión nueva y maltratadora de Tío Conejo ante Tío Tigre.
Con su aflorado resentimiento acumulado en siglos. Y con toda su picardía a flor de galones disfrazados de civiles. Perdón, quise decir, de lobos disfrazados de corderos.
Con la lamentable referencia, y la siempre mala generalización, de seguir tratando de feroces a los maltratados lobos, como se ha hecho en la mal llamada Literatura Infantil. Y aunque el proceso tampoco tenga nada de infantil.
Reconocemos también, por supuesto, que los barros de los tan mentados cuarenta años de democracia trajeron estos lodos.
Con el apoyo, incluso, de los medios. ¿O, no?
Sabemos y reconocemos que eran necesarios muchos cambios.
¿Pero era necesario y el país reclamaba un Socialismo del Siglo XXI?
¿Era necesario vivir en guerras permanentes? ¿En dualidades en todos los terrenos? ¿En enfrentamientos entre un mundo real (el de todos los días con sus hambres, sus inseguridades y todas sus carencias) y esos mundos de sueños de lo que queremos ser y aún no somos (el que nos presenta El Señor Presidente – con todas las connotaciones que nos recuerdan al título de la novela de Miguel Ángel Asturias, aunque este señor no se anime a tanto, como han dicho algunos, “por ahora” como dicen otros - y que muchas veces nos resultan ficticios, ése que nos presentan los discursos presidenciales y muchas de las cadenas a las que somos obligados con más frecuencias)
Y vino a mi memoria el último párrafo del EDITORIAL de la Revista SIC Nº 691 de enero-febrero de 2007, ¡qué a esta altura tan lejos nos parece, estando tan cerca con las últimas resoluciones, propuestas y acontecimientos internos!:
simplemente estatización, centralización del poder y hegemonía política e ideológica “Pensamos que si por socialismo del Siglo XXI se busca una verdadera socialización del poder desde la pluralidad política e ideológica; la profundización de la justicia social que incluye en la agenda temas como la seguridad ciudadana, el desempleo, vivienda y urbanismo, servicios médicos de calidad, educación cualificada, cárceles, etc.; y las garantías a las libertades ciudadanas entonces nosotros ya desde al menos 1968 somos parte de este proceso. Pero no estamos de acuerdo si por socialismo del Siglo XXI se entiende ”.
O, más claro, si es que no lo oscurezco con los grados superlativos, y en aumento paulatino, de todas las necesidades que serían atendidas y que fueron la esperanzada bandera para lograr, como otro caudillo libertador de los tantos que por estas tierras han sido y que, desde los tiempos de la Conquista parecen necesitar, según algunos teóricos, los habitantes de Venezuela. Promesas que le hicieron llegar a la presidencia: guerra sistemática a la corrupción, atención a las carencias habitacionales, atención a los niños y a los ancianos, atención a la cultura, atención a la producción, guerra al hampa y la violencia cotidiana y… y… y otras tantas propuestas prometidas, iniciadas, o medio concretadas, o detenidas y luego, olvidadas. O, a veces, retornadas para volverlas a terminar destrozándolas.
Hay una síntesis bien interesante sobre lo que está sucediendo en estos últimos diez años en Venezuela realizada por Andrés Cañizález:

“Hemos vivido en Venezuela, en una suerte de vorágine en los últimos años. Gobernado el país por un mismo hombre por una década, asistimos a metamorfosis de diverso calibre, con cambios (o anuncios de transformaciones) casi a diario. La carrera parece no tener fin, como tampoco los recursos económicos de esta época, en la cual el precio de barril de petróleo rompió todos los récords. El país es otro, y tal vez el mundo mediático – junto a otras ramas empresariales sensibles para la lógica gubernamental- resienta especialmente dichas transformaciones. Esa suerte de refundación, en la que se insiste desde el discurso público, parece reducir toda la vida nacional a lo hecho (o deshecho) desde el 2 de febrero de 1999, cuando el presidente Hugo Chávez asumió el poder. Hay, desde el espacio reflexivo, especialmente académico, una cierta necesidad de recapitulación. Se trata de una historia necesaria para poder tener el retrato de cómo los medios y el poder político se entretejieron durante décadas, cuando aún no se había iniciado el tiempo de la revolución bolivariana”.

No sé por qué, cuando estaba releyendo este texto, me recordé de una conversación oída de paso, y casi sin querer, como sucede siempre que uno viaja en el vagón de un metro.
Dos secretarias venían hablando de uno de sus jefes. Una con evidente acento caraqueño, la otra con marcado acento peninsular, hasta diría que catalana, por “la mala leche” de su comentario: “Es que te digo, él es como el Rey Midas. ¿Sabes?, ¿El que convertía todo lo que tocaba en oro? La única diferencia es que, como estamos en dónde estamos, todo lo que hace, aunque le siga quedando amarillo, se le torna más blando y con olor”.
No podemos negar que no todo lo que reluce es oro pero tampoco, en sus momentos de auge todo ha sido el elemento de la otra materia.
Caso concreto, las Misiones.
Aunque el propio Presidente Chávez acaba de reconocer - este sábado 25 de julio de 2009, en el discurso en el homenaje a los 10 años de la Asamblea General Constituyente creadora de esta Constitución que nos rige - que existen problemas en ellas.
Perdón, otra vez hago un paréntesis. Cosas de contador de Cuentos.
- Ah!, no sé, sólo me pregunto: ¿estamos ante un macho vernáculo que golpea todo el año a su mujer pero no se olvida de festejarle su cumpleaños y el Día de la Madre?
Eso fue lo dicho por una vecina - que como muchos fue una ferviente admiradora del Presidente y, por añadidura del proceso - cuando se enteró que el Presidente sería el orador de orden en la Asamblea Nacional en esos festejos. Otra vez las negritas son mías.
Y, me disculpo por la virulencia de lo dicho.
Tampoco podemos desconocer que permanentemente, a veces algo tarde, revisa el acontecer de sus propuestas y cambios. Como impone líneas de trabajo como las de ordenarle a sus subalternos que busquen los mecanismos para el cierre de otro canal opositor o, en su alternativa, prohibir la salida de su presidente, sea justificado o inventado el motivo legal de la misma. ¿Otra jugarreta para un exiliado más?
¡Ah! Ya que hablamos de jugarretas, dicho sea y no tan de paso, porque la cosa se está poniendo color de hormiga: ¿Cuál es, ha sido y será la que se está generando de nuevo con todos - y remarcamos “todos” - los medios?

“Casi todos los periódicos estuvieron divididos entre gobierno y oposición. Apenas hubo espacio para el término medio. No podían, por esas razones, informar con equilibrio sobre lo que ocurría en el país; no podían ser un espejo de la realidad. En verdad, la imagen que reflejaban era una imagen empañada, distorsionada, bastante incompleta”.

Esto lo señaló Eleazar Días Rangel, como lo apunta Andrés Cañizales, con sutil ironía, no al hablar de los medios en el año 2002 sino por el crucial momento de 1936 a 1948, tan difícil para nuestra vida democrática. Y lo hace no “para justificar acciones recientes, porque en el pasado acontecieran experiencias similares, pero es necesario no perder de vista hechos que merecen una lectura y se conectan con lo que se ha estado viviendo en Venezuela en los últimos años”
.
¿Son tan inocentes todos los medios? No habrán fraguado el golpe de Estado de abril de 2002, pero ¿no sostienen, como nos apunta Villamediana, un “oposicionismo beligerante” al condenar por dictatorial diversas decisiones presidenciales y guardar un largo e incómodo silencio ante la acción de Carmona, por ejemplo? ¿No tienen, cumplen o asumen un rol político? ¿No se han convertido, como señala Marcelino Bisbal, “en el espacio público privilegiado por la gente; los medios están alterando la vida y hasta las propias formas que hoy adquiere la socialidad”? ¿Han cumplido con un “mínimo de calidad, transparencia y respeto a los derecho de la audiencia”?...Pero, ¿cómo la está saldando el Estado que se muestra cada vez más?
Además de las medidas que se asumieron en 2004, al aprobarse la Ley de Responsabilidad Social de la Radio y la Televisión, los anuncios oficiales de nuevas medidas y leyes, tanto para los medios como para la educación, la tenencia de la tierra y… y… y… Todo ese conjunto, me llevan ha preguntarme: ¿No será qué, al mejor estilo de la novela satírica Rebelión en la granja de George Orwel? Al menos, como que estamos cargando con toda la corrupción que engendra el poder, en todos los niveles. Y, al continuar sobre los mismos pasos que nos ha trasformado, según Agustín Blanco Muñoz, en un No País, nadie podrá evitar que se sigan expulsando, no a los humanos – porque estamos claros que en este país todos los somos – pero quienes vienen creando un sistema de gobierno propio, cada vez más a la imagen y conveniencia de un líder único, cegados por el poder terminen expulsando a lo humano y lleguen a convertir todo en una tiranía brutal. ¿Seguiremos hasta allí? ¿Seguiremos tropezando, otra vez, con la misma piedra? Ya estamos con una “Hegemonía Comunicacional” y acaparando (o expropiando) todo. ¿O, no?

“Casi toda nuestra historia republicana ha estado marcada por la compulsión a la repetición. No ha habido una verdadera reflexión capaz de deshacer este nudo gordiano. La psicología nos permite agudizar la visión para detectar las variables sutiles que intervienen en los hechos sin ser notadas, para percibir la cara oculta de nuestras posturas y acciones. En este sentido, este estudio de la figura del pícaro revela importantes formas y límites arquetipales que nos confinan y que, reforzados por la cultura, dan cuenta de la repetición de muchos de los complejos históricos que se resisten al cambio. La penetración y efectividad de un discurso político construido sobre el culto del héroe, la demagógica exaltación de la nobleza, las virtudes y los altos ideales de un pueblo que vive mayoritariamente a nivel de subsistencia en una realidad miserable en que la viveza es su principal don, muestra un paralelismo tan contradictorio y extraño a la razón que sólo es posible comprenderlo como resultado del delicado juego de nivelaciones y compensaciones entre los polos o caras opuestas del arquetipo. La psicología de los arquetipos otorga una perspectiva más amplia porque se ubica en el interregno donde lo individual se confunde con lo social, donde los seres humanos se entremezclan con las instituciones y el pasado se hace presente. La comprensión y solución de nuestros más acuciantes problemas sociales no saldrán de su estancamiento hasta que no tomemos en cuenta las prelaciones psicológicas, hasta que no lleguemos al fondo de las actitudes colectivas que soportan el orden económico y político”. Según nos asevera Axel Capriles al culminar su libro La Picardía del venezolano o el triunfo de Tío Conejo.
Por qué no he llegado, hasta ahora, a preguntarme: ¿cómo es que sigo siendo un venezolano de a pié? Pero, a pesar de ello, ¡a mucha honra!
¿Cómo es que sigo, como muchos, aguantando lo que pueda venir?
Y recordé la respuesta que le oí a un anciano, en la cola de un banco, ante un abuso. Llegaba a la caja y una mujer se interpuso entre él y el cajero. Al reclamarle por haberse coleado, ella le amenazó con llamar a su marido.
- ¿Qué te pasa musiú? – dijo al llegar el esposo, con gestos agresivos.
- Mire, señor, el problema no es de nacionalidad, sino de conductas. Aunque, si así lo fuera, le aclaro que, en mi país de origen, al igual que usted en el suyo, nacimos por accidente pero, en mi caso, hay una diferencia: yo sí pude elegir ser venezolano y, como tal, no sabría decirle cual de los dos lo es más. Aunque, ¿interesaría esto si no podemos resolver las cosas tolerándonos y no ofendiéndonos? – respondió el anciano, con la mayor serenidad.
Esa respuesta, acrecentó el reclamo de las personas que observaban la escena, y atrajo al vigilante que le solicitó a la pareja que se retirara del banco.
Por eso soy venezolano, respondí en su momento a la pregunta formulada por Pino Iturrieta.
Y lo respondo aquí de nuevo: para resistir y revitalizar al venezolano que siempre conocí, que es el que admiro y quiero: al venezolano que, como muchos de los amigos que hemos cultivado en todos estos años, aman al ser humano que todos llevamos dentro. Al venezolano que ansía ser mejor e igualarse con los mejores, en lo mejor. Al venezolano que desde los espacios donde narro oralmente o de los sitios donde escribo siempre comparto y coparticipo con él. A ese venezolano sin distingo si es de barrio o urbanización, si vive en el este o en el oeste, si tiene fe en tal o cual credo o religión. Y menos, si es rojo, amarillo o azul, porque todos, desde antes de nacer, o porque adoptamos a estas tierras como nuestra nueva patria, estamos cobijados por una bandera que tiene franjas iguales en esos colores. A ese venezolano que nunca fue ni-ni porque siempre asumió compromisos. A ese venezolano que ahora se califica de no alineado pero, con todo el respeto por la criteriosa calificación, no le importará nunca que lo llamen como lo llamen. Porque, sea como sea él siempre será un ciudadano de a pié, que vive, sangra y sobrevive resistiendo los avatares de los tiempos. Camine o circule en bicicleta, moto, carro, autobús o metro. A ese venezolano que deseamos siga siendo como es. Y que siempre estaremos dispuestos a promover para nuestros hijos y nietos, y para cada uno de nosotros. Nos lo merecemos, ¿o, no les parece?

Armando Quintero Laplume
Tomado del libro ENTRE NOSOTROS Prensa, democracia y gobernabilidad en la Venezuela actual de Carlos Delgado-Flores (coordinador) Ediciones de la UCAB. Serie Mapas de la COMUNICACIÓN. Caracas, noviembre 2009.