Clarissa, la vaca azul

Clarissa, la vaca azul
paseando por el campo

lunes, 11 de septiembre de 2017

Entrevista realizada por: Nairubys González




Dirigida a: Armando Quintero Laplume.
Cuya labor de promoción de Cultura de Paz y de Literatura Infantil y Juvenil, lo realiza a través de: la Docencia en Literatura, la Docencia en Narración Oral y Artes Escénicas, como Cuentacuentos, como Promotor de la Lectura y la Escritura y en sus escritos e ilustraciones de cuentos para niños, jóvenes y adultos.

A partir de su experiencia:
1)    ¿Cómo pudiese describir su experiencia como promotor/a de Cultura de Paz y/o de Literatura Infantil y Juvenil?

Estoy seguro que lo que me llevó a ello fue resultado de un proceso que se gestó  desde mi formación inicial. Nací y crecí en una zona de Uruguay –la llamada Suiza de América- donde los peones y jornaleros narraban muchos cuentos, anécdotas, historias o vivencias e, incluso, varios de ellos le leían a los otros cuanto periódico, revista o libro llegaban a sus manos. Aclaro que los relatos orales no lo hacían para los niños o jóvenes sino para toda la comunidad. Fue a finales de la Segunda Guerra Mundial y el inicio de la postguerra. Se recibían, como en todo el país, a muchos emigrantes europeos: italianos, franceses, españoles y judíos. Como también emigrantes de Europa Central y del Cercano Oriente. A nuestros padres, abuelos y educadores siempre los vimos conversar y compartir experiencias y saberes con ellos. Pero, sobre todo, predicar con el ejemplo de la tolerancia y la aceptación del otro, en dichos y en hechos. Como, también lo hacían con la lectura porque les veíamos leer mucho. Mi primer año escolar se realizó en una escuela granja donde las dos maestras que atendían los tres primeros grados nos enseñaron a leer y a escribir en los poemas de Federico García Lorca -se cumplían quince años de su asesinato- Rafael Alberti, Miguel Hernández, Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado y Pablo Neruda, no sólo en los libros obligatorios y convencionales fijados por el Ministerio de Educación. Recuérdese que la educación formal era “laica, gratuita y obligatoria” desde finales del siglo XIX y los educadores tenían una muy buena formación para ejercer como tales. A la ciudad capital de nuestro departamento la visitaron personalidades tan reconocidas como León Felipe, Andrés Eloy Blanco, Pablo Neruda, Atahualpa Yupanqui, entre otras, y dejaron hondas huellas en los niños y jóvenes de nuestra generación. Sin dudas, todas estas experiencias, vitales, signaron mi elección profesional para formarme en lo que hago y en lo que soy.

2)    ¿Cómo utiliza la Literatura Infantil y Juvenil para promover la Cultura de Paz?
No la utilizo, me valgo de recursos que me aporta la narración oral para directa o indirectamente resaltar elementos en común que contribuyan a la promoción y difusión de la Cultura de Paz. Y, sobre todo, me dejo influir por ella leyendo y releyendo, recordando cuentos que me narraron o me leyeron, buscando permanentemente nuevas historias, estando atento a las lecturas de otros. Trabajo sobre dos máximas que aprendí de mis educadores y maestros. La primera: “Uno tiene que leer diez cosas para poder dar una”. La segunda: “Se habla muy bien de lo que se sabe, no de lo que se olvida o desconoce”. Lo demás se da de añadidura. El arte de narrar cuentos, a viva voz y con todo el cuerpo, es una acción de comunicación directa que interrelaciona a quien lo ejerce con un público y, por ello, lo influye y, a su vez, es influido. Uno tiene que tener en cuenta que su intención es, ante todo, divertir a ese público. Como lo es, por regla general, en cualquier manifestación de las artes escénicas. Uno no pretende moralizar ni educar, esas son las funciones de los religiosos y la de los educadores, Para eso están. Además, no sería aceptado ni por niños y menos por los adolescentes, una persona que, diciendo que viene a contarles un cuento, venga a darle pautas de cómo comportarse o cómo aprender sobre algo. Narrar cuentos es divertir. Pero, quien narra ha de saber qué es divertir. Según nos dice Joan Corominas, en su Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana: “divertir” es una palabra compuesta que, en el antiguo latín, significaba “dos veces verter, dos veces volcar”, su verdadero significado sería: “sacar hacia afuera lo que se tiene dentro”. Eso es lo que hace un buen cuentacuentos: saca lo mejor de él para que el público le entregue lo mejor. Además, sabemos que ningún cuento es inocente. Todo texto tiene un mensaje. Por ello, hay que ser muy cuidadoso al seleccionar un texto para compartir con un público, máxime si éste es de niños o de jóvenes. Seamos conscientes o no, con él enseñamos y damos sugerencias de cómo nos comportarnos en la vida
3)    ¿De qué forma considera que influye la Literatura Infantil y Juvenil relacionada a la Cultura de Paz en la infancia y juventud?
Como cualquier público, un niño –incluso un adolescente, aunque al comienzo pueda ser muy reticente para manifestar sus emociones- al escuchar un cuento narrado a viva voz y con todo el cuerpo, es casi seguro que “se deja llevar” e influenciar por las palabras de la historia. Además, como coparticipamos con él y no es un mero espectador, si supimos leer sus reacciones a partir del primer momento, sabemos que hace vivo y suyo al cuento. Porque, como público, traduce emocionalmente, “a su imagen y semejanza”, cada una de las acciones de los personajes, cada uno de los espacios donde se mueven y a cada palabra la ve reflejada en el entorno en el que vive y comparte su realidad cotidiana.

4)    De cara a los diferentes conflictos (sociales, familiares, educativos, personales, etc.) en los que se pueda encontrar la niñez o la juventud de diferentes contextos: 
a.    ¿Cómo se debe trabajar o reflexionar sobre el conflicto con el público infantil y juvenil a través de la Literatura Infantil y Juvenil?
Como decía el poeta León Felipe: “Yo no sé muchas cosas, es verdad, digo tan sólo lo que he visto”. Antes de cada presentación, entre otras cosas, recurro a mis recuerdos, “hago pasar de nuevo por mi corazón” algún detalle de mi experiencia como lector infantil y juvenil. En lo personal, siempre me da resultados. Y trabajo desde el asombro, la interrogación, la sugerencia. Nunca desde el conflicto en sí o desde la afirmación desnuda, descarnada, de lo sucedido o de lo que sucede. Abro puertas y ventanas. Siembro con los cuentos y poemas muchas semillas de solidaridad, tolerancia, equilibrio para buscar y encontrar, en común acuerdo, otras preguntas que lleven a nuevas preguntas. No doy respuestas a nadie para encontrar soluciones acordadas. Al estilo de la mayéustica socrática.
b.    ¿De qué forma considera que la Literatura Infantil y Juvenil pueda incidir en el público?

Siempre lo hemos dicho y lo decimos, desde muy niño, los narradores orales campesinos, los educadores y los abuelos nos lo enseñaron en palabras y en hechos: Ningún cuento le cambia la vida -o su comportamiento ante ella- a nadie. Pero, es seguro, que le  abre una puerta o alguna ventana para que sea él quien elija hacerlo y ser mejor de lo que era hasta el momento de escucharlo e integrarlo a su vida. Y eso, sí es importante ¡y vale mucho!

5)    Si tuviese que elegir un título u obra de Literatura Infantil y Juvenil para reflexionar sobre la Cultura de Paz con la niñez o la infancia, ¿cuál o cuáles elegiría? ¿por qué?

La otra orilla de la chilena Marta Carrasco porque nos permite, sobre todo, comprender y valorar la tolerancia ante la diversidad cultural de las familias que, algunas veces, nos pueden llevar a discriminar a los otros por prejuicios ante las costumbres, las apariencias físicas y los estilos de vida. Además, el punto de vista de este relato –una niña que cuenta su vivencia- nos permita observar que no son los niños los de los prejuicios, las discriminaciones, las intolerancias sino los adultos que educan y transmiten antivalores como normas de comportarse.


6)    ¿Cuál ha sido su mayor reto como promotor/a de Cultura de Paz y/o de Literatura Infantil y Juvenil?
Presentarme ante un público con el que uno se comunica “en vivo y en directo” es ya un enorme reto. En mi caso, es casi a diario y, sobre todo, constante desde hace más de cincuenta años.


7)    ¿Qué es lo más gratificante de su trabajo como promotor/a de Cultura de Paz y/o de Literatura Infantil y Juvenil?
Las sonrisas que recibo de parte del público, la multiplicidad de miradas mientras narro, los gestos y posturas de quienes escuchan. Como, también, todos sus lenguajes verbales o no verbales, su coparticipación y hasta sus carcajadas o tristezas. Sus aplausos con mayor o menor intensidad, según el agrado o interrogante que les dejó en el corazón lo presentado. Sus acercamientos al finalizar la presentación, sus palabras, sus preguntas o exclamaciones, sus ojos llorosos o sorprendidos, sus abrazos y hasta la seguridad de su regreso a una próxima actividad a realizarse.


8)    ¿Qué anécdota que le haya conmovido o recuerde con cariño pudiese comentar?
La de una niña de unos tres años con una hermana de unos seis que, hace unos años, al finalizar una presentación en un espacio público en el que narramos por varios años, se me acercó y, para mi sorpresa y de sus familiares, preguntó:
-       ¿Tú eres viejo, verdad? ¿Qué edad tienes?
-       Unos sesenta y dele - le respondí, sonriendo.
-       ¡Pero eres viejo! – dijo, con una larga “o” final, para volver a preguntar de inmediato: - ¿Y no te has muerto todavía?
Ante las miradas de su hermana y madre, suponiendo un regaño le dije, seguro:
-       No. Porque me mantienen vivos los cuentos y poemas que me sé.
Pasados quince días llegaron a la nueva presentación y la madre me dijo:
-       ¡Profe, la que me hizo! Ahora ella –y señaló a la hija menor- no quiere irse a dormir si no le cuento un cuento. Pero, ¿sabe para qué? – y ante mi silencio de sorpresa, agregó: Para, luego, contárselo a su abuelo.


9)    ¿Algún consejo o reflexión que quisiera compartir?

En esta elección de vida que uno ha hecho, uno debe saber que trata con seres humanos en plena formación y, además de ser muy respetuoso de los niños y jóvenes como tal, tendría que ser muy coherente en todo lo que hace y en todo lo que dice frente a ese público. Por ello, soy muy riguroso al seleccionar los cuentos, intento no contar cualquier cuento, ni narrar cualquier historia o soltar comentarios a la ligera. Y por ética, con la elección realizada, no puedo negar mis palabras con hechos contradictorios.


Muchísimas gracias por su apoyo y colaboración.


Preguntas: Nairubys González
Respuestas e ilustración: Armando Quintero Laplume

viernes, 11 de agosto de 2017

Entrevista a Armando Quintero









CVCP Buenas tardes estimado profesor.

Le agradezco enormemente su disposición para ayudarme en este trabajo, agradezco además la facilidad que me brinda al proponer responder las preguntas por este medio, es para mí una gran ayuda. 

Como le comenté en un principio el trabajo se trata de la oralidad, abordo por un lado la influencia positiva que tiene en nuestra vida, una manera de evidenciarlo es conociendo cómo ha sido la labor de quienes se han dedicado a darle sonoridad a la palabra y ofrecerla a las personas para conquistar sueños, calmar tristezas, sembrar esperanzas, brindar sonrisas, en fin, mi propósito es poder conocer, como ya le dije la bella experiencia de narrar en la propia palabra de los narradores.  

He aquí las preguntas:

CVCP ¿Qué significa para usted contar cuentos?

AAQL Divertir y divertirme con los otros a través de las palabras. ¿Qué es contar cuentos? No sería otra cosa que un simple acto de comunicación directa entre un narrador y su público. En ese acto, las palabras son  dichas a viva voz y con todo el cuerpo por parte del narrador pero, el público, no es un mero espectador pasivo de lo que se realiza. Como, en todo su accionar, entran en juego numerosos lenguajes verbales y no verbales, hay una interrelación con el público al que encantas y, a su vez, te encanta. Muchas acciones afectivas y efectivas para interrelacionarte con todos y cada uno con los que coparticipas en ese momento. Muchas emociones brindadas y recibidas, mucho manejo de las sensaciones a conciencia, en lo posible. Una manifestación artística que, pese a ser efímera e irrepetible permanece en las emociones y las sensaciones de quien la ejerció y, por supuesto, de quienes estuvieron en esa actividad, en esa comunión, que es la realización de la misma.

CVCP ¿Por qué contar cuentos, narrar historias?

AAQL Federico García Lorca aseveraba que él escribía para que lo amaran. Partiendo de esa idea, diría que cuento para sentirme un ser humano que comparte con otros seres humanos el encanto de la alegría que nos brindan las palabras que se dicen y nos dicen como tales. No cuento para educar ni moralizar a nadie. Para ello están los maestros y profesores, los docentes. Y, para lo segundo, existen los sacerdotes o religiosos. Esa es la tarea de ellos, no la mía, ni la de ninguno de los narradores orales conscientes del oficio. Ni cuento para sólo entretener y, menos, para evadir lo que haya pasado o esté pasando. En primer lugar cuento para divertirme y divertir a los otros. Pero, no ignoro que, por añadidura educo, moralizo, entretengo y también,  evado. Parto de la etimología de divertir: una palabra que, en el antiguo latín significaba dos veces volcar, es decir, sacar hacia afuera lo que se tiene dentro. Por ello, al narrar, saco lo mejor de mí para que los otros me entreguen lo mejor de ellos.

CVCP Usted les da la palabra convertida en historia, fantasía, alegría… a las personas que lo escuchan y ¿qué le devuelve ese público que la recibe?

AAQL Sus sonrisas, la intensidad de sus miradas, sus preguntas o exclamaciones, sus ojos llorosos o sorprendidos, sus gestos y posturas de escuchas, todos sus lenguajes verbales o no verbales, su coparticipación y hasta sus carcajadas, sus aplausos, más o menos intensos, sus acercamientos, sus abrazos, sus palabras y hasta la seguridad de su regreso a una próxima actividad a realizarse.

CVCP ¿Cuándo decide contar historias?

AAQL Cuando me invitaron a hacerlo. La historia es larga porque tiene varios momentos y diversas ocasiones. Antes y después de esa invitación. Intentaré abreviarla. Siempre escuché cuentos, desde antes de nacer, desde el vientre de mi madre. Nací y crecí entre muchos ancianos lectores y contadores de historias, en una pequeña población de Uruguay que, por muchas razones, es de cuentos. Comencé a dar clases de literatura como asistente de un profesor titular en 1966 y, para el año siguiente me dan tiempo completo. Recordé a los maestros y profesores que me agradaban y comencé a usar los recursos que utilizaban. Así que, para animar a la lectura, a los alumnos les contaba detalles de historias, anécdotas o vivencias que tuvieran que ver con el texto que estudiábamos. Cuando llego a Venezuela, a finales de 1978, le narraba historias o cuentos de Uruguay a los paisanos, hasta que, en 1984-85 comienzan a aparecer los cuentacuentos en los parques y lugares públicos de Caracas. Llevaba a mis hijas a esas actividades y un día, quien coordinaba las mismas me invitó a narrar. Y comenzó todo. Como, por formación, no soy improvisado y sé que para improvisar, como decía Enrique Buenaventura,  uno lo hace desde lo que conoce, nunca desde lo que olvida o desconoce, por ello me formé emocional, vocal, corporal y escénicamente para hacerlo con efectividad.

CVCP La vida como relato, ¿qué le dice esta expresión?

AAQL Mucho y poco que no sepamos como narrador. Uno narra desde sus propias vivencias, desde sus propias experiencias vitales, desde el ser humano que es. La vida de cada uno de nosotros es un cuento, dije una vez, y el vivirla es el mejor de los cuentos. Sepamos honrar y agradecer cada momento de nuestra propia vida.

CVCP ¿Piensa que el oír historias, cuentos puede cambiar o sanar la vida de las personas?

AAQL “Cambiar o sanar la vida” es una elección de las personas. Es uno, como individuo, el que decide cambiar o sanar, no los otros. A esa elección que, en muchas culturas se le conocen recursos y soluciones para llevarla a cabo, desde tiempos inmemoriales, cada vez con mayor seguridad, se los vienen aplicando en diversas ciencias que tienen que ver con la salud y conducta de los seres humanos. Sé, y por eso lo asumo entre mis recursos, que puedo abrirles puertas y ventanas a la casa del corazón de los otros para que lean en el cuento que narro, qué pueden encontrar en él para cambiar o sanar. Por ello, trato de no contar cualquier cuento, ni narrar cualquier historia o soltar comentarios a la ligera. Sé la verdad de lo que digo, por ética y estética, no puedo negar mis palabras con hechos contradictorios.

CVCP Yo pienso que contar historias puede influir significativamente en la formación
de las personas a través de la magia de las palabras, así lo dice mi historia de vida (aunque no soy contadora de cuentos lamentablemente) mi abuela me contaba muchos cuentos de pequeña y creo que me quedé soñando en uno de ellos, por eso me gustan tanto las historias y escucharlas mucho más. Admiro profundamente a las personas que dedican su vida a darle sonoridad a la palabra.
Quedo comprometida con usted en enviar copia de ejemplar del trabajo concluido y su respectivo reconocimiento por su valiosa contribución.

Muchas gracias profesor Quintero.

Atentamente, Carmen Victoria.


Texto: Preguntas, Carmen Victoria Cedeño Pereira; respuestas, Armando Adán Quintero Laplume.
Fotos de Armando Quintero: Freddy Lacruz, en el Parque Simón Rodríguez, Los Ruices, Caracas.

lunes, 3 de julio de 2017

El espejo de la noche




al poeta Federico García Lorca

La luna trajo un espejo
donde mi niña se mira.
En vuelos de alas oscuras,
allá arriba, la noche gira.
Piedrecitas de colores
mueve en sus aguas el río.
Paso a paso y desde el monte,
alguien se acerca en sigilo.
La luna que vio quien era,
sacude el espejo de aviso.
Y desde el monte, entre olores,
la Muerte pierde sus bríos.
Cuando la luna nos quiere,
canto y cuento es la poesía.
La Muerte se va bien lejos:
¡los colores predominan!
¡La luna muestra el espejo
donde mi niña se mira!


 Texto e ilustración: Armando Quintero

lunes, 12 de junio de 2017

¡PAZ!

¡PAZ! 
Ésta es nuestra lucha y seguirá siéndolo.

Sepan que la muerte no derrotará a la vida, 
aunque parezca lo contrario.
Desde pequeño lo aprendí.
El amor, la vida y la paz siempre han sido mucho más fuertes que la muerte.


Texto e ilustración: Armando Quintero

sábado, 10 de junio de 2017

Romance de la Guardia Civil Española


A JUAN GUERRERO
Consul general de la Poesía

Los caballos negros son.
Las herraduras son negras.
Sobre las capas relucen
manchas de tinta y de cera.
Tienen, por eso no lloran,
de plomo las calaveras.
Con el alma de charol
vienen por la carretera.
Jorobados y nocturnos,
por donde animan ordenan
silencios de goma oscura
y miedos de fina arena.
Pasan, si quieren pasar,
y ocultan en la cabeza
una vaga astronomía
de pistolas inconcretas.

                        *
                   
¡Oh, ciudad de los gitanos!
En las esquinas, banderas.
La luna y la calabaza
con las guindas en conserva.
¡Oh, ciudad de los gitanos!
¿Quién te vio y no te recuerda?
Ciudad de dolor y almizcle,
con las torres de canela.

                         *

Cuando llega la noche,
noche que noche nochera,
los gitanos en sus fraguas
forjaban soles y flechas.
Un caballo malherido
llamaba a todas las puertas.
Gallos de vidrio cantaban
por Jerez de la Frontera.
El viento vuelve desnudo
la esquina de la sorpresa,
en la noche platinoche,
noche que noche nochera.

                         *

La Virgen y San José
perdieron sus castañuelas,
y buscan a los gitanos
para ver si las encuentran.
La Virgen viene vestida
con traje de alcaldesa,
de papel de chocolate
con los collares de almendras.
San José mueve los brazos
bajo una capa de seda.
Detrás va Pedro Domecq
con tres sultanes de Persia.
La media luna soñaba
un éxtasis de cigüeña.
Estandartes y faroles
invaden las azoteas.
Por los espejos sollozan
bailarinas sin caderas.
Agua y sombra, sombra y agua
por jerez de la Frontera.

                         *

¡Oh, ciudad de los gitanos!
En las esquinas, banderas.
Apaga tus verdes luces,
que viene la benemérita.
¡Oh, ciudad de los gitanos!
¿Quién te vio y no te recuerda?
Dejadla lejos del mar,
sin peines para sus crenchas.
Avanzan de dos en fondo
a la ciudad de la fiesta.
Un rumor de siemprevivas
invade las cartucheras.

                         *

Avanzan de dos en fondo.
Doble nocturno de tela.
El cielo se les antoja
una vitrina de espuelas.

                         *

La ciudad, libre de miedo,
multiplicaba sus puertas.
Cuarenta guardias civiles
entran a saco por ellas.
Los relojes se pararon,
y el coñac de las botellas
se disfrazó de noviembre
para no infundir sospechas.
Un vuelo de gritos largos
se levantó en las veletas.
Los sables cortan las brisas
que los cascos atropellan.
Por las calles de penumbra
huyen las gitanas viejas
con los caballos dormidos
y las orzas de monedas.
Por las calles empinadas
suben las capas siniestras,
dejando detrás fugaces
remolinos de tijeras.

                         *

En el portal de Belén
los gitanos se congregan.
San José, lleno de heridas,
amortaja a una doncella.
Tercos fusiles agudos
por toda la noche suenan.
La Virgen cura a los niños
con salivilla de estrella.
Pero la Guardia Civil
avanza sembrando hogueras,
donde joven y desnuda
la imaginación se quema.
Rosa la de los Camborios
gime sentada en su puerta,
con sus dos pechos cortados
puestos en una bandeja.
Y otras muchachas corrían
perseguidas por sus trenzas,
en un aire donde estallan
rosas de pólvora negra.
Cuando todos los tejados
eran surcos en la tierra,
el alba meció sus hombros
en largo perfil de piedra.

                         *

¡Oh, ciudad de los gitanos!
La Guardia Civil se aleja
por un túnel de silencio
mientras las llamas te cercan.

                         *

¡Oh, ciudad de los gitanos!
¿Quién te vio y no te recuerda?
Que te busquen en mi frente.
Juego de luna y arena.


Texto: Federico García Lorca

Ilustración: Armando Quintero Laplume

jueves, 8 de junio de 2017

Romance sonámbulo


Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas la están mirando
y ella no puede mirarlas.
Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde?
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.
–Compadre, quiero cambiar
mi caballo por su casa,
mi montura por su espejo,
mi cuchillo por su manta.
Compadre, vengo sangrando,
desde los puertos de Cabra.
–Si yo pudiera, mocito,
este trato se cerraba.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
–Compadre, quiero morir,
decentemente en mi cama.
De acero, si puede ser,
con las sábanas de holanda.
¿No ves la herida que tengo
desde el pecho a la garganta?
–Trescientas rosas morenas
lleva tu pechera blanca.
Tu sangre rezuma y huele
alrededor de tu faja.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
–Dejadme subir al menos
hasta las altas barandas,
¡dejadme subir!, dejadme
hasta las verdes barandas.
Barandales de la luna
por donde retumba el agua.
Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre.
Dejando un rastro de lágrimas.
Temblaban en los tejados
farolillos de hojalata.
Mil panderos de cristal
herían la madrugada.
Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
Los dos compadres subieron.
El largo viento dejaba
en la boca un raro gusto
de hiel, de menta y de albahaca.
–¡Compadre! ¿Dónde está, dime?
¿Dónde está tu niña amarga?
¡Cuántas veces te esperó!
¡Cuántas veces te esperara,
cara fresca, negro pelo,
en esta verde baranda!
Sobre el rostro del aljibe
se mecía la gitana.
Verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Un carámbano de luna
la sostiene sobre el agua.
La noche se puso íntima
como una pequeña plaza.
Guardias civiles borrachos
en la puerta golpeaban.
Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
El barco sobre la mar.
Y el caballo en la montaña.
Texto: Federico García Lorca / Ilustración: Armando Quintero Laplume

miércoles, 7 de junio de 2017

Romance de la luna, luna.





La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira, mira.
El niño la está mirando.
En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.
Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.
Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.
Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
Niño, déjame, no pises
mi blancor almidonado.
El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.
Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.
Cómo canta la zumaya,
¡ay, cómo canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con un niño de la mano.
Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
El aire la está velando.


Texto: Federico García Lorca / Ilustración: Armando Quintero