jueves 28 de enero de 2010

Temas de Narración Oral: Seleccionar cuentos a conciencia



















Ilustración tomada de http://piracantodf.blogspot.com/


“Por el fruto conoceréis el árbol”...

Esas palabras tantas veces repetidas por la abuela, nos vienen a la memoria cuando leemos u oímos cuentos que percibimos para narrar oralmente, cuentos que sentimos como nuestros, o que los hacemos nuestros al recrearlos desde nosotros mismos.

Diversas – múltiples y multiplicadoras- son las fuentes de oralidad: desde los cuentos que han venido afirmándose de tiempos inmemoriales, pasando de bocas a oídos y viceversa, hasta los cuentos que los hacedores particulares de los mismos han afianzado en el campo específico de la literatura, o fueron afianzados por quienes los tradujeron o transcribieron – desde “Las mil y una noche”, a “El Decamerón” y a “Los Cuentos de Canterbury”, pasando por Poe, Kipling y Maupassant, hasta Quiroga, Cortázar, Jairo Aníbal Niño y Ednodio Quintero- sin olvidarnos de los relatos que los propios narradores orales crean desde su antiguo y revitalizado oficio de la palabra viva.

En este mundo de la informática y de los videocasetes, donde hemos “literalizado” la oralidad y “oralizado” la literatura, siempre podemos realizar nuestra antología personal de cuentistas que, por supuesto, no dejará de ser nuestra propia “antojología”. A nuestra medida. Y a nuestra verdad. Para ella les propongo ciertos autores, cuya nominación parte de las experiencias coparticipadas con diversos narradores y diferentes públicos: son textos “encontrados” al narrar a niños, jóvenes y adultos.

Hallamos relatos “narrables” entre los venezolanos Aquiles Nazoa, Julio y Salvador Garmendia, Oscar Guaramato, Luis Brito García, Laura Antillano, Pedro Emilio Coll, Denzil Romero, Guillermo Meneses, José Balza, Rafael Rivero Oramas, Orlando Araujo y, el ya nombrado, Ednodio Quintero. Entre los latinoamericanos Julio Cortázar, Onelio Jorge Cardoso, Samuel Feijoó, Ema Wolf, Beatriz Ferro, Elsa Isabel Bornemann, Luis Luksic, Jairo Aníbal Niño, Eliseo Diego, Graciela Cabal, Laura Devetach, Graciela Montes, Jorge Luis Borges, Juan José Morosoli, Francisco Espínola, Eduardo Galeano, Virgilio Piñera, Mario Benedetti, Juan José Arreola, Juan Rulfo, Javier Villafañe, Augusto Monterroso, Gabriel García Márquez, Felisberto Hernández y Alejo Carpentier. Entre los otros “americanos”: Herman Melville, Ambroce Bierce, Ernest Hemingway y Ray Bradbury. Entre autores de otras partes del mundo como Franz Kafka, León Tolstoi, Antón Chejov, Patricia Highsmith, Rafix Schami, Salin Alafenisch, Roberto Piumini, Italo Calvino, Gianni Rodari, Leo Lionni, Fernando Alonso, Asís Guillén, Isaac Bashevis Singer y Margarita Yourcenar, Jürg Schubiger. Como también, en antologías de “Cuentos Tradicionales” o “Cuentos Folklóricos” españoles, franceses, rusos, alemanes, italianos, latinoamericanos, venezolanos...o las realizadas por etnólogos o estudiosos de cuentos cosacos, gitanos, esquimales, africanos o de grupos aborígenes de Nuestra América, y de la otra... Como ven, siempre hay buenos árboles donde cobijarnos. Pero, por ellos y por todos, solo nos resta sostener una amorosa relación con cada uno de los textos que asumamos para narrar: tanto por su buena sombra como, fundamentalmente, para que siempre nos tengan que valorar sus mejores frutos.


Apunte IX

Tenemos que aprender a visitar los cuentos. Acudir a ellos con todos los sentidos, con todos los sentimientos, con todos los conceptos. Abiertos: dispuestos a ser para, desde y con ellos.
Como quien entra a la casa de un amigo, a la casa de la persona a la cual admira, a un templo. Queriéndolo sin decirlo, abrazándolo sin tocarlo. Celebrando con él la voz humana. Porque, como asevera Eduardo Galeano:...”Todos, toditos, tenemos algo que decir a los demás, alguna cosa que merece ser por los demás celebrada o perdonada” ¡Y los cuentos nos dicen, los autores de los mismos – conocidos o no- nos dicen, nosotros decimos y quienes coparticipan con nosotros, en el acto artístico de la palabra que se dice, también!

Nota Sería conveniente que se leyera el texto completo de donde se tomó la cita de Eduardo Galeano, página 11 de “El libro de los abrazos”. No sólo por este apunte, sino por lo que brinda para comprender, y aprehender, sobre comunicación. El mismo es utilizado, a tales fines, en el Taller Básico de Narración Oral Escénica que dictan, a nivel nacional e internacional, los “Cuentos de la Vaca Azul”.

Texto de Armando Quintero tomado de ¿Quieres contar cuentos?http://www.analitica.com/media/3183637.pdf

miércoles 27 de enero de 2010

Tema para conversar: La narración oral escénica en la promoción de la lectura



















Cartel de la Feria del libro de Bogotá


Casi a todas las personas a las que les interesa la promoción de la lectura, piensan en primer lugar en enfocarse a los libros como únicas herramientas para llevar a cabo dicha labor. Sin embargo, existen muchas más opciones para tal efecto; una de ellas y quizá la menos conocida y practicada es la narración oral escénica. ¿Cómo ayuda la narración oral escénica en la promoción de la lectura?

En principio, teniendo en cuenta que la lectura en voz alta es un acto de comunicación donde existe un emisor y uno o varios receptores, pero es pasivo y la narración oral escénica ofrece ese mismo acto de comunicación de forma activa, ya que emisor y receptores conviven no sólo hablando, si no también involucrando todos los sentidos. Según la teoría de la recepción, esto se debe a que se establece un intercambio de comunicación que permite socializar, extender el universo de conocimiento hacía una diferente versión del mundo y lo que la rodea; también establece un tránsito creador entre el autor, el texto o cuento, el lector o el escucha y esté último se convierte en co-creador; además de que establece lo más importante: total libertad y ajuste de los sentidos, que implica tener los referentes como experiencia y conocimiento general.

Al involucrar todos los sentidos sin perder sus poderes se convierten en servidores de la imaginación y permiten que el escucha, oiga lo inaudito y vea lo imperceptible. Los sentidos son y no son de este mundo; ahí es dónde la literatura crea un puente entre el ver y el creer. El lector, al poner en atención todos sus sentidos, se convierte en un destinatario, contestatario que acepta o rechaza. Es co-productor, genera su propio discurso. En este sentido lo artístico es el texto mismo y lo estético es la realización que el lector hace de él.

La teoría de la recepción es una nueva estética en la cual el autor, la obra y el lector entran en una relación dinámica. Para apreciarla es necesario reconocer la carga emocional significativa de la lectura. La narración oral escénica según Francisco Garzón Céspedes es “la realidad recreada fuera del espejo…”, “…un acto creador…”,”…es parte del arte escénico…”; así pues, al narrar se hace un descubrimiento, una recreación, se genera una motivación y una profundización de esa otra necesidad de encantamiento y aprendizaje que es la lectura.

En la narración oral escénica se pueden identificar tres personajes; el narrador, que tiene que tener una motivación interna que lo lleve a la urgencia de contar; el público o circunstancia, que tiene que ver con la edad, el lugar, la fiesta o el motivo de la reunión; el cuento, que se relaciona con la personalidad del narrador, el cual crea su propia estructura del cuento. Esta estructura se compone principalmente de un comienzo o anzuelo, para atrapar al público y llamar su atención, esto se puede realizar a base de sonidos, movimientos, ritmos o de una forma clásica (Había una vez…) o combinar varios de ellos; el desarrollo es la parte fundamental en la que el narrador puede omitir, ampliar o alterar el cuento de modo que se adapte a su asociación y construcción mental del mismo, es importante señalar que en el desarrollo debe haber un nudo o conflicto, una cadena de sucesos y un climax, para poder mantener la atención de los receptores y que al omitir, ampliar o alterar el cuento debemos de dejar en él las partes y/o frases esenciales y cruciales de la historia original que nos puedan ayudar en la cadena de sucesos; porque la narración oral no es un cuentito, no es una dramatización teatral; es el tomar la identidad de los personajes, es espontánea, es creativa, tiene un carácter emotivo y gestual.

Para lograr un buena narración, el narrador tiene que tomar en cuenta algunos detalles: la voz, el que los receptores no sepan escuchar, la entonación, los signos de puntuación, la velocidad de narración, la postura y, el sentido y significado del cuento. En la voz, se tiene que tomar en cuenta los rasgos geográficos o ambientales del narrador o su forma natural de hablar debido a su entorno familiar y psicológico, su forma de respirar, su timbre o color de voz y la velocidad.

¿Qué hacer cuando los receptores no saben escuchar?, por lo regular se sabe oír, pero no se sabe escuchar, por eso hay que utilizar el andamiaje corporal a la hora de narrar, eso atrae la atención de los receptores que dejan de oír y ponen atención para saber a qué corresponde cada movimiento o gesto. En cuanto a la postura, se deben adoptar diferentes tipos de lenguaje como el de la mirada, el mímico, el desplazamiento, la proximidad y el tacto, más no es aconsejable abusar de todos ellos o de uno solo, hay que balancearlos.



El arte de la narración oral escénica es un trabajo que requiere experiencia y habilidad, pero no es imposible de lograr y es una herramienta eficaz en el acercamiento a la lectura una vez que se maneja y se practica constantemente. Para lo cual el narrador debe romper la barrera de sus sombras y prejuicios, romper los muros de sus miedos internos; sacándole el máximo provecho a sus limitaciones tanto como a sus habilidades y así dar el paso hacia una “travesía creativa” que puede ayudar a trabajar no sólo en la narración oral, también cualquier proyecto que se tenga en mente.

Tomado del blog Educación y docencia http://educacionydocencia.com/2009/05/01/la-narracion-oral-escenica-en-la-promocion-de-la-lectura/

A Teodoro Petkoff por su editorial EL CUENTACUENTOS










Ilustración tomada de Galería de Mariana Seoane en ilustradores.com


Caracas, 19 de enero de 20010.

Estimado Dr. Teodoro Petkoff:

Con el interés correspondiente, y con una muy seria preocupación, leí su Editorial EL CUENTACUENTOS de ayer lunes 18 de enero del primer mes del año recién iniciado. Máxime por la foto de la persona que ilustra y acompaña la primera página de TalCual. Siempre tan “CLARO Y RASPADO”.
Aclaro que desde sus inicios he sido, soy y seguiré siendo un lector constante de sus editoriales. Y de los “Humor en serio” de Laureano Márquez.
El interés y la preocupación crecieron palabra a palabra con la lectura. Sentí la claridad de lo expuesto en su editorial. Pero, también sentí que su título nos raspa el nombre de un oficio que varias personas ejercemos en el país y, muchos, hemos sabido dignificar.

Al arte de narrar cuentos, que es el oficio más viejo de la tierra (*), lo ejerzo personalmente desde hace más de cuarenta y tres años. Primero como docente en Literatura, luego como exiliado y como padre de familia, hasta llegar a ejercerlo profesionalmente en numerosos Festivales Nacionales e Internacionales, en la fundación y dirección de las agrupaciones de Narración Oral Cuentos de la Vaca Azul y, en la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas, como docentes en los Seminarios de las Escuelas de Educación y de Letras y como Director de la agrupación Narracuentos UCAB, que es la agrupación de los mal llamados “cuentacuentos” (**) de nuestra prestigiosa casa de estudios.
Le aclaro que mi preocupación se vio acrecentada cuando, al mediodía de ayer, como las casualidades no existen, me entregaron desde Locatel, el número 33 de la revista + salud. La de ahora, de enero del 2010. En su página 13, aparece una nota dedicada a mi trabajo. Ilustrada, además, con una buena y ocurrente foto en la que estoy narrando a un pequeño grupo de niños.
Su antetítulo es: “Armando Quintero, cuentacuentos” . Y, su título: “El cuento revitaliza lo mejor del hombre” que es una parte de una cita textual, tomada de mis palabras por la persona que realizó dicha nota.
Tanto el antetítulo como el título se tornan doblemente preocupantes por comparación. La importancia de esta revista, que quizás sea de un alcance más focalizado que el de su periódico, tengo entendido que es significativa. Como significativo es lo contradictorio que resulta al enfrentarlo con el título de su editorial. Que, sobre todo, nos cuestiona como narradores orales y como las personas que dignamente ejercemos el viejo oficio. ¿No le parece?

Máxime que, desde las cinco de la tarde de ayer, en la voz de algunos de los entrevistados por un programa reconocido y, luego, por los periodistas del canal en el cual usted mismo fue entrevistado, se utilizaron términos como “cuentacuentos”, “puro cuento” y otras menciones descalificadoras. Y me sentí dolorosamente aludido. Noté, y lo destaco, que usted eludió el juego en el que se le quiso meter en un momento. Al menos, tomó un silencio prudencial.

Quienes conocen mi trabajo saben por dónde van mis palabras cuando cuento. Y la coherencia de mis actos en relación con ellas. Eso no me angustia. Pero, no deja de preocuparme que se generalice el vocablo, hecho muy común en el país, y el término “cuentero”, que hubiera sido el correcto, sea cambiado por “cuentacuentos”. Eso sí, sería peligroso. Y, si me lo callo, lo otorgo.

Para finalizar, vaya una breve anécdota personal que creo tiene mucha relación con el tema. Y, hace comprensible el uso que Usted hizo del vocablo.
Hace un par de años, al entrar a mis actividades en la Universidad, en el cafetín que está al culminar la pasarela del metro, se habían reunido un grupo de profesores de posgrado. Uno de ellos me llamó e, inmediatamente, me dijo:
- Te están buscando del gobierno.
No voy a decir que no me preocupó lo de “te buscan” unido a “gobierno”. Tanto usted, como yo, en sus respectivos tiempos y situaciones, lo sabemos.
- ¿A mi? – respondí extrañado - ¿Y, por qué?
- Para que les enseñes a contar cuentos.
- ¡Ah! No, chico - respondí de inmediato – están equivocados. Yo cuento cuentos y, eso, todo el mundo lo sabe. Pero no digo mentiras.

Y, de “eso” me precio. He sabido reunir con precisión ética y estética. Por formación. Gracias a los excelentes educadores que siempre he tenido.
Y no dejaría de indicarle a nadie un error cometido que, como en el caso del docente anterior, se inició al elegir un uso equivocado de una palabra que, en nuestro entorno logró, a esfuerzo y corazón, cierto respeto por su dignidad.
Siento que su editorial nos hará trabajar más para revitalizar y dignificar el mágico oficio que ejercemos. No viene mal. Lamentaremos todo lo que se pueda seguir distorsionando el vocablo. Trabajaremos para que no sea así.
Sin más y esperando de su parte una rectificación de lo expuesto o, al menos, una aclaratoria. Le saluda muy atentamente,

Armando Quintero Laplume
http://cuentosdelavacaazul.blogspot.com/

Notas
(*) “Hace ya bastante tiempo”, un poco en broma y mucho en serio, le dije a un alumno de uno de mis talleres, que discutía con otro, no sé por qué, y le aseveraba que el oficio más viejo de la tierra era la prostitución: - “Tenga cuidado. No se deje convencer por lo que se dice. Para que exista una prostituta, tuvo que existir uno que le contara un cuento y ella se dejara convencer. Es seguro que tuvo que existir un narrador de cuentos”. No estoy convencido que eso sea tan así, y menos que siga siéndolo. No hay manera de comprobarlo. Además, “al menos yo, no estaba ahí para aseverarlo”. Como decía un viejo amigo bromista, el ceramista uruguayo Prof. Tomás Cacheiro, cuando se refería a los inicios de la humanidad en sus clases de Historia del Arte de Magisterio.

(**) Muchas veces hemos señalado nuestras discrepancias sobre el uso del término “cuentacuentos”, que es la palabra que comúnmente nos identifica en Venezuela. Tengo, en mi texto ¿Quieres contar cuentos?, publicado en http://www.analitica.com/media/3183637.pdf , una lista de Algunas definiciones para el oficio que pueden consultarse.

En este blog, puede ver dichas definiciones en el archivo del mes de junio del 2009.


Respuesta de Teodoro Petkoff



paraArmando Quintero Laplume
fecha19 de enero de 2010 19:35
asuntoRE: A Teodoro Petkoff por su editorial EL CUENTACUENTOS



Amigo, no sabe cuanta razón tiene y me apena haber incurrido en ese error. Sabe bien que mi intención no era despectiva sino subrayar la condición de cobero y cuentero, como usted dice, del interfecto. Disculpeme. Saludos cordiales. teodoro


Para ver el editorial de TalCual del 18/01/2010 pulse aquí abajo:

http://www.escondiendolanoticia.com/en/mas.php?%20idnoticia=7500

sábado 19 de diciembre de 2009

¿Será que se ha llevado a un Tío Conejo al poder o será que es otro el cuento?... (primera parte)











Ilustración: Antonio Villaroel.





¿Será que se ha llevado a un Tío Conejo al poder o será que es otro el cuento? O, ¿cómo es que sigo siendo un venezolano de a pié a pesar de ello y, a mucha honra?

“Sólo sé que no sé nada”. Tal es así que, por regla de vida, ni siquiera estoy seguro de nada. Incluso, de que esta frase la haya dicho Sócrates, como lo asegura Platón y, si mal no recuerdo, algunos dicen que lo reafirma Aristóteles. Y nadie, creo, haya podido saberlo en el transcurso de los siglos y, menos, haya podido tener la seguridad sobre ello. ¿O, sí, y no lo conozco?
Claro que, en el caso personal, la afirmación de esa frase, más que una pesada carga de inestabilidad constante, me ha beneficiado para la búsqueda, el encuentro y hasta de los logros añadidos de muchos conocimientos que nunca pensé asumir. Y, por supuesto, de la superación paulatina de los pocos o muchos temores que esto conlleva.
Creo que eso es lo que un narrador oral y docente como Sócrates, y que nunca nos dejó una línea escrita, siempre lo ha visto como lo mejor. Como creo que, desde su elección de beber la cicuta ante sus alumnos, como nos narra Platón en su famosa “Apología”, el maestro del conocimiento nos sonrió, sonreirá y sonríe eternamente. Y nos brinda una manera de llegar hasta él. Y hasta el conocimiento de cualquier tipo. ¿No les parece?
Y puedo mostrarlo. O, al menos, creo que así será. Como lo leerán aquí.

Ha sucedido que, considerándome un “analfabestia” en el conocimiento de los avatares de la situación que atraviesa nuestro país desde hace varios años y, en especial, en esta década, he logrado, al menos por ahora, llegar a aproximarme al primer peldaño del nivel de educación, al básico como para lograr narrarles una serie de cuentos, más bien vivencias, que giran entorno al tema que me propuse. E, incluso, aceptar el concepto de No País sostenido por Agustín Blanco Muñoz desde hace un tiempo.
¡Ah!, antes de continuar, aclaro, aunque puedo oscurecer, según dicen las lenguas de “mala reputación”, o de la buena, que también las tienen: espero que nadie pueda estar ni siquiera sospechando o crea, al menos, que hay algún tipo de connotación por el uso de la expresión “por ahora”. Ella es de uso común y no tiene que dejar de serlo. Ni por decretos. Constitucionales o no.
Al arte de narrar cuentos, que es el oficio más viejo de la tierra (*), lo ejerzo desde hace cuarenta y tres años. Primero como docente en Literatura, luego como exiliado y como padre, hasta llegar a ejercerlo profesionalmente en numerosos Festivales Nacionales e Internacionales, en la fundación y dirección de agrupaciones de Narración Oral y, en la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas, como docentes en los Seminarios de las Escuelas de Educación y de Letras y como Director de Narracuentos UCAB, la agrupación de los mal llamados “cuentacuentos” de esa casa de estudios.
Para el trabajo final de su cátedra en el Avanzado de Periodismo, Pino Iturrieta nos propuso una pregunta: ¿Por qué soy venezolano? Y, ante una pregunta así, a uno, como olimareño (**) de origen le provocó responder como lo hacían mis paisanos de Treinta y Tres: “¿Y, por qué no?”.
Por supuesto que me sorprendí ante la pregunta en sí. Como me sorprendí al saber que tenía que reconocerme como hijo de tres madres: la que me dio el ser, la patria donde nací y la que me adoptó y adopté.
Aclaro. Nací en el vientre de una buena familia, pobre pero honesta, en una ciudad del interior, uno de esos “pueblos de campaña” de la República Oriental del Uruguay: Treinta y Tres, capital del departamento del mismo nombre y que está casi rodeada por un pequeño río, el Olimar, que nos da el gentilicio que nos identifica entre todos los uruguayos. Frente a los conocidos y oscuros avatares de la década de los setenta, fuimos aventados hacia estas Tierras de Gracia. O de desgracias, según le oí decir a una señora, muy criollita ella, en estos días. Y, entonces recordé que fue casi por la casualidad que llegamos a Venezuela, como por la causalidad ante las des - gracias de la otra, la tierra de nuestros orígenes. Desde hace unos cuantos años, y según consta legalmente, somos venezolanos por naturalización. Y como dicen por allá, por las patrias del sur: ¡A mucha honra!
De Venezuela poseía una visión especial. Mejor tendría que decir una sonoridad inicial por los recuerdos, frescos aún, en las cálidas referencias de uno de nuestros educadores olimareños: el maestro y compositor Rubén Lena.
Él y su esposa, ambos maestros normalistas, habían participado de los logros socios pedagógicos ejecutados en este país por los años cincuenta por un grueso de educadores sureños. Su entusiasmo era de tal magnitud que no sólo
nos hablaba permanentemente de Venezuela - ¡y hasta nos enseñaba a bailar joropo! - sino que nos hacía escuchar, en los viejos discos de acetato, a Juan Vicente Torrealba y Los Torealberos, a Magdalena Sánchez, Rafael Montaño y las tonadas de Simón Díaz que recién comenzaban a ser algo conocidas.
Las vivencias de Rubén Lena, quizás no exentas de cierta idealización, nos hablaban, y nos reforzaban, la imagen de un venezolano espontáneo, campechano como un simple niño grande; solidario con el extranjero, abierto a ofrecerle lo que necesitara para hacerlo sentir como en su casa; tolerante con el otro aunque no tuviera ideas similares, al punto de que aún al discutir las diferencias, primara la conciliación antes que ellas; nada racista porque, entre sus razones primordiales, reconocía que, genéticamente, es el resultado de múltiples y variadas mezclas desde sus orígenes coloniales; además, de muy limpio y claro proceder, honesto en sus actos, coherente con su palabra empeñada, pacífico y nada violento. Y esa fue la primera percepción sentida.
Silenciados, temerosos por lo vivido en los últimos años antes de llegar a Venezuela, nos asombraba la espontánea, abierta y bulliciosa comunicación de los venezolanos por sus múltiples lenguajes al expresarse. Era como descubrir verdaderos maestros del narrar con gestos y con movimientos, más que con palabras. Era disfrutar a narradores de cuentos con fuertes raíces entroncadas en las culturas africanas y aborígenes. Nos asombraban con sus actitudes de sacarle partido a cualquier situación desagradable y voltearla con alguna expresión, con algún gesto, con alguna humorada. Y con sus saludos matinales al subir al autobús, sus santiguarse al salir al trabajo o ante cualquier tarea que iniciaban. ¡Era una refrescante y constante sensación, no tanto de una simple irresponsabilidad, como de una sutil alegría vital! También, no puedo negarlo, era retornar o, al menos, reencontrarme con el provinciano que llevo dentro.
Una semana antes de la Navidad de 1978 pasamos a vivir al primer apartamento que alquilamos. Habíamos estado, durante tres meses, en casa de unos paisanos que nos cedieron dos habitaciones, una para mi suegra y las dos hijas, pequeñas para ese entonces, y la otra para mi esposa y para mí. Reunidos para los festejos de Nochebuena oímos sonar al intercomunicador:
- ¡Bajen a la fiesta! – se escuchó al atender.
- Gracias, pero no conocemos a nadie y ya estamos festejando con la
familia – dije como respuesta.
- Pero, ¡bajen a la fiesta! – se escuchó de nuevo.
Como cinco veces se repitió el llamado hasta que bajé y me fui directo al salón de fiestas del edificio. No iba molesto pero, eso sí, dispuesto a aclarar lo que suponía era un malentendido.
- ¡Mira, chico! – dijo el Presidente de la Junta de Vecinos al verme, ya
con su mano abierta, extendida para saludarme – Nosotros sabemos que ustedes son una familia recién llegada de Uruguay y, como hoy es el Día de la Familia, los queremos saludar como tales.
Y ese detalle nos abrió puertas y ventanas al corazón de la nueva patria.
Para febrero del 2002, la Casa de Andrés Bello convocó a narradores orales, docentes, investigadores y profesionales interesados en el área para la realización de un Seminario sobre Oralidad, de unos tres meses, coordinado por Antonio Trujillo. A la segunda semana de comenzar, me solicitaron el favor de suplirle por unas tres a cuatro semanas porque tenía que ausentarse del país por razones de salud de un familiar. Al explicarme los motivos, supe que su ausencia se prolongaría, al menos, hasta la culminación del seminario. Nunca regresó a él y, obvio, me hice responsable del Seminario de Oralidad.
Todos los miércoles, bajaba del Metro en Estación Capitolio. Caminaba hacia Plaza Bolívar y desde ahí, directo, hasta la esquina del Ministerio de Educación en donde está la Casa de Bello. El último día del seminario, cuando llegué a la plaza, me encontré con un grupo de personas con cachuchas rojas y una señora de pelo oxigenado o teñido de rubio, con un megáfono en su mano. No puedo asegurar que era la dirigente bolivariana -¿o chavista?- Lina Ron, el momento no estaba para presentaciones y nadie lo hizo, pero se le parecía mucho. Sentí como las miradas de muchos se fijaron en mí. Me dije, ante la tensión de las mismas, que eso no era conmigo y orienté mi vista hacia el lugar donde me dirigía. Al tiempo que un enorme escupitajo, que casi roza mi cara, caía a mis pies oí, por el megáfono encendido, el grito de la mujer que lo tenía:
- ¡Ese viejo escuálido!
Ahora sabía que aquello, sí, era conmigo y era un Encuentro cercano del Tercer Mundo. En segundos, que duraron siglos, tuve que resolver qué hacer: si miraba a quien me había lanzado el escupitajo - lo había visto de refilón - él me diría algo; si le respondía, iba a ser peor; y, si salía corriendo, estaba seguro que sería mucho peor. Pasé por arriba de aquello y continué mi marcha, con mi vista hacia donde iba. Agradecido, además, de que sólo me lanzaron un escupitajo al cruzar por la llamada Esquina Caliente. Dada la situación podría haber sido una piedra, una botella o un balazo. Al dar el tercer paso recordé, y no por una casualidad, lo sucedido en la Navidad del 78. Y me pregunté: ¿Es ésta la Venezuela de Rubén Lena?, ¿es ésta la que conocí?, ¿es ésta la patria de mis hijas y la que será para mis nietos?, ¿siempre fue así y estaba dormida?
Este suceso pareció confirmar – personalmente - lo que vivimos desde unos años a esta parte: Venezuela es otra. Y cuestionarnos sobre ello, importa.
- Yo no soy tolerante con la intolerancia - dijo Miguel Delgado Estévez a Elizabeth Fuentes al entrevistarlo el 3 de agosto del 2007 en “Tremenda Fuente” , programa retransmitido el 19 de diciembre de ese mismo año, por el canal 33 de Globovisión.
Este mismo día, la Agencia Bolivariana de Noticias publicó en Internet una nota cuyo encabezamiento cito: “«En Venezuela no hay presos políticos sino políticos presos», aseguró el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez Frías, al término de la firma de acuerdos con el Reino de Malasia, acto que tuvo lugar este martes en el Salón Ayacucho del Palacio de Miraflores, en el centro de la ciudad.” Y, en el párrafo siguiente la ABN dice: “«No me corresponde a mí ser concluyente en este caso y lo relativo a una Ley de Amnistía corresponde a la Asamblea Nacional. Los poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial estarán siempre dispuestos a abonar el camino para que en Venezuela siga floreciendo la prosperidad, la paz y la democracia. Todos estamos movidos por la solidaridad, el humanismo y el respeto al ser humano», destacó el Jefe del Estado venezolano” Y uno, con toda la tolerancia que es posible, se pregunta, una y otra vez: ¿Será esto así? ¿Será que la Asamblea Nacional, y ésta en particular, propondrá o aceptará una Ley de Amnistía? ¿Cuánta disposición han visto los venezolanos en los Tres Poderes para abonar el camino del florecer de “la prosperidad, la paz y la democracia” en estos últimos años y, en particular, los familiares de los detenidos y los ahora llamados “políticos presos”? ¿Cuánta “solidaridad, humanismo y respeto al ser humano” han visto los venezolanos en casos tan emblemáticos como los despidos masivos de los miles de empleados de PDVSA, los directivos de instituciones culturales o los empleados públicos desincorporados? ¿O, ante las personas que tuvieron que realizar trámites en instituciones públicas o los viajeros que han sido “matraqueados” por estar en la “Lista Tascón”? Ni en los problemas con el personal de PDVSA o los obreros de la Siderúrgica del Orinoco. Ni en los problemas con los hospitales y con la educación. Ni las “regaladeras” a los “Hermanos del Hemisferio”. Ni los manejos de la política exterior con sus inferencias en la política de los otros países. Ni los problemas de los secuestros y robos y sin ahondar en los muertos y los desaparecidos “en extrañas circunstancias” o en “circunstancias aún no aclaradas”, si es que llegaran a aclararse algún día. Ni del largo juicio y la posterior condena a los comisarios y a aquellos guardias nacionales que actuaron en los, menos aclarados aún, sucesos de abril. Ni de los numerosos ataques a los periodistas de oposición a quienes, directa o indirectamente, se les niega información o, con el apoyo de grupos de choque, se les golpea. O son vejados sistemáticamente. Incluso desde las altas esferas del gobierno. Ni a las constantes visitas a los medios, a los que se les amenaza o se les sanciona acudiendo a retorcidos vericuetos legales. O se les multa o se les amenaza con cierres que paulatinamente se van cumpliendo. ¿A paso de vencedores? Y, menos aún, había escuchado las últimas palabras en off del locutor oficial al cierre de la Cadena Nacional por los festejos de este 24 de julio de 2009, exactamente a la 1.23 p. m., y que las anoté para no olvidarlas:
“- Importa navegar. No importa la vida. ¡Patria, socialismo o muerte!”.
Las negritas, otra vez me pertenecen, aclaro.
Entonces se me hizo presente una frase que nos dijera Milagros Socorro en un momento del desarrollo de su cátedra en el Avanzado de Periodismo: “La verdad no es lo contrario de la mentira sino de la polarización.”


(*) Hace un tiempo, un poco en broma y mucho en serio, le dije a un alumno de uno de mis talleres, que discutía con otro, no sé por qué, y le aseveraba que el oficio más viejo de la tierra era la prostitución: - “Tenga cuidado. No se deje convencer por lo que se dice. Para que exista una prostituta, tuvo que existir uno que le contara un cuento y ella se dejara convencer. Es seguro que tuvo que existir un narrador de cuentos”. No estoy convencido que eso sea tan así, y menos que siga siéndolo. No hay manera de comprobarlo. Además, al menos yo, no estaba ahí para aseverarlo. Como decía un amigo bromista.
(**) Por el contexto de lo escrito aquí, se entiende que el gentilicio olimareño es el que se aplica a los habitantes del Departamento de Treinta y Tres, una las diecinueve divisiones territoriales del Uruguay.


Armando Quintero Laplume

Tomado del libro ENTRE NOSOTROS Prensa, democracia y gobernabilidad en la Venezuela actual de Carlos Delgado-Flores (coordinador) Ediciones de la UCAB. Serie Mapas de la COMUNICACIÓN. Caracas, noviembre 2009.

El gran dictador: discurso final
















Realmente lo siento, pero no aspiro a ser emperador. Eso no es para mí. No pretendo regentar, ni conquistar nada de nada. Me gustaría ayudar en lo posible a cristianos y judíos, negros y blancos. Todos tenemos el deseo de ayudarnos mutuamente. La gente civilizada es así. Queremos vivir de nuestra dicha mutua...no de nuestra mutua desdicha. No queremos despreciarnos y odiarnos mutuamente.
En este mundo hay sitio para todos. Y la buena tierra es rica y puede garantizar la subsistencia de todos. El camino de la vida puede ser libre y magnífico, pero hemos perdido ese camino. La voracidad ha envenenado el alma de los hombres, ha rodeado el mundo con un círculo de odio y nos ha hecho entrar marcando el paso de la oca en la miseria y en la sangre. Hemos mejorado la velocidad pero somos esclavos de ella. La mecanización que trae consigo la abundancia nos ha alejado del deseo. Nuestra ciencia nos ha vuelto cínicos. Nuestra inteligencia duros y brutales. Pensamos en exceso y no sentimos bastante. Tenemos más necesidad de espíritu humanitario que de mecanización. Necesitamos más la amabilidad y la cortesía que la inteligencia. Sin estas cualidades la vida solo puede ser violenta y todo estará perdido. La aviación y la radio nos han acercado los unos a los otros. La naturaleza misma de estos inventos requería la bondad del hombre y reclamaba una fraternidad universal para la unión de todos.
En este momento mi voz llega a miles de seres esparcidos por el mundo. A aquellos que puedan comprenderle les digo: no desesperéis, la desgracia que ha caído sobre nosotros no es más que el resultado de un apetito feroz, de la amargura de unos hombres que temen el camino del progreso humano. El odio de los hombres pasará y los dictadores perecerán, y el poder que han usurpado al pueblo volverá al pueblo. ¡Y mientras existan hombres que sepan morir, la libertad no podrá perecer! Soldados, no os entreguéis a esos brutos...hombres que os desprecian y os tratan como esclavos, hombres que regimientan vuestras vidas, imponen vuestros actos, vuestros pensamientos y vuestros sentimientos; que os amaestran, os hacen ayunar, os tratan como ganado y ¡os utilizan como carne de cañón!.No os pongáis en manos de esos hombres contra natura, de esos hombres-máquina con corazones de máquina. ¡Vosotros no sois máquinas!¡Vosotros no sois ganado!¡Vosotros sois hombres!¡Vosotros lleváis el amor de la humanidad en vuestros corazones! No odiéis. Sólo los que no son amados odian. Los que no son amados y los anormales....Soldados, ¡no combatáis por la esclavitud! Combatid por la libertad.
En el capítulo 17 del evangelio según San Lucas está escrito: "El reino de Dios está en el hombre mismo". No en un solo hombre, ni en un grupo de hombres, ¡en todos los hombres! Y ¡vosotros! Vosotros, el pueblo tenéis el poder para crear máquinas. El poder para crear la felicidad. Vosotros el pueblo tenéis el poder para crear esa vida libre y espléndida...para hacer de esa vida una radiante aventura. Entonces, en nombre de la democracia, utilicemos ese poder...¡unámonos todos! Luchemos por un nuevo mundo, un mundo limpio que ofrezca a todos la posibilidad de trabajar, que de a la juventud un porvenir y resguarde a los ancianos de la necesidad, prometiendo estas cosas gente ambiciosa se ha hecho con el poder, pero ¡han mentido! No han mantenido sus promesas, ¡ni las mantendrán jamás! Los dictadores se han liberado pero han domesticado al pueblo. Combatamos ahora para que se cumpla esa promesa. Combatamos por un mundo equilibrado...un mundo de ciencia en el que el Progreso lleve a todos a la felicidad. ¡Soldados! en nombre de la democracia, ¡unámonos!

http://www.youtube.com/watch?v=3cFTJ9q5ztk&feature=related
Al pulsar sobre el enlace de arriba, verá y oirá a Charles Chaplin en el fragmento de la película. Tomado de YouTube.

¿Será que se ha llevado a un Tío Conejo al poder o será que es otro el cuento?... (segunda parte)









Ilustración tomada del blog de Antonio Villarroel.




¿Será que se ha llevado a un Tío Conejo al poder o será que es otro el cuento? O, ¿cómo es que sigo siendo un venezolano de a pié a pesar de ello y, a mucha honra?

Ante lo que está sucediendo, uno que ya vivió situaciones que se le parecen, se pregunta: ¿será que el sur vuelve a repetirse desde la otra acera? Aunque, lo sea en una versión corregida, aumentada y “tropicalizada”.
Claro que, para pensar así, tendríamos que creernos que estamos ante un gobierno de izquierda, y no verlo como una de esas historias que alguien se inventó, en una versión nueva y maltratadora de Tío Conejo ante Tío Tigre.
Con su aflorado resentimiento acumulado en siglos. Y con toda su picardía a flor de galones disfrazados de civiles. Perdón, quise decir, de lobos disfrazados de corderos.
Con la lamentable referencia, y la siempre mala generalización, de seguir tratando de feroces a los maltratados lobos, como se ha hecho en la mal llamada Literatura Infantil. Y aunque el proceso tampoco tenga nada de infantil.
Reconocemos también, por supuesto, que los barros de los tan mentados cuarenta años de democracia trajeron estos lodos.
Con el apoyo, incluso, de los medios. ¿O, no?
Sabemos y reconocemos que eran necesarios muchos cambios.
¿Pero era necesario y el país reclamaba un Socialismo del Siglo XXI?
¿Era necesario vivir en guerras permanentes? ¿En dualidades en todos los terrenos? ¿En enfrentamientos entre un mundo real (el de todos los días con sus hambres, sus inseguridades y todas sus carencias) y esos mundos de sueños de lo que queremos ser y aún no somos (el que nos presenta El Señor Presidente – con todas las connotaciones que nos recuerdan al título de la novela de Miguel Ángel Asturias, aunque este señor no se anime a tanto, como han dicho algunos, “por ahora” como dicen otros - y que muchas veces nos resultan ficticios, ése que nos presentan los discursos presidenciales y muchas de las cadenas a las que somos obligados con más frecuencias)
Y vino a mi memoria el último párrafo del EDITORIAL de la Revista SIC Nº 691 de enero-febrero de 2007, ¡qué a esta altura tan lejos nos parece, estando tan cerca con las últimas resoluciones, propuestas y acontecimientos internos!:
simplemente estatización, centralización del poder y hegemonía política e ideológica “Pensamos que si por socialismo del Siglo XXI se busca una verdadera socialización del poder desde la pluralidad política e ideológica; la profundización de la justicia social que incluye en la agenda temas como la seguridad ciudadana, el desempleo, vivienda y urbanismo, servicios médicos de calidad, educación cualificada, cárceles, etc.; y las garantías a las libertades ciudadanas entonces nosotros ya desde al menos 1968 somos parte de este proceso. Pero no estamos de acuerdo si por socialismo del Siglo XXI se entiende ”.
O, más claro, si es que no lo oscurezco con los grados superlativos, y en aumento paulatino, de todas las necesidades que serían atendidas y que fueron la esperanzada bandera para lograr, como otro caudillo libertador de los tantos que por estas tierras han sido y que, desde los tiempos de la Conquista parecen necesitar, según algunos teóricos, los habitantes de Venezuela. Promesas que le hicieron llegar a la presidencia: guerra sistemática a la corrupción, atención a las carencias habitacionales, atención a los niños y a los ancianos, atención a la cultura, atención a la producción, guerra al hampa y la violencia cotidiana y… y… y otras tantas propuestas prometidas, iniciadas, o medio concretadas, o detenidas y luego, olvidadas. O, a veces, retornadas para volverlas a terminar destrozándolas.
Hay una síntesis bien interesante sobre lo que está sucediendo en estos últimos diez años en Venezuela realizada por Andrés Cañizález:

“Hemos vivido en Venezuela, en una suerte de vorágine en los últimos años. Gobernado el país por un mismo hombre por una década, asistimos a metamorfosis de diverso calibre, con cambios (o anuncios de transformaciones) casi a diario. La carrera parece no tener fin, como tampoco los recursos económicos de esta época, en la cual el precio de barril de petróleo rompió todos los récords. El país es otro, y tal vez el mundo mediático – junto a otras ramas empresariales sensibles para la lógica gubernamental- resienta especialmente dichas transformaciones. Esa suerte de refundación, en la que se insiste desde el discurso público, parece reducir toda la vida nacional a lo hecho (o deshecho) desde el 2 de febrero de 1999, cuando el presidente Hugo Chávez asumió el poder. Hay, desde el espacio reflexivo, especialmente académico, una cierta necesidad de recapitulación. Se trata de una historia necesaria para poder tener el retrato de cómo los medios y el poder político se entretejieron durante décadas, cuando aún no se había iniciado el tiempo de la revolución bolivariana”.

No sé por qué, cuando estaba releyendo este texto, me recordé de una conversación oída de paso, y casi sin querer, como sucede siempre que uno viaja en el vagón de un metro.
Dos secretarias venían hablando de uno de sus jefes. Una con evidente acento caraqueño, la otra con marcado acento peninsular, hasta diría que catalana, por “la mala leche” de su comentario: “Es que te digo, él es como el Rey Midas. ¿Sabes?, ¿El que convertía todo lo que tocaba en oro? La única diferencia es que, como estamos en dónde estamos, todo lo que hace, aunque le siga quedando amarillo, se le torna más blando y con olor”.
No podemos negar que no todo lo que reluce es oro pero tampoco, en sus momentos de auge todo ha sido el elemento de la otra materia.
Caso concreto, las Misiones.
Aunque el propio Presidente Chávez acaba de reconocer - este sábado 25 de julio de 2009, en el discurso en el homenaje a los 10 años de la Asamblea General Constituyente creadora de esta Constitución que nos rige - que existen problemas en ellas.
Perdón, otra vez hago un paréntesis. Cosas de contador de Cuentos.
- Ah!, no sé, sólo me pregunto: ¿estamos ante un macho vernáculo que golpea todo el año a su mujer pero no se olvida de festejarle su cumpleaños y el Día de la Madre?
Eso fue lo dicho por una vecina - que como muchos fue una ferviente admiradora del Presidente y, por añadidura del proceso - cuando se enteró que el Presidente sería el orador de orden en la Asamblea Nacional en esos festejos. Otra vez las negritas son mías.
Y, me disculpo por la virulencia de lo dicho.
Tampoco podemos desconocer que permanentemente, a veces algo tarde, revisa el acontecer de sus propuestas y cambios. Como impone líneas de trabajo como las de ordenarle a sus subalternos que busquen los mecanismos para el cierre de otro canal opositor o, en su alternativa, prohibir la salida de su presidente, sea justificado o inventado el motivo legal de la misma. ¿Otra jugarreta para un exiliado más?
¡Ah! Ya que hablamos de jugarretas, dicho sea y no tan de paso, porque la cosa se está poniendo color de hormiga: ¿Cuál es, ha sido y será la que se está generando de nuevo con todos - y remarcamos “todos” - los medios?

“Casi todos los periódicos estuvieron divididos entre gobierno y oposición. Apenas hubo espacio para el término medio. No podían, por esas razones, informar con equilibrio sobre lo que ocurría en el país; no podían ser un espejo de la realidad. En verdad, la imagen que reflejaban era una imagen empañada, distorsionada, bastante incompleta”.

Esto lo señaló Eleazar Días Rangel, como lo apunta Andrés Cañizales, con sutil ironía, no al hablar de los medios en el año 2002 sino por el crucial momento de 1936 a 1948, tan difícil para nuestra vida democrática. Y lo hace no “para justificar acciones recientes, porque en el pasado acontecieran experiencias similares, pero es necesario no perder de vista hechos que merecen una lectura y se conectan con lo que se ha estado viviendo en Venezuela en los últimos años”
.
¿Son tan inocentes todos los medios? No habrán fraguado el golpe de Estado de abril de 2002, pero ¿no sostienen, como nos apunta Villamediana, un “oposicionismo beligerante” al condenar por dictatorial diversas decisiones presidenciales y guardar un largo e incómodo silencio ante la acción de Carmona, por ejemplo? ¿No tienen, cumplen o asumen un rol político? ¿No se han convertido, como señala Marcelino Bisbal, “en el espacio público privilegiado por la gente; los medios están alterando la vida y hasta las propias formas que hoy adquiere la socialidad”? ¿Han cumplido con un “mínimo de calidad, transparencia y respeto a los derecho de la audiencia”?...Pero, ¿cómo la está saldando el Estado que se muestra cada vez más?
Además de las medidas que se asumieron en 2004, al aprobarse la Ley de Responsabilidad Social de la Radio y la Televisión, los anuncios oficiales de nuevas medidas y leyes, tanto para los medios como para la educación, la tenencia de la tierra y… y… y… Todo ese conjunto, me llevan ha preguntarme: ¿No será qué, al mejor estilo de la novela satírica Rebelión en la granja de George Orwel? Al menos, como que estamos cargando con toda la corrupción que engendra el poder, en todos los niveles. Y, al continuar sobre los mismos pasos que nos ha trasformado, según Agustín Blanco Muñoz, en un No País, nadie podrá evitar que se sigan expulsando, no a los humanos – porque estamos claros que en este país todos los somos – pero quienes vienen creando un sistema de gobierno propio, cada vez más a la imagen y conveniencia de un líder único, cegados por el poder terminen expulsando a lo humano y lleguen a convertir todo en una tiranía brutal. ¿Seguiremos hasta allí? ¿Seguiremos tropezando, otra vez, con la misma piedra? Ya estamos con una “Hegemonía Comunicacional” y acaparando (o expropiando) todo. ¿O, no?

“Casi toda nuestra historia republicana ha estado marcada por la compulsión a la repetición. No ha habido una verdadera reflexión capaz de deshacer este nudo gordiano. La psicología nos permite agudizar la visión para detectar las variables sutiles que intervienen en los hechos sin ser notadas, para percibir la cara oculta de nuestras posturas y acciones. En este sentido, este estudio de la figura del pícaro revela importantes formas y límites arquetipales que nos confinan y que, reforzados por la cultura, dan cuenta de la repetición de muchos de los complejos históricos que se resisten al cambio. La penetración y efectividad de un discurso político construido sobre el culto del héroe, la demagógica exaltación de la nobleza, las virtudes y los altos ideales de un pueblo que vive mayoritariamente a nivel de subsistencia en una realidad miserable en que la viveza es su principal don, muestra un paralelismo tan contradictorio y extraño a la razón que sólo es posible comprenderlo como resultado del delicado juego de nivelaciones y compensaciones entre los polos o caras opuestas del arquetipo. La psicología de los arquetipos otorga una perspectiva más amplia porque se ubica en el interregno donde lo individual se confunde con lo social, donde los seres humanos se entremezclan con las instituciones y el pasado se hace presente. La comprensión y solución de nuestros más acuciantes problemas sociales no saldrán de su estancamiento hasta que no tomemos en cuenta las prelaciones psicológicas, hasta que no lleguemos al fondo de las actitudes colectivas que soportan el orden económico y político”. Según nos asevera Axel Capriles al culminar su libro La Picardía del venezolano o el triunfo de Tío Conejo.
Por qué no he llegado, hasta ahora, a preguntarme: ¿cómo es que sigo siendo un venezolano de a pié? Pero, a pesar de ello, ¡a mucha honra!
¿Cómo es que sigo, como muchos, aguantando lo que pueda venir?
Y recordé la respuesta que le oí a un anciano, en la cola de un banco, ante un abuso. Llegaba a la caja y una mujer se interpuso entre él y el cajero. Al reclamarle por haberse coleado, ella le amenazó con llamar a su marido.
- ¿Qué te pasa musiú? – dijo al llegar el esposo, con gestos agresivos.
- Mire, señor, el problema no es de nacionalidad, sino de conductas. Aunque, si así lo fuera, le aclaro que, en mi país de origen, al igual que usted en el suyo, nacimos por accidente pero, en mi caso, hay una diferencia: yo sí pude elegir ser venezolano y, como tal, no sabría decirle cual de los dos lo es más. Aunque, ¿interesaría esto si no podemos resolver las cosas tolerándonos y no ofendiéndonos? – respondió el anciano, con la mayor serenidad.
Esa respuesta, acrecentó el reclamo de las personas que observaban la escena, y atrajo al vigilante que le solicitó a la pareja que se retirara del banco.
Por eso soy venezolano, respondí en su momento a la pregunta formulada por Pino Iturrieta.
Y lo respondo aquí de nuevo: para resistir y revitalizar al venezolano que siempre conocí, que es el que admiro y quiero: al venezolano que, como muchos de los amigos que hemos cultivado en todos estos años, aman al ser humano que todos llevamos dentro. Al venezolano que ansía ser mejor e igualarse con los mejores, en lo mejor. Al venezolano que desde los espacios donde narro oralmente o de los sitios donde escribo siempre comparto y coparticipo con él. A ese venezolano sin distingo si es de barrio o urbanización, si vive en el este o en el oeste, si tiene fe en tal o cual credo o religión. Y menos, si es rojo, amarillo o azul, porque todos, desde antes de nacer, o porque adoptamos a estas tierras como nuestra nueva patria, estamos cobijados por una bandera que tiene franjas iguales en esos colores. A ese venezolano que nunca fue ni-ni porque siempre asumió compromisos. A ese venezolano que ahora se califica de no alineado pero, con todo el respeto por la criteriosa calificación, no le importará nunca que lo llamen como lo llamen. Porque, sea como sea él siempre será un ciudadano de a pié, que vive, sangra y sobrevive resistiendo los avatares de los tiempos. Camine o circule en bicicleta, moto, carro, autobús o metro. A ese venezolano que deseamos siga siendo como es. Y que siempre estaremos dispuestos a promover para nuestros hijos y nietos, y para cada uno de nosotros. Nos lo merecemos, ¿o, no les parece?

Armando Quintero Laplume
Tomado del libro ENTRE NOSOTROS Prensa, democracia y gobernabilidad en la Venezuela actual de Carlos Delgado-Flores (coordinador) Ediciones de la UCAB. Serie Mapas de la COMUNICACIÓN. Caracas, noviembre 2009.

viernes 27 de noviembre de 2009

Temas de Narración Oral: Todo espacio es posible al narrar










Pintura de Jackson Pollock


“La narración oral es un acto en el espacio, donde el ser humano, al narrar a viva voz y con todo su cuerpo, asume cualquier espacio como el espacio del cuento” Definición nº 23 de Francisco Garzón Céspedes (en “El arte escénico de contar cuentos”)

Es evidente que la narración oral es en esencia escénica y que, en su plenitud creativa, es uno de los artes escénicos que, incluso, ha renovado y revitalizado la necesidad humana del diálogo, la práctica cotidiana de la conversación.
Su reconocimiento como tal, su valoración y hasta, diríamos sin exagerar, su dignificación, se lo debemos a las experimentaciones, las investigaciones y los importantes aportes teóricos de Francisco Garzón Céspedes quien, por primera vez -desde la década de los setenta con La Peña de los Juglares en Cuba y, principalmente, a través de su posición como “un investigador crítico, un teórico y un participante escénico”- lo fue concretando en ese sentido, para lograr cuajarlo y fundamentarlo como tal desde su Cátedra Iberoamericana Itinerante de Narración Oral Escénica, sus numerosos Festivales y Muestras Internacionales de Narración Oral Escénica y los múltiples talleres dictados en tantos años en el viejo oficio.
Nuestras observaciones principales, nuestros fundamentos teóricos, nuestras experimentaciones e investigaciones y hasta el desarrollo de nuestra propuesta de trabajo se basan, principalmente, en esos aportes. A los cuales, por supuesto, complementamos -adaptándolos, modificándolos o recreándolos- apoyados en nuestro permanente análisis de la práctica, personal y constante, en la ortodoxia del arte y en su experimentación –personal y grupal- como en los aportes teóricos brindados por otros narradores orales en ejercicio y numerosos teóricos de la comunicación humana y de las artes escénicas.

El espacio escénico
Es muy cierto que la narración oral es un acto en el espacio, como lo es el hecho que el narrador “asume cualquier espacio como el espacio del cuento.”
Es cierto que un narrador oral experimentado puede asumir un espacio al aire libre como asume un aula de clases, un auditorio o una sala de teatro, grande o pequeña, como el espacio del cuento. Como, también, puede asumir la mesa de un café, las escaleras de una edificación, el vagón de un tren, el patio o la celda de una prisión, la sala de una casa y hasta, por qué no, una cama. Basta, eso sí, que reconozca a conciencia cada una de las diferencias que cada uno de estos lugares tiene -con su muy bien definida personalidad- y los efectos que estos pueden provocar, y hasta determinar, sobre el proceso total en la comunicación directa del cuento a narrar en cada uno de ellos.
Un narrador experimentado tiene que conocer las posibilidades que cada uno de estos espacios le brindan a su oficio. O de otros no señalados, porque en todos los espacios es posibles que narremos nuestros cuentos, al menos, alguna vez.
Pero, no es menos cierto que, para un narrador que se inicia, no podemos partir del reconocimiento de esta multiplicidad de espacios para que los asuma como tales. Hemos de partir de la consideración básica de un espacio que debe inicialmente reconocer para poder movilizarse con cierta comodidad, con cierta seguridad, con cierto aplomo, para ser eficaz en él. Luego poco a poco pasará, con una mayor conciencia, a asumir las variaciones impuestas por otros espacios.
Ese escenario básico a reconocer es el rectangular tipo italiano. Y, sobre un espacio con estas características nos moveremos inicialmente.
Como ejercicio, dibujaremos en la pizarra un plano de este tipo de escenario, o lo mostraremos en una maqueta. A su lado dibujaremos un plano -o mostraremos una maqueta- del aula de clases o del espacio donde realizamos nuestro taller básico de narración oral. Observaremos, una a una, sus similitudes y diferencias. Veremos y reconoceremos los lugares de esos espacios y las posibles entradas para abordarlos. Luego, les mostraremos algunos planos (o maquetas) de las variantes de los escenarios italianos y de otros tipos de escenarios que tomaremos de los libros de Macgowan - Melnitz (“La escena viviente”) o de Oliva - Torres Monreal (“Historias básicas del Arte Escénico”) Y, por último, les compartiremos algunas experiencias de narración oral que fueron realizadas por nosotros en otros espacios, principalmente, en todos aquellos que nuestros alumnos experimentarán más adelante.

Nuestra movilidad en el espacio
Reconocido el espacio escénico donde básicamente nos presentaremos, comenzaremos a tomar conciencia de las múltiples alternativas que tenemos para moveremos en él, de las posibilidades de cambios por desplazamiento, de cambios por niveles, de los cambios con focalizaciones y otros modos de abordar el espacio que podemos utilizar en nuestras propuestas escénicas.
Como siempre, una serie de juegos colectivos nos permitirán abordar el tema de un modo menos conceptual y más práctico. Aprenderemos, divirtiéndonos.
Inicialmente, para reconocer el espacio, para confiarnos a él, para reconocerlo y disfrutarlo. Nuestro trabajo “es un acto de amor” que incluye, sin dudas, al sitio donde lo desarrollaremos y que, por ello, siempre será visto como un “espacio sagrado”. Y no exageramos al valorarlo así.

Apunte VI “Cuando se aprende a escribir sin titubeos ya no se tiene nada que decir; nada que valga la pena”, comentó alguien que sabía del oficio. Cuando se narra oral escénicamente de ese modo, generalmente, tampoco.

Apunte VII ¿El cuento oralizado es mentira? La narración oral es una obra de arte, un objeto. Desde una posición idealista, cualquier objeto, es mentira. Desde una posición materialista, verdad. Que la oralidad se haga con verdades y mentiras, o realidades e imaginaciones, ya es otra cosa, y generalmente es con todo eso con lo que se hace.

Apunte VIII No podemos olvidar que en el mundo de hoy puede hablarse de la posibilidad de cualquier cosa - ¡este siglo veintiuno, que sigue siendo tan “cambalache, problemático y febril” como el anterior! - desde el fabricar sueños hasta destrozarlos cotidianamente, desde crear las ansias de libertad al reprimir con mayores ímpetus sus manifestaciones, pasando por el cantarle a la vida mientras se destroza una flor o el cerebro de un hombre, como el afirmar que se ha luchado por la democracia entre los seres humanos desapareciendo a las personas. Por ello pensemos en relativo, y en el posible maniqueísmo de una frase como esta de Augusto Monterroso: “Como todo el mundo, me siento enormemente atraído por el Mal, pero siempre me dejo vencer por el Bien”.

Cuando la historia es sagrada



















"En boca de los cuentacuentos, la historia adquiere tono de narración sagrada, y quien es escogido por el narrador para ser depositario del cuento siente que allí hay algo profundo y trascendente que debe ser oído con todo respeto"

Cuando leí el articulo escrito por Lulú Giménez, en especial esas tres líneas con que decidí abrir esta nota, no pude si no reiterarlo, aplaudirlo y en lo posible interpretarlo en imágen. Es mucho la evocación que nos trae el oficio del cuentacuentos, en mi al menos tres:

El Tuuli mongol que es una tradición oral que comprende relatos épicos de varios centenares a varios miles de versos y que está considerado como una enciclopedia viva de las tradiciones orales mongolas e inmortaliza la heroica historia del pueblo mongol. Tengo entendido que tales historias pueden durar horas enteras.

Nuestra tradición, citado por la propia autora, de nuestros niños en las zonas del oriente y occidente venezolano.

Y la hermosa y especial comunidad de cuentacuentos de nuestro pais quien tiene entre sus mejores cultores a Armando Quintero y su vaquita azul que por tanto tiempo nos ha dado cuentos. En él pensé al momento de dibujar y através de este dibujo reconocer tan noble esfuerzo.

"In the mouths of storytellers, the story takes on sacred narrative tone, and whoever is chosen by the narrator to be the depository of the story feel that there is something deep and important to be heard respectfully"

When I read the article written by Lulu Gimenez, especially those three lines with which I opened this note, I could not repeat it if not, applaud and possibly interpret an image. It is much the evocation that brings the craft of storytelling, I at least three:

The Mongolian Tuuli is an oral tradition that includes epic stories of several hundred to several thousand lines and is considered a living encyclopedia of Mongolian oral traditions and immortalizes the heroic history of the Mongolian people. I understand that such stories can last for hours.

Our tradition, quoted by the author herself, our children in areas of eastern and western Venezuela.

And beautiful and special community of storytellers of our country who is among his best exponents Armando Quintero and his blue cow for so long has given us stories. . It thought at the time of drawing and drawing através recognize this noble effort.

Publicaciones: 2009 Misterios del ser. Tomado de Raymond Torres http://rayilustracion.blogspot.com/

martes 3 de noviembre de 2009

Video de los Festejos Aniversarios de Los Cuentos de la Vaca Azul y Narracuentos UCAB

video

El 11 de octubre de 1987, en la Biblioteca del Parque del Este de Caracas, con la presencia de los llamados, para esos años, Los Abuelos de los Cuentacuentos, el exiliado boliviano Luis Luksic y la maestra tachirense Blanca Graciela Arias de Caballero, junto a Nanni Barret, la cantautora de origen paraguayo, y mi persona, se realizó la primera presentación de la agrupación Los Cuentos de la Vaca Azul. Agrupación que fuera fundada por mí, y cuyo nombre surgió de un cuento que tuve que inprovisar en un contrapunteo con "El Caimán de Sanares" en el Museo de Barquisimeto, la capital del Estado Lara, un año antes.
El 9 de octubre de 1991, en la llamada Piedra de los Enamorados de la Universidad Católica Andrés Bello se inauguró - oficialmente, porque desde hacía dos años veníamos narrando oralmente en ese sitio - la agrupación Narracuentos UCAB.
El mes de octubre es, sin dudas, un mes de festejos para ambas agrupaciones. Desde hace 22 años para una y 18 para la otra.

Desde el 8 de octubre iniciamos la serie de actividades en La Plaza del Estudiante de la Universidad anunciando los festejos de los aniversarios de las dos agrupaciones a realizarse en Parque Caballito y en la Universidad Católica. Participaron Vanessa Menechey, Tiago de Jesús y Armando Quintero. Fue la primera actividad del nuevo año universitario 2009-2010.
Con el apoyo de un afiche que nos hiciera la Dirección de Cultura de la UCAB, diversas notificaciones en la red, junto a mensajes y llamadas a amigos y familiares, el 11 de octubre nos presentamos en el espacio de Altamira. Narraron dos de los abuelos del taller que dictamos en la Casa de la Juventud Prolongada de Chacao, la Sra. Rhaiza Delgado y el Sr. José Moreno. Por Narracuentos UCAB, lo hizo Vanessa Menechey. Contamos con la participación especial de la Psicóloga Bianca González. El hecho merece un reconocimiento especial. Diríamos mejor: ello fue uno de nuestros regalos de cumpleaños. Bianca, quien tomó talleres con nosotros y nunca narró públicamente, decidió, a partir de lo sucedido, integrarse a ensayar y participar con nosotros. Por Los Cuentos de la Vaca Azul, narraron Freddy Gamboa, Tiago de Jesús y Armando Quintero. Agradecemos la presencia de los numerosos asistentes, familiares, amigos y narradores que nos acompañaron pese al feriado largo. Otro regalo. Y, en especial, le agradecemos a la Profesora y Periodista María Antonia Sánchez que vino con un grupo grande de sus alumnos. Al finalizar la actividad, ellos nos hicieron una entrevista, fue la tarea asignada por la docente amiga.
El 14 de octubre realizamos, con Tiago de Jesús una presentación especial para los alumnos recién ingresados a la universidad. Poco, pero muy atento público. El 15, ambos, nos presentamos en la Plaza del Estudiante. En nuestra actividad normal y constante de la UCAB.
Para el 25 de octubre, realizamos la presentación habitual en Parque Caballito. La hicimos para aquellas personas que no pudieron asistir el 11. Un tercer regalo fue que, para ese domingo, contamos con dos conocidas narradoras: Jenny Fraile, docente de la UPEL, y Linsabel Noguera, la periodista de Sónica, el muy escuchado programa de RCR, y responsable de La Rana Encantada. Narraron, además, el Sr. José Moreno, Tiago de Jesús y Armando Quintero.

Éstas son algunas de las fotos tomadas en las dos actividades de Parque Caballito.
Con ellas se realizó el montaje de este video.

Texto: Armando Quintero Laplume

martes 27 de octubre de 2009

Cuento para narrar: Una mujer, un hombre y varios corazones


Ilustración tomada de www.estudioportable.com/.../05/mil_corazones.jpg

Una vez un hombre pequeñito se encontró a una mujer pequeñita.
El hombre llevaba un sombrero grande, muy grande.
La mujer vestía una bata larga, muy larga.
Llena de aromas y colores.
En la copa alta del sombrero de aquel hombre pequeñito anidaban pájaros de todos los cantos, todos los plumajes y todos los vuelos.
En la bata larga de aquella mujer pequeñita crecían flores de todos los tamaños, todas las formas y todos los aromas.
Un día el hombre pequeñito paseaba por un parque.
Cerca de la casa pequeñita donde él vivía.
Era un parque en forma de elefante y estaba cerca de donde nace el sol.
Y tenía árboles pequeñitos, fuentes pequeñitas, jardines pequeñitos con
senderos pequeñitos.
La mujer pequeñita venía desde el otro lado del parque.
Desde donde ella habitaba.
Caminaba distraída por uno de los senderos pequeñitos y recogía flores de todos los tamaños, formas y colores con su larga bata.
Al pasar a su lado, el hombre pequeñito miró con gran ternura a la mujer pequeñita. Y la mujer pequeñita miró al hombre pequeñito, también.
Ambos sintieron que sus corazones se hacían grandes, muy grandes, mucho más grandes que ellos.
Grandotes como un cielo abierto y despejado. Sin nubes.
¡Y temblaban, como todas las flores y todos los pájaros de aquel parque, movidos por un viento suave que por allí pasaba!
El hombre pequeñito era tímido, muy tímido.
Por eso no se animó a decirle nada a la mujer pequeñita.
No sabemos por qué, la mujer tampoco.
Sólo se atrevió a mirarlo y a seguir su camino.
Así pasaron los días, las semanas, los meses…
Hasta que en uno de esos encuentros, la mujer le entregó al hombre un papel de todos los colores que, como suponemos, era pequeñito.
En el papel, con unas letras grandes, muy grandes, de ésas que la mujer pequeñita escribía, se podía leer:
“¡Sigue los corazones!”.
El hombre miró hacia atrás, por el hombro de la mujer pequeñita.
Había una hilera de corazones pequeñitos trazados en el sendero que, poco a poco, se hacían grandes, más grandes. Grandísimos.
Y mansos. Como si fueran del corazón de una vaca enamorada del mar.
El hombre caminó y caminó por el sendero pequeño, pequeñito.
Siguió los corazones hasta dar la vuelta al parque.
Justo cuando llegó al último corazón trazado, se reencontró con la mujer pequeñita que le sonreía.
Con una sonrisa, cargada de ternura.
La mujer le entregó al hombre un corazón pequeñito dibujado en un papel de todos los colores.
El corazón no era mucho más grande que una de las uñas del pulgar de cualquiera de las manos pequeñitas del hombre pequeñito.
El hombre le entregó a la mujer una flor pequeñita que hizo, casi sin darse cuenta, con el papel de la nota que le había escrito la mujer pequeñita.
La hizo mientras caminaba por el sendero de corazones trazados.
Ambos se miraron a los ojos y se tomaron de las manos.
El corazón del hombre pequeñito temblaba.
El corazón de la mujer pequeñita, también.
Mientras el corazoncito y la flor de papel crecían grande, muy grande.
Como todo un cielo abierto.
Un cielo abierto y sin nubes.
Como para que un parque se llene del canto de los pájaros y del aroma de las flores que vuelan hacia todos lados.
Movidos por el viento suave, en tanto, el hombre y la mujer pequeñita volaban unidos en un abrazo cargado de ternura.
Volaban y volaban.
Entre los cantos de los pájaros y el aroma de las flores.
Y crecían grandes, muy grandes.
Grandísimos en el corazón de todos los que veían su vuelo.
Como cualquiera logra crecer y volar cuando camina por un parque que tienen la forma de un elefante.
Y está lleno de los aromas, los sonidos y los colores que nos unen a todos.

Cuento presentado al "V Concurso de Cuentos Infantiles Los Niños de Mercosur" con el Seudónimo: "Uno de un lugar que también existe". Recibió Mención de Honor.
Autor del cuento: Armando Quintero Laplume

lunes 26 de octubre de 2009

Tema de Narración Oral: Lenguajes verbales y no verbales

Tiago De Jesús de Los Cuentos de la Vaca Azul y Vanessa Menechey de Narracuentos Ucab, narrando en el Parque Caballito de Caracas, Venezuela. En los Festejos Aniversarios de ambas agrupaciones el domingo 11 de octubre de 2009.

Desde tiempos inmemoriales, grandes creadores de las más diversas manifestaciones artísticas han estado conscientes de cuanto se puede transmitir con un simple gesto, una alteración de los sonidos de la voz, una sencilla postura del cuerpo, un mínimo movimiento.
Pero, así como los artistas, los individuos comunes también saben de ello. Así lo atestiguan frases tales como: “Nos hizo un no con el dedo”, “Me desnudaba con la mirada”, “Puso voz de caverna”, “Hizo más gestos que un mono”, “Casi lo atravesó con la mirada”. Frases que, más allá de su propio valor metafórico, asocian diversos elementos, verbales y no verbales, con una amplia gama de expresiones humanas.
Hablamos, vital y complementariamente, siempre. En lo verbal, con palabras y enunciados. En lo vocal, con modificaciones de la voz, chasquidos de la lengua y hasta silbidos. Y, en lo no verbal, con las posturas, los movimientos de la cabeza y de las manos, las expresiones faciales e, incluso, hasta con los modos de vestirnos.
El uso efectivo del lenguaje se manifiesta a través de una gran diversidad de elementos que lo componen. No es necesario observar a buenos conversadores para saber que ello es así. Basta que “nos pensemos” conversando para descubrir un universo fascinante, lleno de pequeños mundos. Nuestra conversación -sin arriesgarnos en el pecado de las generalizaciones- cuando es verdadera, “habla” por nuestros ojos, por nuestras manos, por nuestros poros, por todo nuestro ser y hacer. “Habla” por diversos canales. Cuando no es verdadera, también. Por algún canal se manifiesta la falsedad de lo que hacemos o decimos. A total, o a mediana conciencia, lo descubrimos en los otros. O somos descubiertos, si lo aplicamos nosotros. Los ejemplos, en este momento histórico, se multiplican.
Es que lo sabemos. Todos lo sabemos. Y lo asumimos. Siempre, de algún modo. Si no, véase como comprendemos la importancia de lo no verbal en la vida cotidiana. Observemos: mentimos con mayor poder por teléfono, evitando con ese recurso que una alteración de nuestras cejas, un rubor en nuestro rostro, un movimiento nervioso o el desviar de nuestra mirada, nos delate.
Aclaro, por las dudas, que nunca propondremos técnicas para mentir, sino una actitud más veraz, una mayor honestidad en cada acto.
En sentido contrario, cuando vamos a tratar un tema considerado importante, lo hacemos cara a cara, de modo que podamos registrar lo verbal y su coherencia con lo vocal y lo no verbal. Hemos aprendido, por instinto o a conciencia, que no hay nada fortuito. Que todo debe ser descifrado, coparticipado, comprendido y compartido. Que todo debe ser sondeado. Profundizado. La conversación es un acto complejo y completo.
Siendo la conversación – con el reconocimiento asumido a conciencia, de todos los lenguajes que entran en juego al mismo tiempo-; siendo, decíamos, un arte tan viejo y tan nuevo, no está libre de recetarios. Pero éste no es un fin, ni el fin, ni debe serlo. La conciencia del uso y el reconocimiento de lo verbal, lo vocal y lo no verbal, debe avisarnos para no descartar nada, ni lo obvio, a riesgo de no quedarnos metidos en la conversación o de dejarlo, a quien se interrelaciona con nosotros, fuera de ella. Actuar con coherencia, reconocer nuestro decir y hacer esa es la clave.
Sólo nos resta observar algo más sobre el acto complejo y completo de la conversación: los elementos propiamente verbales, lo que se dice, los que transmiten información de conocimientos, ocupan – según investigaciones- sólo un treinta y cinco por ciento de los otros elementos. La cualidad de la voz, el uso del gesto, las posturas y movimientos, que transmiten información indicial acerca de la persona que habla (que nos advierte su modo de ser, su personalidad, su estado de ánimo, su pertenencia a un grupo social...), ocupan el mayor tanto por ciento. Un tercer tipo de elementos sirven para regir el desarrollo de la conversación, pone en evidencia la misma: organiza las secuencias y el progreso temporal: las pausas, el cambio de palabras, los contactos visuales, los cambios de postura. Por ello, cuando alguien, con toda la sana intención, les quiera regalar “un micrófono que esté conectado con todas las cosas para que oigan sus cuentos”- como nos propuso una niña de los Colegios Comunitarios Hebreos- les pido que piensen en el otro lado de la historia. Y volteen mágica y creadoramente el espejo: consíganse un micrófono que les permita escuchar todos los cuentos, que han de tener las cosas, de todos los lenguajes que usan los hombres para comunicarse entre sí.

Grafitti escrito en el muro a carne viva de una presentación (parodiando a Orlando Araujo): Este cuento soy yo: el narrador oral.

Dejémonos de cuentos: quien narra “a viva voz y con todo el cuerpo” no habla solo: aunque espera escuchar “a Dios un día”: aunque espera escuchar a su público. Que es como decir su voz de retorno. Una sola vez, aunque más no sea. Y si de verdad no le importa, es porque él mismo se ha inventado el eco de su durabilidad, de su supuesta eternidad.

Cuando una palabra se te esconda, reviéntale un grito. Adentro. Sin necesidad de que otros se enteren. Pero con el coraje de no callar ante el riesgo.

...Que hay que ser muy autoexigente a la hora de narrar, acaso demasiado...que hay que luchar y entregarse tanto y siempre pareciéndonos poco... Es para no avergonzarnos de no ser más obra de arte y menos verdad, más experimentación y menos testimonio: todo a su medida, aunque incomode mucho a la buena conciencia.

El interés que cualquier narrador oral despierta, normalmente, radica en la forma y en la verdad de lo que dice. Por importante o profundo que sea lo que diga, si no lo dice bien no hay muchas probabilidades de que logre algo bueno, registrable. Además, toda narración tiene que ser literalmente verdadera, no en el sentido de que lo que se cuente haya sucedido, sino desde su credibilidad, desde la capacidad de hacer creíble incluso lo absurdo.

Texto de Armando Quintero tomado de ¿Quieres contar cuentos?http://www.analitica.com/media/3183637.pdf