Clarissa, la vaca azul

Clarissa, la vaca azul
paseando por el campo

viernes, 11 de agosto de 2017

Entrevista a Armando Quintero









CVCP Buenas tardes estimado profesor.

Le agradezco enormemente su disposición para ayudarme en este trabajo, agradezco además la facilidad que me brinda al proponer responder las preguntas por este medio, es para mí una gran ayuda. 

Como le comenté en un principio el trabajo se trata de la oralidad, abordo por un lado la influencia positiva que tiene en nuestra vida, una manera de evidenciarlo es conociendo cómo ha sido la labor de quienes se han dedicado a darle sonoridad a la palabra y ofrecerla a las personas para conquistar sueños, calmar tristezas, sembrar esperanzas, brindar sonrisas, en fin, mi propósito es poder conocer, como ya le dije la bella experiencia de narrar en la propia palabra de los narradores.  

He aquí las preguntas:

CVCP ¿Qué significa para usted contar cuentos?

AAQL Divertir y divertirme con los otros a través de las palabras. ¿Qué es contar cuentos? No sería otra cosa que un simple acto de comunicación directa entre un narrador y su público. En ese acto, las palabras son  dichas a viva voz y con todo el cuerpo por parte del narrador pero, el público, no es un mero espectador pasivo de lo que se realiza. Como, en todo su accionar, entran en juego numerosos lenguajes verbales y no verbales, hay una interrelación con el público al que encantas y, a su vez, te encanta. Muchas acciones afectivas y efectivas para interrelacionarte con todos y cada uno con los que coparticipas en ese momento. Muchas emociones brindadas y recibidas, mucho manejo de las sensaciones a conciencia, en lo posible. Una manifestación artística que, pese a ser efímera e irrepetible permanece en las emociones y las sensaciones de quien la ejerció y, por supuesto, de quienes estuvieron en esa actividad, en esa comunión, que es la realización de la misma.

CVCP ¿Por qué contar cuentos, narrar historias?

AAQL Federico García Lorca aseveraba que él escribía para que lo amaran. Partiendo de esa idea, diría que cuento para sentirme un ser humano que comparte con otros seres humanos el encanto de la alegría que nos brindan las palabras que se dicen y nos dicen como tales. No cuento para educar ni moralizar a nadie. Para ello están los maestros y profesores, los docentes. Y, para lo segundo, existen los sacerdotes o religiosos. Esa es la tarea de ellos, no la mía, ni la de ninguno de los narradores orales conscientes del oficio. Ni cuento para sólo entretener y, menos, para evadir lo que haya pasado o esté pasando. En primer lugar cuento para divertirme y divertir a los otros. Pero, no ignoro que, por añadidura educo, moralizo, entretengo y también,  evado. Parto de la etimología de divertir: una palabra que, en el antiguo latín significaba dos veces volcar, es decir, sacar hacia afuera lo que se tiene dentro. Por ello, al narrar, saco lo mejor de mí para que los otros me entreguen lo mejor de ellos.

CVCP Usted les da la palabra convertida en historia, fantasía, alegría… a las personas que lo escuchan y ¿qué le devuelve ese público que la recibe?

AAQL Sus sonrisas, la intensidad de sus miradas, sus preguntas o exclamaciones, sus ojos llorosos o sorprendidos, sus gestos y posturas de escuchas, todos sus lenguajes verbales o no verbales, su coparticipación y hasta sus carcajadas, sus aplausos, más o menos intensos, sus acercamientos, sus abrazos, sus palabras y hasta la seguridad de su regreso a una próxima actividad a realizarse.

CVCP ¿Cuándo decide contar historias?

AAQL Cuando me invitaron a hacerlo. La historia es larga porque tiene varios momentos y diversas ocasiones. Antes y después de esa invitación. Intentaré abreviarla. Siempre escuché cuentos, desde antes de nacer, desde el vientre de mi madre. Nací y crecí entre muchos ancianos lectores y contadores de historias, en una pequeña población de Uruguay que, por muchas razones, es de cuentos. Comencé a dar clases de literatura como asistente de un profesor titular en 1966 y, para el año siguiente me dan tiempo completo. Recordé a los maestros y profesores que me agradaban y comencé a usar los recursos que utilizaban. Así que, para animar a la lectura, a los alumnos les contaba detalles de historias, anécdotas o vivencias que tuvieran que ver con el texto que estudiábamos. Cuando llego a Venezuela, a finales de 1978, le narraba historias o cuentos de Uruguay a los paisanos, hasta que, en 1984-85 comienzan a aparecer los cuentacuentos en los parques y lugares públicos de Caracas. Llevaba a mis hijas a esas actividades y un día, quien coordinaba las mismas me invitó a narrar. Y comenzó todo. Como, por formación, no soy improvisado y sé que para improvisar, como decía Enrique Buenaventura,  uno lo hace desde lo que conoce, nunca desde lo que olvida o desconoce, por ello me formé emocional, vocal, corporal y escénicamente para hacerlo con efectividad.

CVCP La vida como relato, ¿qué le dice esta expresión?

AAQL Mucho y poco que no sepamos como narrador. Uno narra desde sus propias vivencias, desde sus propias experiencias vitales, desde el ser humano que es. La vida de cada uno de nosotros es un cuento, dije una vez, y el vivirla es el mejor de los cuentos. Sepamos honrar y agradecer cada momento de nuestra propia vida.

CVCP ¿Piensa que el oír historias, cuentos puede cambiar o sanar la vida de las personas?

AAQL “Cambiar o sanar la vida” es una elección de las personas. Es uno, como individuo, el que decide cambiar o sanar, no los otros. A esa elección que, en muchas culturas se le conocen recursos y soluciones para llevarla a cabo, desde tiempos inmemoriales, cada vez con mayor seguridad, se los vienen aplicando en diversas ciencias que tienen que ver con la salud y conducta de los seres humanos. Sé, y por eso lo asumo entre mis recursos, que puedo abrirles puertas y ventanas a la casa del corazón de los otros para que lean en el cuento que narro, qué pueden encontrar en él para cambiar o sanar. Por ello, trato de no contar cualquier cuento, ni narrar cualquier historia o soltar comentarios a la ligera. Sé la verdad de lo que digo, por ética y estética, no puedo negar mis palabras con hechos contradictorios.

CVCP Yo pienso que contar historias puede influir significativamente en la formación
de las personas a través de la magia de las palabras, así lo dice mi historia de vida (aunque no soy contadora de cuentos lamentablemente) mi abuela me contaba muchos cuentos de pequeña y creo que me quedé soñando en uno de ellos, por eso me gustan tanto las historias y escucharlas mucho más. Admiro profundamente a las personas que dedican su vida a darle sonoridad a la palabra.
Quedo comprometida con usted en enviar copia de ejemplar del trabajo concluido y su respectivo reconocimiento por su valiosa contribución.

Muchas gracias profesor Quintero.

Atentamente, Carmen Victoria.


Texto: Preguntas, Carmen Victoria Cedeño Pereira; respuestas, Armando Adán Quintero Laplume.
Fotos de Armando Quintero: Freddy Lacruz, en el Parque Simón Rodríguez, Los Ruices, Caracas.

lunes, 3 de julio de 2017

El espejo de la noche




al poeta Federico García Lorca

La luna trajo un espejo
donde mi niña se mira.
En vuelos de alas oscuras,
allá arriba, la noche gira.
Piedrecitas de colores
mueve en sus aguas el río.
Paso a paso y desde el monte,
alguien se acerca en sigilo.
La luna que vio quien era,
sacude el espejo de aviso.
Y desde el monte, entre olores,
la Muerte pierde sus bríos.
Cuando la luna nos quiere,
canto y cuento es la poesía.
La Muerte se va bien lejos:
¡los colores predominan!
¡La luna muestra el espejo
donde mi niña se mira!


 Texto e ilustración: Armando Quintero

lunes, 12 de junio de 2017

¡PAZ!

¡PAZ! 
Ésta es nuestra lucha y seguirá siéndolo.

Sepan que la muerte no derrotará a la vida, 
aunque parezca lo contrario.
Desde pequeño lo aprendí.
El amor, la vida y la paz siempre han sido mucho más fuertes que la muerte.


Texto e ilustración: Armando Quintero

sábado, 10 de junio de 2017

Romance de la Guardia Civil Española


A JUAN GUERRERO
Consul general de la Poesía

Los caballos negros son.
Las herraduras son negras.
Sobre las capas relucen
manchas de tinta y de cera.
Tienen, por eso no lloran,
de plomo las calaveras.
Con el alma de charol
vienen por la carretera.
Jorobados y nocturnos,
por donde animan ordenan
silencios de goma oscura
y miedos de fina arena.
Pasan, si quieren pasar,
y ocultan en la cabeza
una vaga astronomía
de pistolas inconcretas.

                        *
                   
¡Oh, ciudad de los gitanos!
En las esquinas, banderas.
La luna y la calabaza
con las guindas en conserva.
¡Oh, ciudad de los gitanos!
¿Quién te vio y no te recuerda?
Ciudad de dolor y almizcle,
con las torres de canela.

                         *

Cuando llega la noche,
noche que noche nochera,
los gitanos en sus fraguas
forjaban soles y flechas.
Un caballo malherido
llamaba a todas las puertas.
Gallos de vidrio cantaban
por Jerez de la Frontera.
El viento vuelve desnudo
la esquina de la sorpresa,
en la noche platinoche,
noche que noche nochera.

                         *

La Virgen y San José
perdieron sus castañuelas,
y buscan a los gitanos
para ver si las encuentran.
La Virgen viene vestida
con traje de alcaldesa,
de papel de chocolate
con los collares de almendras.
San José mueve los brazos
bajo una capa de seda.
Detrás va Pedro Domecq
con tres sultanes de Persia.
La media luna soñaba
un éxtasis de cigüeña.
Estandartes y faroles
invaden las azoteas.
Por los espejos sollozan
bailarinas sin caderas.
Agua y sombra, sombra y agua
por jerez de la Frontera.

                         *

¡Oh, ciudad de los gitanos!
En las esquinas, banderas.
Apaga tus verdes luces,
que viene la benemérita.
¡Oh, ciudad de los gitanos!
¿Quién te vio y no te recuerda?
Dejadla lejos del mar,
sin peines para sus crenchas.
Avanzan de dos en fondo
a la ciudad de la fiesta.
Un rumor de siemprevivas
invade las cartucheras.

                         *

Avanzan de dos en fondo.
Doble nocturno de tela.
El cielo se les antoja
una vitrina de espuelas.

                         *

La ciudad, libre de miedo,
multiplicaba sus puertas.
Cuarenta guardias civiles
entran a saco por ellas.
Los relojes se pararon,
y el coñac de las botellas
se disfrazó de noviembre
para no infundir sospechas.
Un vuelo de gritos largos
se levantó en las veletas.
Los sables cortan las brisas
que los cascos atropellan.
Por las calles de penumbra
huyen las gitanas viejas
con los caballos dormidos
y las orzas de monedas.
Por las calles empinadas
suben las capas siniestras,
dejando detrás fugaces
remolinos de tijeras.

                         *

En el portal de Belén
los gitanos se congregan.
San José, lleno de heridas,
amortaja a una doncella.
Tercos fusiles agudos
por toda la noche suenan.
La Virgen cura a los niños
con salivilla de estrella.
Pero la Guardia Civil
avanza sembrando hogueras,
donde joven y desnuda
la imaginación se quema.
Rosa la de los Camborios
gime sentada en su puerta,
con sus dos pechos cortados
puestos en una bandeja.
Y otras muchachas corrían
perseguidas por sus trenzas,
en un aire donde estallan
rosas de pólvora negra.
Cuando todos los tejados
eran surcos en la tierra,
el alba meció sus hombros
en largo perfil de piedra.

                         *

¡Oh, ciudad de los gitanos!
La Guardia Civil se aleja
por un túnel de silencio
mientras las llamas te cercan.

                         *

¡Oh, ciudad de los gitanos!
¿Quién te vio y no te recuerda?
Que te busquen en mi frente.
Juego de luna y arena.


Texto: Federico García Lorca

Ilustración: Armando Quintero Laplume

jueves, 8 de junio de 2017

Romance sonámbulo


Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas la están mirando
y ella no puede mirarlas.
Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde?
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.
–Compadre, quiero cambiar
mi caballo por su casa,
mi montura por su espejo,
mi cuchillo por su manta.
Compadre, vengo sangrando,
desde los puertos de Cabra.
–Si yo pudiera, mocito,
este trato se cerraba.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
–Compadre, quiero morir,
decentemente en mi cama.
De acero, si puede ser,
con las sábanas de holanda.
¿No ves la herida que tengo
desde el pecho a la garganta?
–Trescientas rosas morenas
lleva tu pechera blanca.
Tu sangre rezuma y huele
alrededor de tu faja.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
–Dejadme subir al menos
hasta las altas barandas,
¡dejadme subir!, dejadme
hasta las verdes barandas.
Barandales de la luna
por donde retumba el agua.
Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre.
Dejando un rastro de lágrimas.
Temblaban en los tejados
farolillos de hojalata.
Mil panderos de cristal
herían la madrugada.
Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
Los dos compadres subieron.
El largo viento dejaba
en la boca un raro gusto
de hiel, de menta y de albahaca.
–¡Compadre! ¿Dónde está, dime?
¿Dónde está tu niña amarga?
¡Cuántas veces te esperó!
¡Cuántas veces te esperara,
cara fresca, negro pelo,
en esta verde baranda!
Sobre el rostro del aljibe
se mecía la gitana.
Verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Un carámbano de luna
la sostiene sobre el agua.
La noche se puso íntima
como una pequeña plaza.
Guardias civiles borrachos
en la puerta golpeaban.
Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
El barco sobre la mar.
Y el caballo en la montaña.
Texto: Federico García Lorca / Ilustración: Armando Quintero Laplume

miércoles, 7 de junio de 2017

Romance de la luna, luna.





La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira, mira.
El niño la está mirando.
En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.
Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.
Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.
Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
Niño, déjame, no pises
mi blancor almidonado.
El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.
Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.
Cómo canta la zumaya,
¡ay, cómo canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con un niño de la mano.
Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
El aire la está velando.


Texto: Federico García Lorca / Ilustración: Armando Quintero

lunes, 8 de mayo de 2017

El cuento siempre debe continuar



Así es: el cuento siempre debe continuar. 
Desde que comienzas un cuento que has elegido, para un público ya determinado, sabes que no puedes abandonarlo.
Eres tú quién lo elegiste, lo seleccionaste entre muchas posibilidades, lo preparaste y ensayaste por y para ellos. Nada ni nadie puede detener su marcha desde su inicio hasta su final. ¿Se dio una situación imprevista? Intégrala o ignórala, no abandones el cuento. ¿Se te olvidó un detalle importante? Sigue, mientras buscas cómo acomodarlo en la historia que vienes narrando. ¿Cambiaste el nombre de un personaje? Sigue con ese nombre... El público no lo notará porque no se sabe tú cuento. Y si lo sabe, al no mostrar dudas en el cambio puede que piense que él es el equivocado y seguirá atento a la veracidad de tú historia.
El público sólo nota lo que tú haces evidente. Y alabará y agradecerá lo creíble de tus palabras. Disfruta lo que se presente para hacer que los otros también lo disfruten. Diviértete para que los otros se diviertan contigo y con cada una de las situaciones, emociones y sensaciones que el cuento lleva en sí. Y continúa con el cuento hasta el final, incluso, hasta después de los aplausos.

Una secuencia fotográfica muy divertida de Freddy Lacruz Moreno fue el detonante de estas reflexiones. Las fotos fueron tomadas en el Parque Simón Rodríguez de Los Ruices, Caracas, el domingo 23 de abril, Día del Idioma, mientras narrábamos a los vecinos de la urbanización con el grupo Narracuentos UCAB.
Al publicarla en Facebook, surgieron varios comentarios, algunos de los cuales cito. Y lo hago porque me permiten unas observaciones y reflexiones como narrador consciente del oficio, también, como lo haría cualquier público que está atento al arte de narrar cuentos.

He aquí tres comentarios iniciales y una propuesta

Ligia Roa Puedo escuchar tu cuento apenas con la secuencia. Se ve el inicio del cuento, su desarrollo, el nudo, y el final...excelente...

Williams Arellano Tan divertida que mi hija y yo las disfrutamos y nos divertimos solo viéndolas.. Dios te siga bendiciendo junto a los tuyos. Saludos Hermano...

Tugomir Yepez El mejor cuento corto que he leído.

Me agradaron estos tres comentarios, que agradezco. Sin embargo, las fotos fueron montadas y no corresponden a un solo cuento sino a dos. Incluso, la foto inicial estaba de último cuando el fotógrafo me envió la secuencia. Espero que esto sea valorado y, los amigos que lo hicieron, no rechacen sus comentarios. No fue un error, simplemente fue lo que sintieron. Pero, por qué se ha dado esa interpretación de las imágenes. Los comentarios que siguen lo explican.
Siempre tenemos claro que el público ve y escucha como un público activo, nada pasivo. Es cómplice y coparticipe de la actividad. No es un mero espectador y, por ello, recrea “a imagen y semejanza” de sí mismo todo lo  que decimos y hacemos al narrar. Y eso es parte del arte.

He aquí tres comentarios más y otra propuesta, para jugar.


Carlos Enrique Navas Rodríguez Gracias Maestro. Así cuento, como me enseñó, ¡con pasión!

Laura Matute De Rodríguez Imágenes y palabras de un Maestro. Tiene que serlo, para decir lo que dice y para hacer lo que hace, de manera en que lo hace. Seguridad, convencimiento, compromiso consigo mismo y con la audiencia, disfrute y gozo. ¡Esta dicho y hecho! Aplausos y vítores...

Freddy Enrique Lacruz Moreno Armando Quintero Laplume. Disfruto tanto de tus cuentos y quisiera hacer más con tus expresiones pero a veces me embebo en la narración que quizá pierdo expresiones corporales con las que acompañas la historia, ¡seguiremos mejorando!


                El camino a observar va por ahí: pasión, seguridad, convencimiento, compromiso personal, con uno y con quién lo escucha  hacen muy creíble, muy veraz, lo que se crea con voz y cuerpo, con todos los lenguajes utilizados en el acto de comunicación directa que implica narrar cualquier cuento. Para cerrar este texto, les propongo, como un divertimento, lo siguiente:

Armando Quintero Laplume Los amigos, ¿pueden contarme el cuento que ven? Me encantaría.



Texto: Armando Quintero Laplume / Fotografías y montaje: Freddy La cruz Moreno