Clarissa, la vaca azul

Clarissa, la vaca azul
paseando por el campo

martes, 11 de octubre de 2011

Otros mansajes recibidos por nuestros aniversarios

Caricatura de Armando Quintero narrando. Ilustración de Ray

Un día como hoy, a las 2 de la tarde, en la biblioteca del Parque del Este Rómulo Betancourt, con el maravilloso apoyo de su Directora de esos años Luisa Mercedes Salazar de Camilli, nació la agrupación Cuentos de la Vaca Azul. ¡Alegría! Para esa presentación inicial cantó sus canciones latinoamaricanas la compositora paraguaya Nanni Barret. Narraron "Los abuelos de los cuentacuentos" Blanca Graciela Arias de Caballero y Luis Luksic , con el fundador del grupo, Armando Quintero Laplume. Fue un domingo maravilloso que ha resultado inolvidable para muchos niños, jóvenes y adultos de aquel momento. Y se ha mantenido en el recuerdo y, sobre todo, en el corazón de muchos. Es una sorpresa constante cuando, muchos niños de aquel momento, nos acercan a sus hijos para continuar compartiendo cuentos. Y los jóvenes y mayores, a sus nietos. ¡Vivan las palabras!

Palabras de Liliana Bonel (narradora oral argentina)
¡Felicidades queridos amigos, ojal{a pudiera estar all{i y compartir con uds los festejos!!! un gran abrazo desde la pampa bonaerense.

Palabras de Teresita Bustos (narradora mexicana)
¡¡¡¡¡¡ FELICIDADEEEEEEEEEESSS !!!!!!! ... Desde Monterrey, N. L., reciban mis sinceros deseos para que esta importante celebración se lleve a cabo con gran éxito... un cálido abrazo para todos ustedes de una Tejedora de Imágenes Regiomontana...
Palabras de Rafael Rodríguez Calcaño (de Playco)
 Esa vaca es voladora!!!

Palabras de Serenella Rosas Flunger (periodista)
Felicidades amigo querido !

Palabras de Rubén Rega (escritor, Director Teatral y periodista uruguayo, vivió muchos años en Caracas)
Gracias Armando, siempre extraño muchísimo Venezuela y mi bella Caracas, con todos mis amigos. Me contenta saber que has revitalizado los cuentos y te deseo el mayor de los éxitos. Lo mereces. Abrazote.

Palabras de Manuel García Méndez (cuentacuentos español)
Siento estar tan lejos y con tanta agua de por medio que no me es posible asistir. ¡FELICIDADES!

El cuento de la vaquita azul: Clarissa y el mar
Armando Quintero

Allá, después de la mar océano. Como a treinta y tres grados al sur. En un país pequeño que es como un corazón patas arriba. Allá vive Clarissa.
Clarissa sonríe bajo la sombra de un árbol y mira hacia el horizonte.
- Un lugar como éste no hay –piensa Clarissa.
La vista se le pierde por la llanura. Entre los pastos tiernos y frescos de tan verdes.

Allá donde vive Clarissa hay un río. Que para algunos es como muy pequeño para ser un río. Pero para todos es enorme por sus cuentos, poemas y canciones.
A veces Clarissa mira hacia los tres puentes que atraviesan el río de su mundo. Y piensa: - “Hay lugares en los que se nace para irse”.
Pero se queda allí como pasajera del tiempo. Y escucha entre sueños pasar los trenes.

Un día un pajarito se posó sobre su cabeza.
- Nuestro río tiene las olas grandes –dijo Clarissa por hablarle.
- Tan grandes como las del mar –dijo el pajarito.
Clarissa le dijo que no había visto nunca el mar. Y el pajarito le contó de las olas del mar y del sonido en sus playas. De los puertos, los barcos y veleros que llegan y se van.
- ¿Qué más? –preguntó Clarissa.

Y Clarissa oyó decir de las aguas del mar.
De su sabor salado lleno de peces, pulpos, calamares, camarones y de caracoles. De sus vientos y mareas.
- ¿Qué más? –volvió a preguntar Clarissa.

El pajarito miró los ojos de Clarissa y recordó la mirada de un marinero que andaba caminando tierra adentro, lejos del mar.
Y fue cuando le contó el encuentro de Odiseo con las sirenas.
Y ahí quedó Clarissa enamorada del mar.

- ¿Qué la pasa a ella? –se preguntaban las hermanas.
- ¿Qué bichito la ha picado? –se preguntaba su mamá.
- ¿Qué hace esa vaquita loca? –preguntó el toro rojo que la vio pasar. ¿Será contagioso?
- Espero que sí -pensó Clarissa.
Es que Clarissa, de sólo pensar en el mar, se colorea de azul.
Y cuando así le ocurre Clarissa se va a recorrer su mundo y el de los otros.
Y comienza a abrir puertas y ventanas para siempre en el corazón de todos.
Desde la ubre de sus cuentos, desde el piquito de su risa, desde el cielo claro de su regazo azul.