Clarissa, la vaca azul

Clarissa, la vaca azul
paseando por el campo

miércoles, 27 de julio de 2011

Las mil y una historias

Sherezade, la narradora de Las mil y una noches, consiguió que el sultán Shahriar quedara cautivo de sus historias y no ordenara matarla como al resto de sus esposas. Esto reafirma lo que dice la narradora uruguaya María Isabel Del Prete: “contar es encantar”.
“Todo niño, sin distinción de raza, idioma o religión, tiene derecho a escuchar los más hermosos cuentos de la tradición oral de los pueblos, especialmente aquellos que estimulen su imaginación y su capacidad crítica.” Artículo 1 de la Declaración de los Derechos del Niño a Escuchar Cuentos. Por Evelyn Aixalá
Los antecedentes de la narración oral como arte se sitúan en la antigua Grecia, con la figura del juglar, y en la península escandinava, con los poetas-guerreros vikingos. Pero mirando mucho más atrás en el tiempo, ya en la era primitiva, los nómadas consideraban que el narrador de cuentos tenía capacidades divinas. Obviamente hablamos siempre de narradores varones porque hasta Sherezade, la mujer no gozaba del privilegio de narrar públicamente. Sin embargo, seguramente muchas mujeres de aquellos tiempos sí eran narradoras en lo privado, acercando la palabra oral a sus hijos e hijas.
Nadie pone en duda que escuchar cuentos es importante en la formación integral del niño porque lo acerca al mundo y, sobre todo, al lenguaje, herramienta que le será indispensable para relacionarse con el entorno. Sin embargo, es bastante reciente la consideración de la narración oral infantil como un arte, tal y como lo son los conciertos de música o las obras de teatro.
En Uruguay, corría la década del 70 cuando Sylvia Puentes de Oyenard, fundadora de la Asociación Uruguaya de Literatura Infantil y Juvenil (A.U.L.I.) y del Club de narradores “Dora Pastoriza”, encontró en la sala de la Biblioteca del Instituto Interamericano del Niño un libro que hablaba de las asociaciones de contadores de cuentos en Estados Unidos (storytellers). Investigando descubrió que en Argentina, en el instituto SUMMA, Martha Salotti y Dora Pastoriza trabajaban en el tema. No dudó en contactarse con ellas por correo postal hasta que, finalmente, carta va carta viene, en 1985 Dora accedió a dar un curso de narración oral en Montevideo, y así nació el club de narradores orales que lleva su nombre.
Si bien Uruguay atesora grandes narradores desde mucho antes, como Paco Espínola, Juan José Morosoli o José María Obaldía, el oficio de narrador oral comenzó a desarrollarse recién en la década del 90. Del “Club Dora Pastoriza” salieron grandes narradoras como María Cristina Laluz, Isabel del Prete, Montserrat Di Lorenzi o Niré Collazo, esta última directora de la escuela de narración oral “Caszacuento”.

¿Cuál es la receta para ser un buen narrador?

Lo primero, dice Sylvia Puentes, es “vivir el cuento”. El narrador debe elegir una historia que le emocione y ponérsela en el cuerpo como quien se calza unos guantes. Es también fundamental encontrar la conexión afectiva con el público, una complicidad que haga que los oídos se abran. Para ello, Niré Collazo considera imprescindible “mirar a los ojos del otro”. Además, cuando el público son niños y niñas, la participación activa en la producción de la historia asegura muchas veces el éxito.
Narrar no es leer, no es acompañarse de las ilustraciones para mostrar lo que la palabra dice, sino conseguir que la voz, los gestos, la mirada y las pausas, hagan ver aquello que tan solo se oye.

Los beneficios de la narración oral

Escuchar historias despierta la emotividad, estimula la fantasía, ejercita la capacidad de concentración, enseña a escuchar y es una puerta de entrada a la lectura, entre muchos otros beneficios.
Por eso, desde bien chiquitos, es importante compartir historias con nuestros hijos y ver el brillo de la curiosidad en sus ojos. Quizás, como decía la educadora y escritora argentina Martha Salotti, lo que esa luz nos muestra es que el alma está siendo liberada.

Narración oral en Uruguay

En Uruguay existen distintas instituciones y grupos que trabajan la narración oral, algunos formando narradores, otros llevando la magia de los cuentos a distintos puntos del país.
El “Club de narradores Dora Pastoriza” fue, durante años, el único lugar que formaba narradores y otorgaba un título. Sus narradoras llevan sus historias principalmente a hospitales y escuelas, y se sienten muy orgullosas de que en los programas de algunos centros se haya incluido, con gran éxito, el “Club de Narradores de Niños”.
“Caszacuento” es una escuela de narración oral con sede en el Teatro Solís dirigida por Niré Collazo. Imparte un curso anual de abril a noviembre cuyo título habilita a narrar en escuelas, teatros, cárceles, hospitales, ferias, etc.
Los terceros sábados de cada mes, a las once de la mañana, se cuentan cuentos para toda la familia en el Solís, con entrada gratuita.
En la “Alianza Francesa” hay un taller de narración oral para niños y niñas cada último sábado del mes. La entrada es libre y es de 11:00 a 12:30.
El grupo Cuenta Conmigo también ofrece talleres de acercamiento a la narración oral con jóvenes y niños, y cuentan cuentos en bibliotecas públicas y privadas, hospitales y residencias de ancianos.
Por último, el “Centro Cultural de España” incluye a menudo en su programa sesiones de cuentacuentos y talleres de narración oral.
Para aquellos que quieran adentrarse en el mundo de la narración oral, les dejamos con dos cuentos del escritor y narrador Armando Quintero, uruguayo radicado en Venezuela desde 1978 y uno de los mejores cuentacuentos actuales.

Zorro

En un bosque vivía un zorro que, antes de irse a dormir, le daba el besito de las buenas noches a toda liebre que se encontraba en su camino.
Al comienzo, faltaba más, las liebres se asustaban. Unas salían corriendo. Algunas, apenas si se movían, aterradas. Otras, llegaban hasta quedar blancas como un conejo ?pobres y tristes liebres? del solo miedo. Luego se fueron acostumbrando y, agradecidas, se alimentaban mucho mejor durante los días sucesivos.
¿Astucia de zorro? ?preguntarán ustedes?. ¿Estaría loco? ¿Era un zorro tonto? ¿Despreciaba a los de su especie? Y, ¿si fuera vegetariano?
De verdad, verdad, no me sé el final de esta historia, sólo su comienzo. Tampoco me interesa: ¡ahí la dejo!
En: http://www.letralia.com/108/letras14.htm

Temor de lobito

El sol brillaba en un cielo. Loba Abuela entró en la guarida y preguntó:
- Lobo Chiquitito, ¿has visto qué tarde? Estupenda para jugar en el bosque.
- Ya lo sé.
-Entonces, ¿qué haces ahí medio escondido?
-Medio escondido, no. Escondido. ¿Piensas que voy a salir a jugar en una tarde así? ¡Ni loco! ¡Seguro que el bosque está lleno de niños!
En: Un lugar en el bosque (Kalandraka, Galicia, 2003)
Tomado de la Revista Sala de Espera de Uruguay  MIÉRCOLES, 13 DE JULIO DE 2011 08:34 SENTIDOS RINCON INFANTI