Clarissa, la vaca azul

Clarissa, la vaca azul
paseando por el campo

viernes, 25 de abril de 2014

Otra pregunta que me hicieron


Desde su perspectiva, ¿cómo se diferencian cuento y leyenda?

            La actriz y narradora oral argentina Ana Padovani nos aproxima a la respuesta en su libro Contar cuentos pues nos da unos elementos precisos para diferenciar cuentos y leyenda. Citaremos sus palabras para ambos términos y,  al comentarlas, estableceremos las diferencias.
                        Entre las numerosas definiciones de “cuento” tomaremos una que           corresponde ampliamente a la noción utilizable para la narración oral. Pertenece a un gran estudioso e investigador del tema, Enrique Anderson Imbert:

                                   El cuento es una ficción en prosa, breve, pero con un desarrollo tan formal                  que, desde el principio, consiste en satisfacer de alguna manera un urgente sentido de finalidad (Anderson Imbert, 1979, pág.52)

                        Así, vemos que deberá tener la dosis suficiente de intriga y seducción como       para no poder suspender su lectura y, en este caso, su escucha. (Padovani, 2002, pág. 32)

            Unas pocas páginas antes, al referirse a la leyenda, Padovani apunta:

                        Se trata de hechos fantásticos pero desarrollados a partir de un momento,          lugar o circunstancias determinados. Están ligadas al tema de las creencias. Así como los cuentos tienen una función fundamentalmente lúdica, las leyendas tienen  por finalidad dar una explicación o un esclarecimiento. Parten de hechos puntuales en el tiempo y en el espacio a los que se les da una dimensión irreal o fantástica. (Padovani, 2002, pág. 27)

            En la respuesta a la pregunta anterior, si leemos con cierta atención, ya están señaladas algunas diferencias. Pero precisemos detalles sobre ellas.
            La leyenda está basada en situaciones ubicadas en un tiempo y un lugar determinado, narra situaciones con una relativa o acertada precisión histórica que, aunque nos lleven a darles una dimensión irreal o fantástica, no desconocen esas raíces. El cuento no necesariamente parte de hechos puntuales en el tiempo y en el espacio, ni nos lleva a una dimensión irreal o fantástica. Y cuando lo hace es con la seguridad de convencernos de ello, de convencernos de su veracidad, de hacer creíble hasta lo imaginado: que las alfombras vuelen, las lámparas tengan genios encerrados y las cuevas abran sus puertas a los mandatos de una voz que pronuncia palabras claves, tanto como que existan dragones, brujas, duendes y hasta pequeños unicornios azules con alas que quepan en la mano de cualquier ser humano que los atrapa, sobre su cabeza, en su vuelo y por mera casualidad.

            Las funciones de ambos son diferentes. El cuento, además de lúdico, divierte y seduce. Su función primordial no es moralizar o educar. La leyenda, no. Precisemos sobre ello. En la actualidad, ¿a quién le atrae un cuento cuya razón de existencia es para dar valores morales o educativos explícitos? Todos sabemos, en mayor o menor grado, que ningún cuento es inocente, que dentro de él hay valores, enseñanzas, pero todos exigimos que nunca se le note las costuras, que tenga un vestido o un traje muy atractivo y, sobre todo, de calidad narrativa.

Texto: Armando Quintero, a partir de una pregunta de David Venegas Quintero / Foto: GOOGLE