Clarissa, la vaca azul

Clarissa, la vaca azul
paseando por el campo

domingo, 21 de abril de 2013

Un hombre grande que siempre fue niño. Un comentario sobre La alegría de querer de Jairo Aníbal Niño

Una excelente foto tomada de Google que puede muy bien ilustrar a la posía del autor.




Sobre Jairo Aníbal Niño o ¿Qué importa en una biografía?

            ¿Importa si este autor nació en Moniquirá, Boyacá, Colombia, 5 de septiembre de 1941? ¿Importa si fue un prolífero escritor que publicó como unos cuarenta libros? ¿O sí se dedicó a la literatura infantil y juvenil, área en la que nos brindó algunas de las obras más significativas de nuestro continente a pesar de no creer en ella sino en La Literatura y, que cultivó la narrativa para adultos, la poesía y, sobre todo, el teatro?

Foto tomada de El Tiempo de Bogotá. Ilustró la nota de Celso Román publicada el 05/09/2010

            ¿Importa si al abandonar los estudios, que había iniciado en Bucaramanga, se dedicó al dibujo y a la pintura?  ¿Importa si formó parte del grupo artístico La Mancha y que a finales de los años 70 se volcó al teatro como actor, director y titiritero? ¿Si se integró a grupos teatrales de protesta y al Teatro Libre de Bogotá?
            ¿Importa si su producción dramática abordó temas relacionados con los conflictos de la sociedad colombiana de su juventud desde perspectivas críticas y muy sarcásticas? ¿Importa que sus piezas dramáticas más importantes hayan sido representadas en diversos países latinoamericanos y europeos, como Las bodas de lata o el baile de los arzobispos (1968), El monte calvo (1975), Los inquilinos de la ira (1975) y La madriguera (1979) y Efraín González (1980)? ¿Importa si publicó diversos libros de relatos breves como Puro pueblo (1977), Toda la vida (1979) y Crónicas del Quinto Viaje? ¿O si, en el campo de la literatura infantil y juvenil, haya que destacar títulos como Zoro (1977), De las alas caracolí (1985), La alegría de querer (1968), Los papeles de Miguela o Preguntario(1989)?    
            Lo que importa es que era un ser que creía y pregonaba la condición alada de los humanos que se elevó la madrugada del 30 de agosto de 2010 en Bogotá. Y que, al conocerlo, siempre apreciamos el sentirlo como un hermano del corazón.

            Sobre La alegría de querer de Jairo Aníbal Niño
            De Jairo Aníbal Niño uno aprendió muchas cosas: desde tener una casa, como la tenía mi abuelo del corazón,  cuyas paredes no eran de ladrillos sino de libros, hasta asumir a la ternura y el  humor como respuestas a las diversas formas de la violencia. De Jairo Aníbal  Niño, sobre todo, uno aprendió a abordar la realidad cotidiana desde el lado  poético de la misma: aún en aquellos instantes en que pudiera ser demasiado cotidiana, muy común, posiblemente vulgar. Y aprendió, sobre todo, a dejar de ser un adulto y a sentir todo como lo siente un niño,  tanto en lo sensorial como en lo sentimental. Más aún, a comportarse como un niño, a ser un niño. Y hasta, es seguro, con esa mirada que pondría el caballo que era bien bonito. Esa en la que, Aquiles Nazoa con su hermana Elba, viajaban a la escuela de sus siete años “cuando él –el caballito- miraba para allá”.
            No es porque si que hemos retomado -y hasta retocado- un fragmento de la  Vivencia II que escribiéramos hace varios años en nuestro texto ¿Quieres contar cuentos? (Quintero, 2005). Como tampoco es porque sí que tomemos estas palabras que Celso Román, su doble compadre y amigo, dijera para El Tiempo de Bogotá ante su vuelo hacia los espacios alados donde habitan “todos los poetas que en el mundo han sido”:
                        Con su obra nos invitó a soñar pero a la vez a ser críticos con esta sociedad indigna, pues en sus fibras más íntimas siempre fue un rebelde, un revolucionario que jamás transigió con la injusticia. Desde su infancia en Moniquirá –tierra de tumes y bocadillos de guayaba- estuvo en contacto con la violencia que desplazó a su familia paterna, obligándolo a una vida de rebusque como cuentero, teatrero, titiritero, gitano, ayudante de bus y marinero en el Amazonas: su vida era como un libro de Emilio Salgari, su corazón desde la adolescencia escribía un cuento de aventuras. (Román, 2010)
            Fue un libro inesperado para su época y tiene una vigencia sorprendente. No es para menos. Partamos de una realidad concreta: aborda un tema clave, el del amor, pero desde la óptica de los niños en edad escolar. Además, como género literario no podemos limitarlo. ¿Son poemas en versos libres o cuentos breves? Sin dudas, son textos de mucha poesía pero, además, muy narrables oralmente y desde 1990 son parte del repertorio básico de nuestras agrupaciones.
            Desde la dedicatoria -Al primer amor- sabemos de qué tratarán cada uno de estos cuentos  breves, estos poemas o, si pudiéramos clasificarlos de alguna manera, estos pequeños cuentos poéticos.
            Desde ese inicio sabemos quiénes son sus protagonistas principales: nada más, ni nada menos, que niños al regreso del colegio, en sus casas, en las aulas o en los recreos. Niños ante la timidez  que implica el descubrir ese maravilloso más que mundo, universo nuevo, que es el amor. 
            Y el de descubrir todo ese universo de sensaciones y sentimientos, de sorpresas -y de cambios- que conlleva conocerlo y reconocerlo. Así como, por supuesto, conocer y reconocer al desamor, al abandono, al ser ignorado por el otro o, al simple detalle, de no atreverse a manifestarse ante el otro. Tanto como al rechazo y hasta a los celos. O, el conocer y reconocer el amor a la maestra, en el caso de los niños. O, al profesor en el caso de las niñas. Y hasta el enamorarse  del compañerito o compañerita de aula.
            Como también, y a partir de estos descubrimientos, asumir a las materias de aula desde otro ángulo: el que le da un nuevo significado al estar tocadas por el amor. Así notamos en cómo está vista la Geografía en Colombia; la Aritmética en 1 X 1 o en Ayer por primera vez; la Biología, mejor diríamos, la Botánica en Después de nuestra visita; y hasta la Música, en Lección de música.
            Son textos cargados de mucha ternura. Tanta que, varias veces y entre los corrillos de algunos intelectuales de Bogotá y otros lugares, escuchamos un comentario que pretendía ser una desvalorización del éxito obtenido por el autor con esta obra. Y era dicho con mucha sorna: Jairo Almíbar Niño. Cierto. Duela a quien duela es un libro y un autor, que empalagan de amor.  Nada más pertinente que culminar este comentario, transcribiendo otro fragmento del texto de Celso Román. El ya citado con anterioridad, la nota de El Tiempo de Bogotá:
            En un país tradicionalmente machista, Jairo Aníbal redescubrió la ternura, y es por eso que hoy varias generaciones de niños lo llevan en el corazón, los adolescentes aprendieron a declarar su amor, e innumerables parejas se casaron gracias a su “Alegría de querer” y su “Preguntario”. Él nos contaba cómo alguna vez llegó a puerta un piloto de avión con los ojos  llenos de luz. Buscaba con afán al poeta, pues hacía una escala de apenas dos horas en Bogotá, mientras barrían el aeroplano, lo recargaban con combustible y energía para poder seguir errando por el mundo. Se había escapado del aeropuerto en un taxi que subió por la Avenida Eldorado hasta las faldas del cerro de Monserrate; ingenuo como los verdaderos enamorados-le dijo al conductor “no se me vaya a ir, que no me demoro”, subió las escaleras a la carrera y en su frente, bajo el quepis de capitán de las altas nubes, brillaban perlas de sudor que más bien parecían diamantes diminutos.
            - “Maestro, -le dijo a Jairo Aníbal- por favor, fírmeme este libro suyo, que con él enamoré a la mujer que va a ser mi esposa, y ella no me cree que somos amigos”
            - “Con mucho gusto, Capitán, si hemos sido amigos toda la vida, aunque sea la primera vez que nos veamos”, le dijo el poeta, le firmó el libro, le dio un abrazo, y él retornó a la carrera al aeropuerto. Cuarenta minutos más tarde, Jairo Aníbal, desde la atalaya de su apartamento vio un avión que lo saludaba balanceando las alas en el cielo de Bogotá. Le dijo adiós con la mano, pues su sueño secreto siempre fue ser aviador.
(Román, 2010)

 Bibliografía

·                    Para la Biografía del autor
Información obtenida en Wikipedia:
Información obtenida en Biografías y Vidas:

·                    Para la obra a promocionar

Niño, Jairo Aníbal: La alegría de querer. Panamericana Editorial Ltda., ilustraciones de Patricia Acosta. Primera edición., Bogotá, Colombia, 1997

Quintero Laplume, Armando: Vivencia II, del Capítulo 13: Vivencias, recuerdos y recetas, en ¿Quieres contar cuentos? Documento de Analítica. Com  publicado el 1º de abril de 2005 http://www.analitica.com/media/3183637.pdf

Román, Celso: Cosquilla a los ángeles. Perfil de Jairo Aníbal Niño para el cuadernillo Domingo a Domingo de El Tiempo de Bogotá publicado el 05/09/2010. Tomada del blog  de Armando Quintero Cuentos de la Vaca Azul:

Trabajo Individual de Escritura y Exposición realizado por Armando Quintero Laplume para el Diplomado en Promoción de la Lectura y de la Escritura. Módulo II: Libros y Lectura de la Profesora Jufany Toledo.