Clarissa, la vaca azul

Clarissa, la vaca azul
paseando por el campo

sábado, 27 de agosto de 2011

Una nota para compartir: FELISBERTO EN TREINTA Y TRES



Para Armando, a quien escuché por primera vez hablar de Felisberto Hernández

Y de pronto veo a Felisberto, en el Cine Teatro Municipal, poniéndole música a una película de un señor con cara de caballo que nunca se reía, pero que a los espectadores les causaba mucha gracia. Creo que ese señor distraído y absurdo, de rostro impasible, no era otro que Búster Keaton, pero no puedo asegurarlo, ya que en ese entonces yo aún no había nacido, motivo por el cual no puedo darme cuenta cómo es que ahora veo esa escena como si fuera un recuerdo propio. Por las mismas razones, no puedo afirmar que el piano en el que Felisberto tocaba fuera el piano que había llegado al puerto de Montevideo en el barco “Tacoma” y que don Carlos Hontou Aguiar lograra desviar de su destino, adquiriéndolo para la ciudad de Treinta y Tres, y que ahora, pasada la moda en que todas las señoritas distinguidas del pueblo tenían que aprender a tocar el piano, mas que piano es una reliquia. Pero aunque no puedo afirmarlo, estoy extrañamente seguro de que era ése porque, por alguna razón que se me escapa, un piano con esa historia tenía que coincidir un día con la presencia, un tanto fantasmagórica y a la vez humorística, de Búster Keaton y de Felisberto Hernández en Treinta y Tres. Ocurrencias que uno tiene acerca de un tiempo anterior al tiempo de su propia existencia, y que después se presentan de este modo, como si uno mismo fuera parte de ello, y en el que los territorios de la memoria se confunden un poco con los de la imaginación. No sé si aquel señor flaco que tocaba el piano, vestido de negro y con corbatita de moño, de aire sonámbulesco, tenía algo que ver con el señor que en la pantalla cometía tantos desatinos y causaba tantos estragos sin que se le moviera un pelo ni se le dibujara una sonrisa en su cara de palo, pero lo cierto es que yo los veo -aunque repito: no sé como podría verlos si por esa época yo ni siquiera tenía intenciones de nacer- unidos por los acordes del piano: el blanco y negro del teclado persiguiendo las mudas piruetas de las sombras que cobraban vida en la pantalla.
Asimismo, más adelante veo a Felisberto (cuando ya había decidido que lo suyo era la escritura), escribiendo en un cuarto en penumbras, en casa de su hermano a los fondos de la Escuela de Varones, aunque en ese momento yo estaba lejos de concurrir a dicha escuela porque tampoco en esos años había nacido. Pero como de esa escuela era director don Julio Macedo -que también era profesor de Literatura-, con quien Felisberto supo hacer algunas audiciones radio-literarias, no dudo que algo de esto me haya llegado a mí de manera inconsciente cuando era escolar, y ahora lo recuerde como si realmente lo hubiera visto desde el patio del recreo.
Y lo veo también, más o menos por esa época, en la casa de mi amigo Armando Quinteros -contador de cuentos, nacido en el mismo año en que yo nací pero al cual conocería ya pasada la adolescencia- escuchando juntos (clandestinamente, porque aquello no era recomendable para niños) al mismísimo Felisberto -un poco distinto porque ahora estaba bastante más grueso-, contando sus interminables anécdotas y chistes de los cuales poco entendíamos pero mucha gracia nos causaban. Me acuerdo del aroma crocante de las papas fritas, y será por eso que cuando veo una película de Búster Keaton me asaltan unas ganas enormes de comer papas fritas.

Muchos años después supe que, efectivamente, aquel retiro treintaitresino había sido, para Felisberto, extraordinariamente importante. Viajando por los caminos de la escritura hacia los tiempos de Clemente Colling había iniciado su viaje hacia adentro, en busca de su yo más secreto. Allí donde nacen el misterio y la poesía. Allí donde las cosas se unen de un modo y en un tiempo que ya no son los modos y el tiempo en el que transcurre nuestra existencia.

Bolívar Viana. Ceramista, escritor y educador uruguayo de Treinta y Tres del Olimar.


Sobre Felisberto Hernández se puede consultar los siguientes enlaces:


http://es.wikipedia.org/wiki/Felisberto_Hern%C3%A1ndez

http://www.felisberto.org.uy/

Dos cuentos de Felisberto Hernández: El cocodrilo y Muebles "El Canario".

 http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/hndz/cocodri.htm

http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/hndz/muebles.htm