Clarissa, la vaca azul

Clarissa, la vaca azul
paseando por el campo

lunes, 29 de agosto de 2011

Homenaje a Jairo Aníbal Niño: La alegría de narrar



"La alegría de querer" es uno de los libros más conocidos de Jairo Aníbal Niño. La alegría de narrar, se llamará la actividad de Armando Quintero y será un homenaje unipersonal a reconocido escritor, conversador, compadre y hermano del corazón cuyo nacimiento fue en Moniquirá, Colombia, el 5 de septiembre de 1941. Compartiremos algunas vivencias y anécdotas. Como, también, varios de los cuentos y poemas de sus numerosos libros. El 30 de agosto, estamos a un año del fallecimiento de alguien que fue muy querido en nuestro país, donde, en cada visita que realizó cosechaba siempre numerosos amigos.


Al hacer clic en la imagen se enlazará a un video donde J. A. N, comparte una pequeña historia 
y unas reflexiones sobre los educadores.

Domingo, 04 de septiembre. Hora: 11:30 - 12:30.
Librería Sopa de Letras. Calle Bachiller Rafael Rangel Sur Secadero 6, Sorokaima. 
Hacienda La Trinidad, Caracas, Venezuela. Telf. +58 (0) 212 941.9648 / 941.9688



(Vivencias I)

De Jairo Aníbal Niño uno aprende muchas cosas: desde tener una casa cuyas paredes no sean de ladrillos sino de libros, hasta asumir a la ternura y el humor como respuestas a las diversas formas de la violencia. De Jairo Aníbal Niño, sobre todo, uno aprende a abordar la realidad cotidiana desde el lado poético de la misma: aún en aquellos instantes en que pudiera ser demasiado cotidiana, muy común, posiblemente vulgar.
Compartíamos el IV Festival Iberoamericano de Narración Oral Escénica en Elche, Alicante, como habíamos compartido el de Madrid: con toda la fuerza de nuestras voces y todo el entusiasmo de nuestros cuerpos, llenos de nosotros y del hacer y decir de los otros.
Andábamos caminos – vivenciando la sencilla importancia de tantas calles cubiertas por el polvo de los siglos- cuando Jairo nos comenzó a hablar del unipersonal que estrenaría, ante el público del Festival, en noches siguientes. Quería que le acompañáramos a elegir, y nos proponía – gran honor, no tanto para su esposa Irene, por ser una práctica familiar, como para mí, al permitirme participar de ella – una serie de los temas que presenta en sus amorosas conversaciones.
Los tres pensamos en la importancia, para ese público, de su encuentro en un vuelo, con la risa, las miradas y la complicidad compartida con una niña que, descubrió, no era otra que la hermana desconocida de El Principito: vivencia de su viaje a Monterrey (México) y que fuera presentada en el Segundo Festival de Narración Oral Escénica, con toda la magia del ser y hacer de este Señor de la Palabra que se Dice.
En ese andar, distraídos y abstraídos, nos habíamos llegado a la plaza de Elche, con su fuente y sus palmeras, su Gran Teatro y sus jardines, su revuelo de pájaros, su bar, sus comercios, el conversar de su gente, sus vendedores callejeros y el juego de sus niños.
Y fue ahí cuando el silencio nació, cuánto duró no lo sabemos: frente a nosotros correteaba, como jugando con sus propios pasos, una niña de rubios y ensortijados cabellos. Pequeñita – tanto para poder pensar que disfrutaba de un correr que recientemente realizaba sola- vestía un abrigo largo y azul, similar en forma y en tono al dibujado por Saint Exupery para el personaje de su maravilloso libro. Todo no hubiera pasado de una feliz coincidencia: pero el lado poético de la vida va más allá de un nivel rudimentario.
Nuestro silencio creció cuando, ante nosotros, apareció una hoja que venía traída por el viento. Desprendida quién sabe de dónde – porque la plaza tiene palmeras y no árboles- giró, giró, giró hasta depositarse en los pies de la pequeña. Ella también había seguido su descenso sereno y sencillo. La cogió con un delicado gesto. Se acercó a la fuente, humedeció apenas la hoja en sus aguas y, con ella, refrescó una de sus acaloradas mejillas. Volvió a humedecerla, para realizar el mismo acto en la otra mejilla. Luego la soltó y siguió correteando...perdiéndose en medio de los otros, los niños y adultos, en ese jugar con sus propios pasos.
Nuestras miradas sorprendidas – la de Irene, la de Jairo, la mía- volvieron a encontrarse. Nuestro silencio permaneció unos segundos más, hasta estallar en abrazos y risas: ¿Qué podríamos decir ante La Aparición de la Principita?

Texto tomado de "¿Quieres contar cuentos?" de Armando Quintero Laplume.
Publicado por analítica y la Fundación Mendoza.